Durante 92 minutos Neymar Júnior sobrevivió como un grande a la cascada de pitos que le dedicó su público en el Parque de los Príncipes. Pidiendo la pelota, mejorando la jugada en cada toque, asociándose a sus compañeros y aventurándose entre las líenas contrarias para hacer lo más difícil del fútbol, que es desmarcarse hacia arriba para desequilibrar en donde no hay tiempo ni de respirar. Inaccesible al tribunal popular que le sentenciaba, en el minuto 92 ahogó a sus detractores. Hizo el gol de la victoria. Un golazo. Revolviéndose para rematar de espaldas un centro que no habría podido interceptar de otro modo. Lo clavó de media chilena y doblegó a un pobre Racing de Estrasburgo que con lo mínimo estuvo a punto de sacar un empate de París. Así cerró Neymar el penúltimo capítulo de una carrera que él mismo ha convertido en un viaje desaforado.

PSG

EST

Estrasburgo

PSG

Keylor Navas, Colin Dagba (, min. 83), Layvin Kurzawa (Kimpembe, min. 70), Abdou Diallo, Thiago Silva, Neymar, Verratti, Sarabia (Ander Herrera, min. 70), Di María, Idrissa Gueye y Choupo-Moting (Icardi, min. 62).

Estrasburgo

Matz Sels, Mitrovic, Mohamed Simakan (Dmitri Lienard, min. 73), Lamine Kone, Alexander Djiku, Lionel Carole, Jeanricner Bellegarde, Ibrahima Sissoko, Lala, Adrien Thomasson (Prcic, min. 84) y Ludovic Ajorque (Mothiba, min. 77).

Amaury Delerue

Layvin Kurzawa (min. 47),
Verratti (min. 93),
Jeanricner Bellegarde (min. 44) y
Ludovic Ajorque (min. 70).

Caía la tarde sobre París. El sol se derramaba dulcemente sobre el distrito XVI y los habitantes de las mansiones de Passy, los viandantes del bosque de Boulogne, y los visitantes del museo Louis Vuitton permanecían felizmente ignorantes del drama que se desarrolla en el Parque de los Príncipes. Este sábado de finales del verano el fútbol parecía una cosa execrable, artificialmente incrustada en el corazón del barrio señorial, en donde se levanta el estadio del PSG, mole de hormigón, anomalía cultural, motivo de convocatoria de gente malhumorada que acudió al partido a quejarse. Los futboleros son los únicos infelices del distrito XVI porque, en su mayoría, no viven en el distrito XVI. Pero en su mayoría, en su amplia mayoría, pitaron a Neymar. No lo perdonaron. No hubo indulgencia en este hermoso sábado parisino, cuando el brasileño volvió a ponerse el uniforme del PSG después de más de 100 días de alejamiento, de huida, de motín, de casos policiales, de negociaciones desesperadas para salir del club que le paga 47 millones de euros netos por temporada, por todos los conceptos. Los hinchas del PSG fueron a ver el partido de Ligue 1 menos pendientes del duelo con el débil Estrasburgo que de juzgar al tránsfuga frustrado que, paradojas del juego, fue el mejor en la cancha.

La liga francesa es la menos competitiva de las seis mayores ligas europeas. Allí abundan los equipos como el Racing de Estrasburgo, laboratorios de estudios antropológicos, colecciones de atletas y malabaristas puestos a practicar el fútbol menos sofisticado del continente, organizaciones fallidas en donde predominan los espíritus distraídos, los jugadores sin formación táctica moderna, y, ante la duda, la acumulación defensiva y el pelotazo. Así juega este Racing que apenas sumaba tres puntos en cuatro jornadas. Así de mal está el PSG, que hasta pasado el minuto 90 no supo resolver el problema elemental que le planteó su adversario. El persistente empate a cero denunció una crisis de apariencia moral que si no se profundizó fue únicamente porque Keylor hizo dos paradas mano a mano con Ajorque.

La tensión de Keylor Navas, debutante tras su traspaso del Real Madrid en el último día del mercado, contrasta con el ambiente algo frívolo que le rodea. El PSG parece un equipo aburrido. Embotado en el tedio de la Ligue 1. Exhausto mentalmente después de un verano en el que lo único que parecía preocupar a la directiva era negociar una salida honorable de Neymar que finalmente no se produjo.

El Estrasburgo se protegió en su área con diez jugadores y el PSG se abocó a un asedio lánguido. Lesionados Cavani y Mbappé, en punta jugó Choupo-Moting. Por detrás, de derecha a izquierda, Di María, Neymar y Sarabia. Entre líneas, buscando el último pase, Neymar se expuso a la pitada. Desde que saltó al campo con el ceño fruncido, con aire funerario, la hinchada le pitó. Cada vez que recibió la pelota, cada vez que intentó un regate, cada vez que se arriesgó, que acertó, o que falló. Ni los pitos cesaron ni él se amilanó. Al revés, pareció estimularse ante la resistencia. En el minuto 92, a un centro de Gueye, respondió Neymar zafándose del central en el medio del área. Se giró y conectó el tiro de media chilena. Ni aun así dejaron de increparle algunos detractores.

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Fuente: El Pais

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