Imagen del juicio por la muerte de Diana Quer reflejada en un monitor de los juzgados de Santiago. En vídeo, los forenses concluyen que el Chicle estranguló a Diana con la brida pero no prueban agresión sexual. Óscar Corral | atlas

Escenas como la de este jueves pocas veces se ven en un juicio. Siete forenses y un matemático han protagonizado una extensa e intensa discusión sobre hipótesis del caso Diana Quer que son clave para probar, o no, esa violación que supondría para El Chicle una condena por asesinato con prisión permanente. La bomba, ante un jurado sorprendido, un juez contrariado y unos compañeros atónitos, la ha soltado José Blanco Pampín, el forense que dirigió, meses más tarde del funeral de Diana, una «revisión» de la verdadera autopsia. Poco después de empezar su exposición, Pampín ha comentado que en una fotografía había apreciado un «importante edema en los labios mayores» de la vagina, producido claramente en vida y «fijado en el tiempo» por las condiciones del pozo, que podría haber «tenido lugar en un acto sexual con maniobras intempestivas». Hasta esta mañana nadie sabía nada de esto. El propio médico no lo había recogido en su informe judicial. Y el magistrado, Ángel Pantín, le ha exigido molesto: «Esto merece una explicación, señor Pampín».

Por un lado, en la sala, se sentaban los tres médicos que se responsabilizaron de la auténtica autopsia del cadáver en el Imelga (Instituto de Medicina Legal de Galicia), entre ellos el que está considerado como uno de los mejores antropólogos forenses de España, Fernando Serrulla. Por otro, tres especialistas y un profesor de Matemáticas que trabajaron bajo el mando de José Blanco Pampín, jefe de Patología Forense del Imelga, autor de autopsias tan sonadas como la del caso Asunta y la de Ramón Sampedro. En el caso de la muerte de Diana, este equipo había llevado a cabo la «revisión» sobre el papel de la primera autopsia. Y también, con ayuda del matemático, un estudio estadístico sobre crímenes sexuales basado en el Teorema de Bayes que concluye que El Chicle violó a su víctima con un 99,999% de probabilidad.

El anuncio, llegado el juicio, de que en el cadáver había un supuesto edema (o hinchazón por exceso de líquido) en la vulva ha provocado el choque entre los sabios. Los forenses que examinaron directamente los restos mortales no lo vieron en su momento y no aceptan la teoría de Pampín. Para ellos, la hinchazón estaba «por todo el cadáver» y era consecuencia de la enorme cantidad de agua absorbida por los tejidos tras tanto tiempo en el pozo. «El tejido laxo de la vulva se llena más de agua que el del resto del cuerpo», ha explicado Fernando Serrulla, «es un fenómeno claramente posmortem», «en este caso, hasta los huesos rezumaban agua». «El edema es idéntico al que se aprecia en otras víctimas vivas», ha replicado Blanco Pampín, «su turgencia y su tumefacción indican que es un fenómeno vital y no lo he visto en ninguna otra parte del cadáver».

Otro elemento de controversia ha sido el de la causa de las lesiones cervicales que presentaba Diana Quer. Alberto Fernández Liste, Eines Monteagudo y Serrulla, los forenses que estudiaron directamente el cuerpo en todas sus capas, hasta la completa esqueletización por parte del último, constataron la rotura del hueso ioides (situado sobre la nuez) y «pequeños arrancamientos» en tres vértebras. Llegaron, como «hipótesis más razonable», a la conclusión de que esas lesiones se debían al estrangulamiento con una brida plástica como la que apareció abrazando la melena de la víctima de José Enrique Abuín. Sobre la mesa de autopsias, no hallaron ningún hematoma, fisura o desgarro en la zona genital que pudiese revelar una violación, pero tampoco ninguna prueba de lo contrario. El cadáver había perdido su capa más superficial. De tal manera que esas lesiones, de haberlas, después de 496 días de maceración bajo el agua del pozo, desaparecieron igual que lo hizo el tatuaje que tenía la muchacha. Razón por la que también el piercing apareció suelto entre el lodo del fondo.

El equipo de Pampín, sin embargo, ha defendido hoy que la brida rompió el ioides, pero que esas mínimas fracturas de las apófisis espinosas de las vértebras no se debieron al arma homicida. Para este grupo de médicos, estas «avulsiones» se produjeron por un fuerte «golpe» que supuestamente recibió la víctima en la zona cervical, quizás para ser aturdida. La acusación les ha preguntado si son lesiones compatibles con «una pata de cabra o un desmontable», la herramienta de hierro que llevaba siempre El Chicle en su coche para abrir depósitos y robar gasoil. Los médicos han contestado que cualquier «objeto contundente» hubiera valido.




Fuente: El Pais

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