Salud

La meditación también tiene su lado oscuro


La meditación se vende cada vez más como un tratamiento para enfermedades como el dolor, la depresión, el estrés y la adicción, y aunque muchas personas logran los objetivos terapéuticos, otros meditadores se encuentran con una gama mucho más amplia de experiencias –-a veces angustiosas e incluso perjudiciales-– a lo largo del camino, según un estudio que se publica en ‘Plos One’, informa Europa Press.

El estudio, realizado por el profesor Willoughby Britton, del Departamento de Psiquiatría y Comportamiento Humano en la Universidad de Brown, en Estados Unidos, y coautores categorizaron estas experiencias y los factores que influyen en ellas. Entre ellas, están hipersensibilidad a la luz o al sonido, cambios somáticos como insomnio o movimientos involuntarios del cuerpo, así como miedo, ansiedad, pánico o pérdida de emociones por completo.

«Muchos efectos de la meditación se conocen bien, como el aumento de la conciencia de los pensamientos y emociones, o la mejora de la calma y el bienestar», señala el autor principal del estudio Jared Lindahl, profesor asistente visitante en ‘Brown Cogut Center for the Humanities’. «Pero hay una gama mucho más amplia de experiencias posibles: exactamente cuáles son esas experiencias, cómo afectan a individuos y cuáles se presentan como difíciles se basan en una serie de factores personales, interpersonales y contextuales».

El estudio buscó a propósito experiencias «desafiantes» porque están subrepresentadas en la literatura científica, según los autores. Con ese objetivo, el análisis no se diseñó para estimar cuán comunes son esas experiencias entre todos los meditadores, sino con el propósito de proporcionar descripciones detalladas de las experiencias y comenzar a entender las múltiples formas en que se interpretan, por qué pueden ocurrir y qué hacen meditadores y maestros para lidiar con ellas Aunque rara en la literatura científica, la gama más amplia de efectos, incluyendo las dificultades relacionadas con la meditación, se han documentado en las tradiciones budistas, según los investigadores. Por ejemplo, los tibetanos se refieren a una amplia gama de experiencias –algunas dichosas, pero algunas dolorosas o inquietantes– como «nyams» y los budistas zen utilizan el término «maky?» para referirse a ciertos trastornos de la percepción. «Aunque los efectos positivos han hecho la transición de textos y tradiciones budistas a aplicaciones clínicas contemporáneas, el uso de la meditación para la salud y el bienestar ha tapado la gama más amplia de experiencias y propósitos tradicionalmente asociados con la meditación budista», dice Lindahl.

Para comprender la gama de experiencias encontradas entre los budistas occidentales que practican la meditación, entrevistaron a casi 100 meditadores y profesores de meditación de cada una de las tres tradiciones principales: Theravada, Zen y Tibetano. Cada entrevista reveló una historia, que los autores meticulosamente codificaron y analizaron usando metodología de investigación cualitativa.

Los científicos también emplearon métodos de evaluación de causalidad estandarizados que son utilizados por entidades como la agencia estadounidense del medicamento (FDA, por sus siglas en inglés) para asegurar que la meditación probablemente jugara un papel causal en las experiencias documentadas.

Sobre la base de sus entrevistas, los investigadores desarrollaron una taxonomía de 59 experiencias organizadas en siete tipos, o «dominios»: cognitivo, perceptivo, afectivo (emociones y estados de ánimo), somático (relacionado con el cuerpo), conativo (motivación o voluntad), sentido de sí mismo y social. También identificaron otras 26 categorías de «factores de influencia» o condiciones que pueden afectar a la intensidad, la duración o la angustia asociada o el deterioro.

Todos los meditadores declararon múltiples experiencias inesperadas de los siete dominios de la experiencia. Por ejemplo, una experiencia desafiante comúnmente reportada en el dominio perceptivo fue hipersensibilidad a la luz o al sonido, mientras que también se informaron de cambios somáticos, tales como insomnio o movimientos involuntarios del cuerpo. Experiencias emocionales desafiantes podían incluir miedo, ansiedad, pánico o una pérdida completa de emociones.

Britton señala que la duración de los efectos que las personas describieron en sus entrevistas también varió ampliamente, desde unos pocos días hasta meses o, incluso, más de una década. A veces las experiencias eran ostensiblemente deseables, como los sentimientos de solidaridad o unidad con los demás, pero algunos meditadores informaron de que iban demasiado lejos, duraban demasiado tiempo o se sentían violados, expuestos o desorientados.

Otros que tuvieron experiencias de meditación que sintieron como positivas durante los retiros informaron que la persistencia de estas experiencias interfirió con su capacidad para funcionar o trabajar cuando salieron del retiro y volvieron a la vida normal. «Este es un buen ejemplo de cómo un factor contextual puede afectar a la angustia

y el funcionamiento asociados –dice Lindahl–. Una experiencia positiva y deseable en una situación puede convertirse en una carga en otra».

Además, en algunos casos, una experiencia que algunos meditadores reportaron como desafiante, otros la consideraron positiva. Para entender por qué fue así, los investigadores también quisieron determinar los «factores de influencia» que afectan a la atracción, intensidad, duración e impacto de las experiencias.

Los investigadores documentaron cuatro dominios principales de factores que influyen: los relacionados con el profesional (es decir, las características personales del meditador), relacionados con la práctica (como la forma en que meditaron), las relaciones (factores interpersonales) y los comportamientos de salud (como dieta, sueño o ejercicio).

Por ejemplo, la relación de un meditador con el instructor fue para algunas personas una fuente de apoyo y para otros una fuente de angustia. Aunque muchos maestros mencionaron la intensidad de la práctica del meditador, la historia psiquiátrica o el historial de trauma y la calidad de la supervisión como importante, estos factores parecían jugar un papel sólo en algunos meditadores.

Los investigadores señalan que, en muchos casos, las experiencias desafiantes no podían atribuirse sólo a esos factores. «Los resultados también desafían otras atribuciones causales comunes, como la suposición de que las dificultades relacionadas con la meditación sólo suceden a individuos con un trastorno preexistente (historia psiquiátrica o traumática), que están en retiros largos o intensivos, que están mal supervisados, que están practicando incorrectamente la meditación o que tienen una preparación inadecuada», dicen.

En lugar de las causas concluyentes, Britton describe los factores de influencia que identificó en la investigación como «hipótesis comprobables» de lo que podría afectar a la trayectoria de un meditador. Por ejemplo, trabajos futuros podrían investigar si ciertos tipos de prácticas están asociadas con diferentes tipos de experiencias desafiantes o si el grado de apoyo social percibido influye en la duración de la angustia y el deterioro «Es probable que una interacción de múltiples factores esté en juego –dice Lindahl–. Cada meditador tenía su propia historia única».

Es importante reconocer que este estudio representa un paso inicial en una discusión e investigación mucho más larga. Britton afirma: «El mensaje que hay que llevarse a casa es que los desafíos relacionados con la meditación son un tema digno de más investigación, ya que todavía hay mucho que saber». Por ejemplo, el estudio no analizó los desafíos relacionados con la meditación en el contexto de las intervenciones basadas en la atención plena, en niños o en poblaciones clínicas. EP




Fuente: La Razón

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