La Gran Barrera de Coral sufre una nueva decoloración, la tercera en cinco años. REUTERS

Un blanqueamiento que es mala noticia. La Gran Barrera de Coral de Australia sufrió el pasado marzo un episodio de decoloración masiva, el tercero en solo cinco años, para preocupación de los científicos. Los expertos se preguntan si la mayor frecuencia de este fenómeno puede poner en riesgo la recuperación completa del mayor arrecife coralino del mundo, que se extiende a lo largo de unos 2.600 kilómetros y es apreciable incluso desde el espacio.

El investigador Terry Hughes, director del Centro de Estudios de Arrecifes de Coral en la Universidad James Cook de Queensland, considera que el fenómeno de blanqueo es una señal de advertencia sobre el futuro de los corales. «Como científicos estamos muy preocupados por los espacios de tiempo, cada vez más cortos, entre un episodio de decoloración y el siguiente. Ya no son esporádicos, sino que ocurren cada vez con mayor frecuencia», apunta.

El pasado mes de febrero fue el más cálido en la zona desde 1900, año en que comenzaron los registros. El agua caliente provoca que los corales expulsen las algas que albergan, que se calcifiquen y que se blanqueen. Para Hughes, se da casi como certeza que la barrera no vuelva nunca a su apariencia previa de hace unos años. El submarinismo, curiosamente, ejerce poca influencia sobre el arrecife, señala el investigador, que señala el calentamiento global como causa del deterioro.

La Gran Barrera de Coral, el mayor ecosistema coralino del mundo, fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1981. Los arrecifes de coral son ecosistemas muy ricos en biodiversidad: albergan gran cantidad de organismos y se calcula que el 25% de las especies marinas viven asociadas a ellos. 

Un estudio de 2019 determinó que la desaparición del arrecife se estaba acelerando a una velocidad inaudita, hasta el punto de que la continua pérdida de corales adultos no permite que se desarrollen nuevos corales que los reemplacen. En comparación con la media de los anteriores 20 años, el número de nuevas larvas en 2018 se redujo en un 93% y, en 2017, en un 89%. 




Fuente: El país

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