Desde la izquierda, Felipe Restrepo Pombo, María Fernanda Ampuero, Arelis Uribe y Wilmer Urrelo, el 3 de diciembre en la FIL de Guadalajara. Gladys Serrano El País

América Latina se ha echado a las calles para protestar contra la desigualdad, el machismo y la impunidad. La ecuatoriana María Fernanda Ampuero, el colombiano Felipe Restrepo Pombo, la chilena Arelis Uribe y el boliviano Wilmer Urrelo son ciudadanos de cuatro de los países en los que la protesta está siendo más radical. Invitados a la FIL de Guadalajara, los cuatro se sentaron a analizar para EL PAÍS la convulsa situación que se vive pese a la especificidad de cada uno de sus países.

Arelis Uribe. Hay puntos comunes en los estallidos en toda Latinoamérica. Otras veces ha pasado: si miramos la historia de las independencias vemos que ocurrieron en periodos parecidos.

Felipe Restrepo Pombo. Claramente se ha dado un efecto dominó, pero no en todos lados está siendo lo mismo.

María Fernanda Ampuero. En Ecuador hubo un intento de desestabilizar al Gobierno con infiltrados entre los manifestantes, pero más allá de eso hay una indignación genuina por la subida de la gasolina que provoca que todo aumente un 10% o 15%. Y la gente dijo a sus políticos: “No me cargues el transporte público, que tú no usas. Estoy harto de no llegar a fin de mes, vivir con deudas, que mis hijos nunca tengan una oportunidad frente a los tuyos”. Lo que pasa en América Latina se resume esa frase chilena: es el baile de los que sobran. Estamos bailando los que sobramos.

A.U. En Chile están torturando, violando, desaparece gente.

Wilmer Urrelo. En Bolivia es más complejo. Hubo un fraude electoral descarado y todo se derrumbó. Ya hay 38 muertos. Creo que no hubo golpe de Estado, hubo una insurrección popular con muchas cabezas. El partido de Evo está fracturado por dentro.

F.R.P. En Colombia el proceso de paz ha marcado estos años de una manera muy violenta. Ha polarizado la opinión pública y ha devuelto a la derecha al poder, con Iván Duque. Además pasó una reforma tributaria, que provocó este descontento ignorando a una clase más popular. Cuando se generó la disidencia de las FARC, empezaron otra vez acciones militares y uno de los bombardeos mató a 18 niños. El Gobierno lo ocultó y esto desencadenó una moción de censura y la renuncia del ministro de Defensa. Fue la gota que derramó el vaso. Hubo un paro nacional y la respuesta del Gobierno fue militarizar las ciudades desde el primer día diciendo que la izquierda agitaba esa manifestación. Hasta puntos delirantes como el expresidente Pastrana, que dijo que todo estaba siendo orquestado por Santos y Timochenko desde la FIL.

A. U. Además de la desigualdad, hay otro elemento común que tiene que ver con un vacío, hay una crisis tan grande que la institucionalidad empieza a disolverse y emerge el miedo a la guerra civil. Es una batalla entre una institucionalidad moribunda y una calle cada vez más enardecida. Y no hay líderes.

M.F.A. Lo que se ha llamado paz en Latinoamérica por 500 años es que pobres, indígenas y clases trabajadoras estén callados. Y solo hablen los hombres.

Pregunta. El feminismo sería otro punto en común.

M.F.A. En Ecuador tenemos una ministra del Interior. Es muy criticada. La llaman fascista. Pero a pesar de todo lo que se destruyó no sacó a los tanques como sí creo, perdón, que hubiera hecho un hombre. No cayó en esa cosa visceral de “los matamos ahorita”. Respiró y se lo pensó.

F.R.P. En Colombia las más poderosas después de Duque son tres mujeres y las tres han sido tremendamente violentas. Sin embargo, quien mejor ha leído la situación es la nueva alcaldesa de Bogotá, Claudia López, que apoyó con inteligencia las reivindicaciones de la calle. Es el nuevo tipo de líderes que se necesita. Por supuesto, mujeres, pero no mujeres con mirada machista.

M.F.A. Una cosa linda de Ecuador es que el movimiento feminista nació del movimiento indígena. De la fuerza de las indígenas. No puede ser coincidencia que en se estén levantando todas las mujeres de Latinoamérica con un solo canto, el de Lastesis.

P. ¿La literatura está reflejando esa América convulsa?

F.R.P. Lleva años retratando el malestar. Esto es algo estructural. Y en la literatura ese telón de fondo siempre está ahí: la desigualdad, la violencia, el machismo.

Cuatro voces, la misma indignación

María Fernanda Ampuero. Guayaquil, Ecuador, 1976. Cronista y escritora, ha publicado en revistas de países como Ecuador, España, Italia, Brasil o México y es autora del libro de cuentos Pelea de gallos.

Felipe Restrepo Pombo. Bogotá, Colombia, 1978. Director de la revista Gatopardo y autor de la novela Formas de evasión y la biografía Francis Bacon: retrato de una pesadilla, formó parte de la selección Bogotá 39.

Arelis Uribe. Santiago de Chile, 1987. Colaboradora de la revista The Clinic, en 2016 publicó el libro de cuentos Quiltras y, un año más tarde, la recopilación de columnas de opinión Que explote todo.

Wilmer Urrelo.La Paz, Boliva, 1975. Autor de dos novelas policíacas, Mundo negro y Fantasmas asesinos, en 2012 recopiló sus cuentos en el volumen Todo el mundo cumple sus sueños menos yo.

P. ¿En qué libros?

F.R.P. En Colombia, los de Juan Gabriel Vásquez, Héctor Abad, Laura Restrepo o Santiago Gamboa.

M.F.A. Dentro de Latinoamérica también hay niveles y Ecuador es como el traspatio del traspatio. Vemos a los otros países con ilusión. Por eso, cuando llegó a mis manos un libro llamado Quiltras [de Uribe, sentada a su lado] dije: “Hijueputa, están tan jodidos como nosotros. ¡Esta gente, que es la Suiza de América! Otra novela importante para mí es La Virgen cabeza, de Gabriela Cabezón Cámara, argentina. De Argentina teníamos la idea de que todo va bien, pero vienen estas mujeres —Selva Almada, Mariana Enríquez, Samantha Schweblin— a decirnos que están en la mierda. Todo este movimiento de mujeres sí está contando una violencia que es social: el servicio doméstico, la relación con la naturaleza, con los indígenas, con la pobreza…

F.R.P. Otro libro revelador de eso es La perra, de Pilar Quintana. Habla de los rezagados, las mujeres violadas, la periferia…

W.U. Nosotros nos pasamos los noventa evitando hablar de Bolivia y de los problemas sociales. A partir del 2000, surgieron voces que revisitaban la historia del país y hablaban de la sociedad. En un libro como En el cuerpo una voz, de Maximiliano Barrientos, está el país fracturado, pero en general no es tan evidente.

M.F.A. Te voy a contradecir sobre Bolivia, perdona. Pienso en Magela Baudoin, Liliana Colanzi o Giovanna Rivero. Ya no es el momento de buscar en el realismo social el retrato de Latinoamérica. Ya no se trata de escribir El general en su laberinto. Mariana Enríquez utiliza el género fantástico y no he visto un retrato mejor del horror de la desigualdad.

A.U. La literatura chilena de los noventa era toda supercuca, como de los barrios altos, con los mismos problemas universales: se enamoraban, sufrían… Todo con apellido inglés y una enorme chimenea. Luego surgió una generación que narra el Chile de la clase media baja: Alejandro Zambra, Diego Zúñiga, Paulina Flores…. Bolaño se adelantó a eso y habla mucho de los suburbios, de la violencia en México, de los feminicidios. He escuchado mucho en esta feria, y me sorprende, el mito de que Chile tenía de todo. Qué mentira. No es que la gente pase hambre, es que come mierda, vive en casas que se caen a pedazos pero tiene un televisor gigante. Por eso ha sido tan importante el periodismo, el trabajo de una revista como The Clinic. O un libro como Los fusileros, de Juan Cristobal Peña, que narra cómo un grupo de guerrilleros urbanos no logró matar a Pinochet.

M.F.A. En Ecuador hay mucho exilio económico y anímico, pero a veces un país se cuenta mejor desde fuera. Mauro Javier Cárdenas escribió desde EE UU Los revolucionarios lo intentan de nuevo, sobre la decepción del correísmo.

A.U. La novela y la crónica tienen roles distintos. A veces siento que la ficción es un lujo y tienes que narrar lo que está pasando, decir: “Créelo, es verdad, vi a esta persona y esto le sucedió”.




Fuente: El Pais

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