De todo lo que han publicado, y exclamado, a raíz de las fotos de Cayetano Rivera con una amiga suya en Londres y que podrían suponer una pequeña crisis en su matrimonio con Eva González, lo que más me ha interesado es que la popular presentadora de La Voz ha capeado todo este temporal aferrada a un mismo bolso de Loewe. ¡El poder de un bolso! Puede ocurrir que un accesorio sea más fiel y duradero que un amor y que por esa razón sean tan caros. Pero que Eva afronte esta desagradable tormenta, hiperventilada por la prensa del corazón, sonriendo y abrazada a su Loewe, me hace sentir más simpatía por ella. Uno nunca sabe cómo va a reaccionar a una crisis. Gracias a Eva González ya sé qué debo pedir de regalo estas navidades. Un bolso bueno y una sonrisa como la de ella ante los fotógrafos.

Para lidiar esta situación, Cayetano ha amenazado con denunciar a todo aquel que informe sobre esas imprudentes fotos suyas en Londres, pero no podemos dejar pasar esta oportunidad para sugerir el buscar una mejor cafetería en esa ciudad. El establecimiento donde se encontraron Cayetano y su amiga es demasiado impersonal, ese típico lugar con bollería hiperprocesada y café indigesto al que nunca volverás. Hay cosas que aprender del incidente pero esta, para mí, es la más destacada: sea cual sea la naturaleza de un encuentro, el lugar tiene tanta importancia como el motivo. En la era del streaming, todo es espectáculo y la escenografía es protagonista. Si se hubiera elegido mejor sitio, todo habría sido diferente.

Cayetano y Eva retratan maravillosamente porque son maravillosamente guapos y ahora toda esta faena los hace aun más atractivos. Las siguientes imágenes que nos han ofrecido, poniendo “tierra de por medio”, como describió ¡Hola!, al emigrar de Madrid a Sevilla, los muestran llegando a la estación de Santa Justa como si fueran una nueva versión del éxodo de María y José huyendo a Egipto con el niño Jesús. Hay más de 2.000 años de distancia, sumados a la alta velocidad española, entre ambas imágenes, pero pareciera que los motivos fueran similares. Echar pa’ delante, la familia lo primero y la mujer en avanzadilla. Eva, igual que María, lleva a su hijo, dormido y ajeno a todo. Pero agrega una sonrisa deslumbrante, porque en los tiempos de la virgen María no había dentistas ni fotógrafos. Cayetano, igual que José, va a su lado, cargando bolsos y maletas con ambas manos y sobre los hombros. Una penitencia. Si la Virgen María usaba telas sencillas de una lana milenaria, Eva lleva una parka como para combatir un temporal de nieve en Canadá y botas altas de pelo que contrastan con la escasez de abrigo de su esposo, como demostrando que el cambio climático existe, pero no es igual para todos. Sí, hay similitudes entre el éxodo de San José y la Virgen María y el de Cayetano y Eva, en ambos escapan de sendas persecuciones. La Sagrada Familia huye de Herodes para salvar la vida de su hijo. Cayetano y Eva de una prensa sedienta de tragedias y crucifixiones.

Quizás para mantener esa sed, otra pareja se lleva la portada de ¡Hola!, son María José Campanario y su torero, Jesulín de Ubrique, que llevaban tiempo sin hablar con las revistas. No dicen mucho nuevo pero consiguen posar de manera inédita y también muy en plan bíblico: sin ropa y envueltos en sábanas conyugales (María José usándolas para cubrirse a la manera de la Virgen), con una cascada de luces amarillas detrás, que consiguen un efecto navideño de bajo coste. Sus cuerpos desnudos están tan “tratados” que recuerdan el “rejuvenecimiento” a base de tecnología digital de los actores de El Irlandés, la última película de Martin Scorsese. Así como Robert de Niro sale 20 años más joven en la película, Campanario vuelve de color champán tanto su pelo como su piel. Jesulín parece estar glaseado, la piel resplandeciente y la mirada como inyectada de conocimiento y vitalidad. Hace años atrás, ¡Hola! siempre ofrecía un reportaje de algún famoso con su arbolito de Navidad. Con los Ubrique-Campanario han refrescado la idea: combinar en la misma foto el portal de Belén con un homenaje a John Lennon y Yoko Ono, recordando sus célebres fotos en el lecho matrimonial. O sea, los famosos reconvertidos en Santísima Trinidad digital. Después de todo, ¡Hola! es la Biblia del corazón.




Fuente: El Pais

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