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La gira de Trump por Asia evidencia la menor relevancia de EEUU en la región | Internacional


Trump, junto al secretario de Estado, Rex Tillerson, y el consejero de Seguridad Nacional, H. R. McMaster. BULLIT MARQUEZ (EFE) / VÍDEO: REUTERS-QUALITY

Ni su oferta para mediar en el mar de la China meridional ni el nuevo término utilizado por Donald Trump para referirse a la región, Indo-Pacífico, han calado del todo durante la gira del presidente estadounidense por Asia. Dice días, cinco países y muchos apretones de manos que concluyen sin que Trump haya logrado convencer sobre el nuevo papel de EE UU en la zona, cuyos países han dado pasos hacia una mayor integración de forma independiente.

Trump no llegó a participar este martes en la cumbre anual de la Asociación de Naciones del Sureste Asiático (ASEAN) en Manila, la capital filipina, por los retrasos en su agenda de reuniones con otros líderes. Le sustituyó en el encuentro su secretario de Estado, Rex Tillerson. Justo antes de partir hacia Washington a bordo del Air Force One calificó su viaje por el continente de “tremendamente exitoso”. “He hecho muchos amigos al más alto nivel (…) Creo que los frutos van a ser increíbles”, dijo el presidente estadounidense, según recoge France Presse (Afp).

La gira de Trump tenía dos objetivos principales: incrementar la presión sobre Corea del Norte por su programa de armamento nuclear y mejorar la relación comercial y de inversión entre Estados Unidos y varios países de la región con los que EE UU registra un importante déficit comercial. En ninguno de estos dos puntos está claro que haya logrado avances significativos.

En el primero, al menos públicamente, Trump no arrancó el compromiso de nuevas medidas al respecto por parte de Pekín, principal sustento económico de Pyongyang. En el terreno comercial, el presidente aseguró en Twitter tras su gira: “Todos los países que tratan con nosotros en lo comercial saben que las reglas han cambiado”.

Aunque así sea, ninguno de estos ha cogido el guante propuesto por Trump de empezar a negociar tratados de forma bilateral (de hecho 11 países de la región llegaron a un principio de acuerdo que resucita el Tratado Comercial del Pacífico sin Estados Unidos) o dar un mayor acceso a sus empresas. Solamente Pekín prometió relajar los límites en su sector financiero para los inversores extranjeros, aunque el anuncio, según los analistas, no respondería tanto a la visita de Trump sino a la propia estrategia de apertura económica del gigante asiático. El presidente estadounidense ha asegurado en Twitter que hará una “declaración importante” cuando llegue a la Casa Blanca, aunque no ha especificado si tiene relación con su gira asiática.

La cumbre de la ASEAN terminó este martes con el compromiso entre varios países de la zona y China de negociar, a partir del próximo año, un código de conducta para evitar conflictos en el mar de la China Meridional. Son aguas cuya soberanía se disputan hasta siete naciones (China, Vietnám, Filipinas, Brunei, Malasia, Indonesia y Taiwán), pero en las que Pekín ha construido islas artificiales —con instalaciones civiles y militares— con el objetivo de reforzar sus reclamaciones. Trump se había ofrecido de mediador en esta disputa, pero su propuesta no ha cuajado y finalmente las discusiones las dirigirán solamente los países directamente afectados, precisamente lo que buscaba Pekín.

“Esperamos que las conversaciones sobre el código de conducta refuercen la confianza y el entendimiento mutuo. Nos esforzaremos para alcanzar un consenso y lograr su implementación”, dijo el primer ministro chino, Li Keqiang, durante el encuentro en Manila. El acuerdo no especifica un calendario de negociación ni tampoco que una vez concluido sea legalmente vinculante, algo que según sus críticos impide que China siga adelante con sus planes de controlar unas aguas que son una vía clave para el comercio marítimo internacional.

De lo que sí pudo presumir Trump es de haber normalizado las relaciones entre Estados Unidos y Filipinas. Lo ha logrado gracias a su camaradería con el polémico presidente filipino, Rodrigo Duterte, y a no criticar abiertamente su sangrienta campaña contra las drogas, algo que sí hizo con dureza Barack Obama. “La relación [entre ambos países] antes era horrible, pero ahora tenemos unos lazos muy, muy fuertes”, dijo Trump, antes de subir al avión presidencial.

Aung San Suu Kyi, presionada por la crisis rohingya

Paloma Almoguera

La líder de facto birmana y Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi no ha logrado que la crisis rohingya se ignore del todo durante la cumbre de la ASEAN en Manila. El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, le dijo durante un encuentro mantenido en los márgenes de la reunión que sería “esencial” que aumentasen los esfuerzos para asegurar el acceso humanitario y el retorno “seguro, digno y voluntario” de los más de 600.000 rohingya que han huido de Myanmar (antigua Birmania) hacia Bangladés desde el pasado 25 de agosto, ante una campaña de represión inusitada por parte del Ejército birmano.

Suu Kyi se entrevistó asimismo con el secretario de Estado de EE.UU., Rex Tillerson, presente en Manila. Un encuentro celebrado con discreción que sirve de antesala al viaje de Tillerson a Myanmar el miércoles. Se espera que allí el jefe de la diplomacia estadounidense amoneste al Tatmadaw (Ejército birmano) por lo que la ONU considera “una limpieza étnica de manual” contra los rohingya, una minoría musulmana que Myanmar, de mayoría budista, tilda de inmigrantes ilegales bengalíes.

También el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, transmitió durante la cumbre el compromiso de su país con “encontrar una solución sostenible y justa” a la crisis rohingya.

Pero ni Suu Kyi ni el Tatmadaw parecen dispuestos a ceder fácilmente a las presiones. En Manila, la hija del general Aung San, padre de la independencia birmana, desestimó referirse a los rohingya como tal y pidió al resto de líderes que evitaran el término. Según Reuters, el borrador del comunicado final de la ASEAN se refiere a la minoría musulmana como “comunidades afectadas” del estado de Rajine (norte de Myanmar), de donde huyen, en deferencia a Suu Kyi. La líder se habría beneficiado del principio de no injerencia de la organización –que cuando luchaba por llevar la democracia a Myanmar en los 90 criticó- para evitar una condena más tajante por parte de sus vecinos.

Mientras Suu Kyi hacía lo posible por capear las críticas en Manila, el Ejército birmano daba una de cal y otra de arena desde Myanmar en vísperas a la llegada de Tillerson. Si bien negaba cualquier culpa en los abusos cometidos contra los rohingya en un informe sobre su investigación de la crisis, sustituía a su vez al teniente general al mando de Rajine, Maung Maun Soe, sin dar explicaciones.




Fuente: El país

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