Negzzia, el nombre artístico bajo el que se presenta esta modelo iraní de 29 años, tiene claro que perseguir un sueño no es fácil. Posar desnuda le costó la persecución del Gobierno de su país, pero mantener su libertad en Europa ha sido más complicado y la ha obligado a dormir en las calles de París. Hasta la capital francesa se desplazó hace nueve meses y, aunque el pasado junio obtuvo el estatus de refugiada, asegura que por ahora no ha cambiado nada. Así lo revela en una reciente entrevista concedida a Efe, donde cuenta el calvario que ha vivido todo este tiempo. “Todos me iban echando de sus casas porque no me acostaba con ellos. Un día me decían que me amaban y como no funcionaba me recomendaban que me metiera en la prostitución”, narra la modelo.

Tras huir de Teherán, donde posar desnuda le hubiera costado 148 latigazos y le habían amenazado incluso con pena de cárcel, viajó a Estambul. Allí trabajó un año como modelo, pero el conservadurismo también se impuso. “Me teñí el pelo de rojo y la gente me gritaba por la calle. Las mujeres eran las peores, una incluso me mordió”, revela.

Pensó que la sociedad francesa estaba mucho más abierta de mente, y cuando decidió trasladarse allí descubrió que se adentraba en un mundo muy sexualizado. «Un tipo me dijo que me iba a ayudar. Llegó el visado y me llamó diciendo que todo estaba preparado. ‘Ya están los billetes, pero la primera semana quiero alquilar una habitación preciosa enfrente de la Torre Eiffel. Tú y yo, pasando una semana maravillosa juntos», recuerda que le dijo. “Nunca en mi vida me acostaría con alguien a cambio del éxito. Le dije que no, que si quería ayudarme que lo hiciera pero que no quería pasar una semana romántica con él. Me dijo ‘vale, pues no hay trabajo’, y me bloqueó», explica.

Harta de las proposiciones indecentes que recibía por todas partes y debido a que sus únicos ahorros con los que llegó a París en octubre de 2018  –unos 5.000 euros– iban disminuyendo, Negzzia se vio de la noche a la mañana sin familia, sin amigos y viviendo en la calle. «La primera noche en la calle fue muy dura, pero por dentro me sentí mucho mejor», recuerda.

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Con solo una maleta y una bolsa como equipaje, la modelo ha dormido durante varias semanas en bancos, bajo la protección de otras personas sin hogar y dejando sus pertenencias en hoteles cuyo personal se ha apiadado de ella. Llegó a París confiando en encontrar trabajo gracias a las agencias, pero la falta de sus papeles de residencia y aclarar que era refugiada cada vez que le preguntaban le cerró muchas puertas. Según cuenta en la entrevista a Efe, dedicó parte de la ayuda de los 400 euros al mes que recibe por parte del Estado francés para apuntarse al gimnasio y mantener el físico que es su pasaporte al trabajo. Allí fue donde hizo encontró amigos que le ofrecen asilo y comida desinteresadamente y le han ayudado a dejar de lado pensamientos negativos. “Me han llegado a proponer que sea stripper o prostituta. He tenido la tentación de suicidarme tres veces en París, de lanzarme debajo de un metro», explicó en otra entrevista con Le Parisien hace unos meses.

Con su perfil de Instagram, donde acumula 127.000 seguidores, como única tarjeta de presentación, la modelo iraní sigue luchando por conseguir su sueño. «Es mi cuerpo, sé quién soy y sé cómo vivo y haré con mi cuerpo lo que quiera hacer (…) Estoy orgullosa de mí misma porque peleo por lo que quiero, porque no me vendí. Y sigo teniendo un sueño: Quiero demostrarme a mí misma y a la gente de mi alrededor que crecer no significa dejar de soñar». Ella no lo ha hecho y, según las publicaciones en sus redes sociales, poco a poco su trabajo va tomando forma y algunas agencias de modelos como The Models Factory o Martine’s Women ya están contando con ella.




Fuente: El Pais

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