El organismo RIAA, cuya labor consiste en apoyar y promover la vitalidad creativa y financiera de las principales compañías musicales y realizar informes para radiografiar el estado de la industria, dató en 78 millones de dólares los ingresos procedentes de música latina en Estados Unidos en el primer semestre de 2016; dos años después, en 2018, la cifra casi se ha duplicado hasta alcanzar los 135 millones de dólares. En Youtube, la plataforma de reproducción de vídeos más concurrida del planeta, el más visitado de todos lleva por nombre “Despacito”, una canción de Luis Fonsi y Daddy Yankee, que acumula ya 6 mil millones de reproducciones. Y hace unos días, Ozuna logró convertirse en el primer artista con 7 vídeos de más de mil millones de reproducciones (en Youtube, también). Se puede decir, sin temor a duda, que el castellano se ha erigido como la lengua principal del lenguaje universal, que no es otro que la música.

¿A qué responde este fenómeno? Rubén Gutiérrez, director general de Fundación SGAE, piensa que “se trata de un crecimiento sostenido desde hace 20-25 años que comenzó con las primeras oleadas de la música latina hasta lo que estamos experimentando en los últimos cinco años”. En este último lustro se ha producido “una oleada mucho más global” gracias al triángulo formado por “la comunidad hispano parlante de Estados Unidos, Colombia y España”. Así, por ejemplo, hoy no resulta raro ver a artistas como Justin Bieber cantar en castellano una versión diferente de “Despacito”, mientras que hace unos años la tónica habitual era justo al revés: que los artistas hispanohablantes adoptaran el inglés como lengua sobre la que experimentar.

Es evidente que el reggaetón o electrolatino ha tenido un impacto inmenso en esta difusión del castellano dentro de la música. Incluso el trap, que ahora está en auge, ha ayudado en la proliferación del idioma. Y ello, por supuesto, ha tenido un impacto muy positivo, tal y como evalúa Rubén: “la propia sociedad española, que todavía es muy renuante a disfrutar de la diversidad del español, gracias a los múltiples artistas procedentes de América Latina está comenzando a convivir con naturalidad con las diferentes maneras de expresarse en español”. Así pues, a pesar de ser un género quizá no demasiado aceptado a nivel social, sí que es cierto que su impacto es evidente y, por supuesto, positivo.

Sin embargo, es injusto atribuir sólo a estos dos estilos el auge del idioma. También es cierto que resulta difícil, tal y como cuenta Rubén, “encasillar el último disco de Shakira o, sin ir más lejos, el de Rosalía.”. Los géneros musicales cada vez son más difusos, más diluidos: la música es arte, y como tal, reinvención, experimentación, prueba. De ahí que, en palabras del director general de Fundación SGAE, “resulte más interesante hablar de música global, donde encontramos la última versión de “Despacito” de Luis Fonsi acompañado por un artista radicalmente pop como es Justin Bieber”.

¿Y qué hay de los nombres y apellidos que han contribuido a esta subida? Resulta injusto atribuir solamente a Rosalía o a Luis Fonsi este fenómeno: Alejandro Sanz, Pablo Alborán o Héroes del Silencio también han traspasado fronteras y han aterrizado en América y Europa. “La música española ha sido un embajador importantísimo de la lengua castellana”, afirma Rubén Gutiérrez, quien, además, cita a los cantautores más icónicos del país como Serrat, Víctor Manuel, Rosa León o Janette, “quien tuvo un impacto fortísimo en países como Francia”. Montones de grupos españoles han llenado salas aquí y allá y han abanderado la lengua española por el mundo, algo que otras artes están comenzando a hacer ahora (como el cine, y no hay mejor ejemplo que el filme “Roma” de Alfonso Cuarón).

Y sobre los límites del castellano… ¿Cuáles son? “Creo que no los tiene: habría que hablar más de límites de la música española”, afirma Rubén. Según él, en el conjunto del Estado español “aún no hay iniciativas que reúnan las voluntades de distintas administraciones o sector público”. Las limitaciones del castellano en la música responden, por tanto, a las limitaciones de la industria, la cual “está necesitada de una estrategia de desarrollo del sector y de internacionalización”, tal y como esgrime el directivo de Fundación SGAE.

Si de algo puede presumir España es, sin duda, de talento creativo y de exportadores del idioma. En un mundo cada vez más globalizado la música trata de abrir fronteras y llegar a todos los rincones del planeta, algo que el castellano consigue “pasito a pasito”.




Fuente: La razon

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