Es un museo sin proyecto, pero con solar gratis en el eje museístico urbano más caro de España. Nadie sabe qué va a contar el anunciado Museo Judío, ni cómo se va a relacionar con el tejido del barrio, ni los presupuestos económicos que lo harán viable durante los próximos 50 años. Ni siquiera el alcalde José Luis Martínez-Almeida conoce qué va a ocurrir con los 3.000 metros cuadrados públicos que ha entregado a un organismo privado. “La Fundación Hispanojudía tiene que presentar un expediente completo, en el que se incluye desde luego sobre el proyecto cultural”, asegura el equipo del alcalde. No tienen plazo para presentarlo, pero será valorado por una comisión “que no está aún formada”.

Vista exterior del Museo Sefardí de Toledo. EFE

Los contenidos del futuro museo podrían coincidir con los expuestos en el Museo Sefardí desde los años sesenta, que custodia una colección de 2.400 piezas —74 son cedidas por Israel—, en la espectacular sinagoga del Tránsito. Además, es el segundo más taquillero de la veintena que gestiona el Ministerio de Cultura, con 330.250 visitantes al año. Solo es superado por el Museo Arqueológico Nacional (MAN), con medio millón de entradas repartidas. Muy por detrás queda el Museo Sorolla (con 251.000) e incluso el Museo del Greco —también en Toledo—, con 236.681. Es un éxito.

“No tenemos competencia, el Museo Sefardí solo puede verse en Toledo”, declara Teodoro García (PSOE), concejal de Cultura, Educación y Patrimonio Histórico de Toledo. No conoce nada del proyecto madrileño, “pero el liderato de nuestro museo en la divulgación de la comunidad judía, que además es público. La propia sinagoga es el edificio hispanojudío más importante de España y mejor conservado del mundo. Madrid no puede contar con esta ventaja”, asegura.

“Este museo es el fruto de la labor científica de muchos años”, apunta Carmen Álvarez, conservadora del Museo Sefardí. La colección cuenta la historia del pueblo judío en España, desde los vestigios arqueológicos a la actualidad, para “romper con el desconocimiento”. Supuestamente el Museo Judío de Madrid hará lo mismo, según ha divulgado la Fundación Hispanojudía. Para Álvarez el éxito de este museo nacional se debe a la ubicación en la judería, a la declaración de Patrimonio de la Humanidad y al edificio mudéjar. “Nuestro marco cultural es imbatible”, explica. La mitad de su público es español y el internacional llega a la ciudad, desde Madrid, en busca de sus raíces.

Ni el Ayuntamiento y la Corporación conocen el hecho cultural que se pretende para el espacio cedido, pero tampoco la comunidad judía. Isaac Querub, presidente de la Federación de Comunidades Judías, y León Benelbas, presidente de la Comunidad Judía de Madrid, aseguran que ignoran el proyecto que ha sido otorgado a una fundación privada, pero aprecian que el Ayuntamiento desee promover su historia. “Si bien estamos muy satisfechos con la promoción que ya hacen tanto el Museo Sefardí de Toledo, como el Centro Sefarad-Israel”, cierra filas Querub. “Nos hubiese encantado conocer el proyecto. No podemos saber cómo va a influir en la difusión del legado sefardí, porque no conocemos su contenido”, aclaran desde el Centro Sefarad-Israel, que trabaja desde el año 2006 por la difusión de la cultura judía y sefardí.

Valorar necesidades

¿Es esta la forma habitual de proceder para levantar un museo privado en suelo público? “Para nada. Es un escándalo: primero hay que ver cuáles son las necesidades de los vecinos de la zona, luego se hace un plan director con la misión del museo, se valora, se aprueba y se construye”, explica Daniel Castillejo, vicepresidente del Instituto de Arte Contemporáneo (IAC), asociación que se dedica a la aplicación de las buenas prácticas en la gestión de los museos. Y en este caso, apunta Castillejo —con amplia experiencia en la elaboración de museos para las administraciones— “las buenas prácticas brillan por su total ausencia, es una idea caciquil de la cultura”.

Mar Espinar, concejala y portavoz del PSOE en el ayuntamiento madrileño, define la operación de Almeida como “un despropósito”. “Ha regalado a una entidad privada un terreno que necesitan las vecinas, sin que nadie de la Corporación haya sido informada”, añade.Jorge García Castaño, concejal de Más Madrid, cree que la Casa Sefarad debe participar en el proyecto, que debe ser reubicado en otro lugar.

El Hermitage de Barcelona, un “método ejemplar”

El proceso iniciado por el Ayuntamiento de Madrid es comparable con el desarrollado por el de Barcelona ante la franquicia del prestigioso Museo del Hermitage. El Ejecutivo de Ada Colau reclamó hasta cuatro informes para valorar la idoneidad del proyecto. Todos consideraron que no se daban los requisitos de movilidad, urbanísticos, económicos ni culturales.

Daniel Castillejo, del IAC, lamenta la falta de transparencia con la que está actuando el equipo de Martínez-Almeida: «Aunque ahora traten de mostrar que Barcelona ha actuado mal, ha sido un método ejemplar: abrir un museo es construir con seriedad y coherencia, no con impulsos políticos», añade. Andrea Levy, responsable del área de Cultura, se reunió la semana pasada con los responsables del museo ruso, que deben aclarar el proyecto que proponen y si pretenden hacer una nueva construcción o aprovecharán otra.

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Fuente: El Pais

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