Dan Rather, el legendario presentador de CBS Evening News, lloró en directo el 28 de enero
de 1986 cuando se refirió a la noticia de que la lanzadera que propulsaba al Chal­lenger estalló durante el despegue en el cielo de Cabo Cañaveral, en Florida.

El accidente provocó la muerte instantánea de sus ocho tripulantes, entre ellos Christa McAuliffe, una profesora de Concord, New Hampshire.

Rather se lamentaría unos días después de dos cosas. La primera, por supuesto, la muerte de los astronautas,
y segundo, por el hecho de que aquel lanzamiento del Challenger no fuera retransmitido en directo por ninguna gran cadena de televisión, incluida
la CBS. Rather pidió disculpas. Desde entonces todos los lanzamientos con astronautas han sido emitidos en di­recto.

Pero la verdad es que la carrera espacial parece no interesarle más que a unos pocos. Y es una lástima, porque es en el estudio del espacio donde están todas
y cada una de las dudas que, como humanos, sustentamos desde la noche
de los tiempos.

Ha sido sorprendente, por ejemplo, la poca atención que ha suscitado el alunizaje chino en la cara oculta de la Luna.

Sí, China plantó una bandera en la cara oculta del satélite y aquí en la Tierra no parece que se le haya dado la importancia de este nuevo paso para la humanidad, justo 50 años después del primer paseo lunar de Neil Armstrong.

El histórico alunizaje chino tuvo lugar a las 3.26 horas del pasado 2 de enero.
El robot Chang’e 4 alunizó a 186 kiló­metros de cráter Von Kármán. Allí, gracias a unos minúsculos y potentes leds hemos podido ver en nuestras pantallas terrícolas la imagen de la Luna. Los experimentos chinos ayudarán a conocer mejor la estructura, la formación y la evolución del satélite.

Desde la Nasa, Jim Bridenstine, el administrador de la agencia espacial, rápidamente envió un mensaje de feli­citación, pero poca cosa más.

La Luna es el primer paso hacia el infinito. Marte, la segunda estación de los humanos en su periplo espacial, está a 59 millones de kilómetros, cuando
su posición coincide con el perihelio,
la menor distancia al Sol de un planeta, cometa u objeto en su órbita elíptica alrededor de la gran estrella que nos
da vida.

La cara oculta de la Luna no es roja como hemos visto en las imágenes que ha facilitado China. Es el efecto de la luz de los robots. En la otra cara, la que pisaron Armstrong y Buzz Aldrin, la imagen era grisácea y blanca, por el efecto de la luz del Sol.

Aldrin comentó a este periodista hace tiempo que lo más sorprendente de estar en la Luna es el gran tamaño de la Tierra. El mundo al revés. Según el relato del astronauta, desde la Luna nuestro planeta se ve gigantesco. Además, desde
allí y desde la cara oculta de la Luna, todos los terrestres somos iguales. Y esa es la gran lección del espacio. Aunque divididos, somos una misma familia.




Fuente: LA Vanguardia

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