Santi Millán hace doblete los lunes en televisión. En TV3 se ha incorporado a la serie Benvinguts a la família, donde da vida a Manu, el exmarido de Ángela (Melani Olivares) que regresa a casa tras diez años desaparecido huyendo de problemas con una mafia, y en Telecinco presenta la cuarta edición de Got talent. Nacido en Barcelona en 1968, el actor y presentador también tiene pendiente de estrenar una nueva ficción en Telecinco, El pueblo, y está preparando con Mediaset un nuevo concurso. Con 50 años ya cumplidos, trabajo no le falta dos décadas después de decir adiós a La Cubana, donde se dio a conocer.





¿Con qué se divierte más, haciendo ficción o con el entretenimiento?

Es complicado de decir. Alternar ficción y entretenimiento siempre me ha gustado. La ficción es un trabajo mas actoral, que es lo que más me interesa, pero los programas de entretenimiento, sobre todo cuando son en directo, tienen un punto teatral que también me encanta. Me gusta el contacto con el público, notar cómo reacciona y sentir si lo tienes cogido o está a punto de marcharse. Y eso con la ficción lo pierdes. Pero a mí me costaría mucho escoger sólo una de las dos facetas.

¿Recuerda cuándo empezó a presentar programas de entretenimiento?

Cuando dejé La Cubana, lo primero que me ofrecieron fue La cosa nostra, con Andreu Buenafuente. Es verdad que en principio estaba previsto que participara con una pequeña ficción, pero después, por la evolución del programa, fue inviable. Se recondujo, y acabé de reportero. Y el primer espacio de entretenimiento que presenté en solitario fue Boqueria, en TV3.

Uno de los creadores de Benvinguts , Ivan Mercadé, afirma que su gran virtud como actor es que puede dar vida a un personaje “muy hijo de puta” y al mismo tiempo caer bien al espectador. ¿Está de acuerdo?

Hombre, deseo que sea así (ríe). No sé si se corresponde totalmente con la realidad, pero sí noto que la gente me tiene cierto aprecio. Entrar en casa de los espectadores a través de la televisión hace que acabes formando parte de la familia. Una de las cosas que más me gustan es cuando te cruzas con alguien por la calle que te reconoce y se le dibuja una sonrisa en la cara. Es muy agradable, porque significa que el referente que tienen de ti es agradable y divertido.





Acostumbramos a verle en papeles de comedia. ¿Le gustaría alguno más dramático?

Es verdad que la mayor parte de mi carrera ha estado siempre más vinculada a la comedia. Y además, me gusta tomarme la vida con sentido del humor; no es sólo una he­rramienta de trabajo. Me gustaría trabajar en proyectos más dra­máticos, pero acostumbran a llamarte por aquello que te han visto hacer.

¿Tiene alguna espina clavada en este sentido?

Yo soy de aprovechar las cosas tal como vienen y disfrutarlas más que de ponerme metas que quizás no alcanzaré y crearán frustración.

¿Entonces, no le queda ningún sueño por cumplir?

Sí, uno. Me hubiera gustado hacer de Jesucristo porque tengo un look muy adecuado, pero por edad ya se me ha escapado (ríe).

¿Cómo lleva haber llegado ya a los 50 años?

La famosa crisis de los 40 es ahora la de los 50. Aquello que hablábamos antes que los 40 eran como el ecuador de la vida y donde te planteabas si habías llegado donde habías soñado y repasabas qué te quedaba por hacer, ahora pasa más a los 50. Cuando cumplí 40 no sentí nada especial, pero ahora he tenido la sensación de que se acaba una etapa vital y entro en territorio desconocido. Pero, al la vez, no soy consciente de tener esa edad.





¿Su gran pasión reconocida es el ciclismo, verdad?

Sí. Es un tipo de ciclismo muy entroncado con la aventura. Con el grupo de amigos que voy lo vemos como unas colonias para adultos. En bicicleta vamos al desierto del Sáhara o al de Chile, y ahora hace poco recorrimos Costa Rica. La bicicleta te conecta mucho con la infancia porque fue tu primer vehículo y nos dio aquella sensación de autonomía, de poder ir donde quisieras y cuando quisieras. Este aspecto lúdico es el que intentamos mantener, aparte de que nos gusta mucho dar vueltas por el mundo.

Tendría que combinar esta pasión con la televisión.

Ya lo hacemos. Todas estas aventuras en bicicleta las grabamos y se pueden ver en una serie de programas bajo el nombre de Imparables, que se han emitido en TVE y Telecinco. Es una manera de juntar mis dos hobbies: la actuación y la bicicleta.

Pronto le veremos en una nueva ficción de Telecinco, El pueblo ¿Nos adelanta de qué va?

De unos urbanitas que huyen de la ciudad y se trasladan a un pueblo que piensan está totalmente deshabitado. La iniciativa es de una pareja hippie que interpretamos Íngrid Rubio y yo, y a la que se sumarán más urbanitas. Pero cuando nos instalamos en el pueblo, nos damos cuenta de que aún quedan habitantes, y se producirá un choque de culturas y costumbres.





Y a usted que le gusta más: ¿pueblo o ciudad?

Soy bastante urbanita porque he crecido en Barcelona, pero cada vez busco más la tranquilidad. Debe de ser una cuestión de la edad (vuelve a reír). Vivir deprisa cada vez me produce mas pereza.

¿Ha vivido muy rápidamente?

Mucho. He ido de culo toda la vida y ahora me gustaría revertirlo. .








Fuente: LA Vanguardia

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