Die Linke, el partido de la izquierda alemana ha ganado las elecciones regionales de este domingo en Turingia, en el Este de Alemania, donde ha quedado clara la tendencia a la fragmentación de un voto, que obligará a tejer difíciles alianzas, según las primeras proyecciones. La facción más radical de Alternativa por Alemania (Afd) ha obtenido un enorme respaldo electoral, en este rincón de la antigua republica Democrática alemana, doblando su resultado anterior. Casi uno de cada cuatro votantes habría elegido a la ultraderecha, encabezada en Turingia por su facción más ultra y con la que ningún partido está dispuesto a colaborar.

“Estoy muy orgulloso. Es un clara señal de que una gran parte de los votantes dice que no podemos continuar como hasta ahora […] todo el mundo debería tener en cuenta esta señal”, ha dicho tras conocer los resultados el candidato de Afd en Turingia, Björn Höcke. Afd habría logrado incluso un mejor resultado que el partido de centro-derecha (CDU) de la canciller, Angela Merkel, a pesar de haber sido Turingia un feudo durante décadas de los conservadores. Afd lograría un segundo puesto con un 24% de los votos frente al 22,5% que obtendría la CDU. Eso supondría una pérdida de cerca de once puntos porcentuales para el partido de la canciller Angela Merkel. Con un 8,5% de los votos, el SPD habría sufrido una nueva debacle, con una pérdida de cerca de cuatro puntos porcentuales. La gran coalición de Gobierno de Berlín vuelve a sufrir importantes pérdidas, que se suman a un desgaste acumulado durante los dos últimos años.

El hasta ahora jefe del Gobierno regional, Bodo Ramelow, cabeza de cartel de Die Linke, el partido a la izquierda de la socialdemocracia, ha sido como se esperaba el gran triunfador al obtener un 29,5% de los votos. La popularidad de Ramelow trasciende con creces la de su partido, que no cosecha ni de lejos éxitos semejantes a nivel nacional. Ramelow dirige desde hace cinco años una alianza con los socialdemócratas y verdes, que pese a los augurios catastrofistas, se ha mantenido estable.

Antiguo sindicalista, Ramelow, que procede del oeste, es sin embargo un político muy popular en el este. Su pragmatismo y capacidad de gestión ha sido reconocida de nuevo por los votantes. En el polo opuesto, se sitúa la ultraderecha de Björn Höcke, punta de lanza del sector más radical de AfD, con un discurso xenófobo y con el que relativiza los crímenes del Holocausto.

Der Flügel, como se autodenomina la facción ultra de Höcke disputa el poder al considerado sector más moderado de la extrema derecha alemana. El Ala va creciendo en presencia y asertividad en todo el país. Andreas Kalbitz, otro miembro destacado del movimiento, triunfó en las pasadas elecciones en Brandeburgo en septiembre. Hace nueve meses, los servicios secretos alemanes decretaron a El Ala “sospechosa” y desde entonces, el movimiento no ha hecho más que radicalizarse, según ha declarado recientemente a la prensa alemana el presidente de la Oficina para la Protección de la Constitución.

AfD entró en el Parlamento alemán en 2017 con un 12,6% de los votos, lo que le convirtió en el principal partido en la oposición. Desde entonces, su fuerza se ha estancado en el ámbito nacional, pero en el este duplica los resultados electorales del oeste. Las elecciones en Turingia han sido las últimas de la triada de este otoño en el este de Alemania y han demostrado que AfD ha sido capaz de capitalizar y explotar el descontento de una reunificación exitosa pero a la vez imperfecta.

Reunificación alemana

Los comicios se han celebrado dos semanas antes del 30 aniversario de la caída del muro de Berlín, que ha generado en los últimos meses un intenso debate sobre las causas de las frustraciones que anidan todavía en el este de Alemania. AfD se ha autoerigido defensor de los intereses de los ciudadanos del este, un mensaje con el que este domingo en Turingia ha vuelto a seducir a muchos.

Lo que los resultados de hoy también dejan claro de nuevo, es que como en otros Estados federados la fragmentación se acentúa y la gobernabilidad se complica. La fuerza de la extrema derecha, aislada como consecuencia de un férreo cordón sanitario, nacional, pero también regional y local, limita las posibles coaliciones de Gobierno. El fuerte apoyo a Die Linke, con quien los conservadores tampoco se plantean, al menos de momento, una coalición, reduce aún más las posibilidades aritméticas a la hora de forjar alianzas. Los resultados preliminares indican que hará falta una coalición de cuatro partidos para alcanzar una mayoría de gobierno u optar por gobernar en minoría.




Fuente: El Pais

A %d blogueros les gusta esto: