Retrato de Michele Marullo Tarcaniota, de 1491, considerado una obra maestra dentro de la retratística de Botticelli, es también la última obra del pintor del Quattrocento que se conserva en manos privadas. En 1929 lo adquirió el político y mecenas catalán Francesc Cambó (1876-1947). Sus herederos la han custodiado hasta hoy, que han decidido ponerla a la venta en los próximos días 3 y 6 de octubre en la prestigiosa feria Frieze Masters, de Londres, en el stand de la galería Trinity Fine Art, como confirma su directora Valentina Rossi. La galería ha encargado el estudio de la obra al experto Carl Brandon Strehlke, comisario emérito del Museo de Filadelfia, responsable de la exposición de Fra Angelico y el Renacimiento, que cierra sus puertas este domingo en el Museo del Prado y valedor último de la adquisición de La Virgen de la Granada de Angelico por 18 millones de euros del Estado a la Casa de Alba. La familia prefiere no confirmar ni desmentir la venta, pero reconocen: “Si surge una oportunidad la aprovecharemos”.

La obra está declarada Bien de Interés Cultural (BIC) en 1988, lo que le impide salir de España sin permiso de la Junta de Calificación, Valoración y Exportación de Bienes del Patrimonio Histórico. El Ministerio de Cultura señala a EL PAÍS que el retrato de Marullo es inexportable, “pero puede salir de España con un permiso de exportación temporal, como el que tiene en la actualidad”. “Los propietarios de esta pintura son conscientes de que la obra es BIC y que ello comporta una limitación para su venta: pueden ofrecerla en venta, pero el comprador tendrá que ser consciente de que esa pintura no va a poder desvincularse de España nunca y que tendrá que cumplir con todos los requisitos y garantías que la normativa exige”, indican desde Cultura.

De esta manera, la obra será trasladada al extranjero para venderla a un coleccionista que no podrá sacarla de la frontera española. Sobre si existe interés del Estado por adquirirla, desde la cartera dirigida por José Guirao se aclara que “serán los propietarios los que en su momento deban notificar al Estado si existe posibilidad de venta o no; de momento, esto no se ha producido”.

La familia depositó la obra en el Museo del Prado entre 2004 y 2017, decisión que causó malestar en el Museo de Arte de Cataluña (MNAC). El préstamo ininterrumpido de 12 años acabó tras no cerrarse la compra de la obra por el Estado, que en 2010 sí adquirió para el Prado por siete millones de euros El vino de la fiesta de san Martín, de Pieter Brueghel. Durante su depósito, el Gobierno tasó la pieza en 60 millones de euros para asegurarla con la garantía del Estado. Es la cantidad con la que podría salir al mercado, aunque como ocurre con este tipo de obras el precio no ha trascendido. En 2013 Christie’s vendió la Madonna Rockefeller, una obra atribuida a su talle, por 10 millones de dólares.

“Cambó sentía verdadera veneración por sus obras; más que disfrutarlas en su visión, las gozaba en su presencia, casi por su compañía”, aseguraba Joan Sureda i Pons en el catálogo de la exposición Colección Cambó, que se montó en el Prado y en el MNAC entre 1990 y 1991. Tenía sus favoritas y entre todas “la perla” de su colección era -tal y como dejó por escrito Cambó en sus diarios Meditacions– el retrato de Marullo: “Qué emoción al ver el gran retrato de Botticelli; he revivido las horas de hechizo que había pasado en Barcelona, contemplándolo en mi salón de la Laietana… En diez años que lo tengo, solo cuatro ha vivido en mi compañía”, declaraba. “¡Qué bello!”. Su favorita no figuró entre las cinco obras donadas al Prado, en 1941, de las que destaca tres de las cuatro tablas que componen La historia de Nastagio degli Onesti (1483). El resto del legado, unas 48 obras, las entregó al Ayuntamiento de Barcelona y se exponen en el actual MNAC.

Realidad bélica española

Para Cambó este retrato llegó a ser algo más que una pintura, en la que vio un reflejo de su posición frente a la realidad bélica española: “La mejor de sus elegías está dedicada a su patria y canta a la añoranza inextinguible y a la esperanza de recuperarla algún día. Ahora, cuando yo contemplo el retrato de Marullo, además de la emoción estética de la obra de Botticelli, siento una honda simpatía por el hombre. Y al cruzarse mi mirada con la mirada penetrante del retratado, ambas tienen algo en común: son la mirada de un patriota que llora y extraña la patria perdida”, escribe el 6 de agosto de 1938. No extraña que la única hija del coleccionista, Helena Cambó, escogiera entre todo el legado la obra de Botticelli como herencia. Ahora la gestionan sus 14 hijos, mientras ella está presente tanto en el patronato del Prado como del MNAC.

El conjunto de pinturas del Quattrocento que adquirió Cambó tiene un peso capital en su colección. Era una veintena de obras, de las cuales cinco estaban atribuidas a Botticelli, lo que dio pie a Cambó a afirmar que con alguna compra más su colección de obras del pintor florentino se podría comparar a la de los Uffizi. Aunque la crítica y la historiografía ya ha matizado las atribuciones, en la que no cabe duda de la mano de Botticelli es el retrato del soldado, poeta y humanista Marullo Tarcaniota, “verdadera obra maestra no ya del autor, sino del género del retrato renacentista”. La crítica ha destacado el interés de Botticelli por los rasgos del personaje, con los que aboceta la personalidad (impenetrable) de Marullo.

 La huella del maestro se descubre en la concisión del contorno de la figura y en la mirada severa (con entrecejo fruncido) heredada de Masaccio. La obra fue realizada al temple sobre tabla, pero fue traspasada a tela y recortada en sus dimensiones, en 1864. Las muchas restauraciones sufridas por la pintura dificultaron la atribución del cuadro, que fue aceptada definitivamente de 1906. Durante muchos años se pensó que era obra de Filippino Lippi. Siempre ha llamado la atención la fuerza de la figura que emerge sobre el negro y el castaño de los cabellos. Temible y elegante.




Fuente: El Pais

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