La moda de hoy puede que no sea la de mañana, pero en la fotografía todo perdura más en el tiempo y Jamie Hawkesworth (Suffolk, Inglaterra, 1987) siempre podrá decir que él estuvo detrás del fenómeno del diseñador J.W. Anderson. De ese y de las campañas que desde 2013 lleva fotografiando para el Loewe del LVMH, con dos modelos que parecen gemelos y posan en sitios como el acueducto de Segovia o la Ciudad Encantada de Cuenca.

De Hawkesworth también es el famoso filtro de luz tostada que durante años ha homogeneizado revistas de moda y porfolios de fotógrafos, y de una forma tan descarada que hasta la cuenta de Instagram Dankartdirectormemes, en su día, le dedicó al tema un montaje aparte.

Otro éxito más: la luz del inglés ha servido incluso como pretexto de exposiciones. La que Taka Ishii Gallery ha montado en Tokio hasta el 31 de agosto. Con el título Preston Bus Station, recoge 139 retratos de todos los que el fotógrafo hizo, literalmente, en una estación de autobuses al noroeste de Manchester. “Allí fue donde me fijé en la luz por primera vez. En los enormes ventanales de la estación de Preston veía cómo se movía y cambiaba según la hora, y empecé a entender su efecto”, recuerda Hawkesworth en la nota inaugural.

Adolescente en la estación de Preston. | Jamie Hawkesworth / Cortesía de Taka Ishii Gallery Photography / Film

Un emblema de la arquitectura británica de posguerra

Ahora bien, que la galería japonesa haya decidido organizar la muestra en 2019 se debe a que, este año, la estación de bus de Preston cumple su 50 aniversario. Medio siglo después, el edificio sigue siendo el único de todo la ciudad que cuenta con una arquitectura brutalista de posguerra, y que todavía conserva los detalles que lo convirtieron en emblema: por fuera, su estructura de hormigón armado; y, en el interior, las baldosas de cerámica blanca, los asientos y pasamanos hechos con madera tropical de iroko, y el suelo Pirelli de caucho negro.

Preston bus Station en 2007. |
Preston bus Station en 2007. | Dr Greg, CC by 3.0.

Así describía el edificio el crítico de arquitectura Rowan Moore, en 2018, en el diario británico The Guardian: “Tiene buenos espacios tanto para coger un autobús como para esperar a alguien. Es simple y memorable. Refleja la ambición de sus creadores por hacer que una estación de autobuses pueda tener el mismo estatus que un aeropuerto. Y habla de un futuro que nunca llegó del todo”, añadía en el artículo. “Se esperaba que la población de Preston acabara duplicándose, como parte de un plan de expansión que no se materializó”.

El monumento de 1969 diseñado por la oficina de arquitectura Building Design Partneship aparecía en Boring Postcards, uno de los libros de Martin Parr, el fotógrafo que mejor ha retratado Inglaterra y que recopiló ahí todo lo que él consideraba antagónico al espectáculo guiri. Y acertó. En la estación banderas no hay, ni colores chillones, playas o jubilados que puedan sostener todo lo anterior con más patriotismo que dignidad. Pero, según opinaba Moore, “esa estación de autobuses es menos aburrida que la miasma comercial que ahora envuelve la mayoría de centros de transporte público”.

Por lo poco divertida que resulta, o tal vez por ser algo más entretenida que cualquier otra, Hawkesworth también le había echado el ojo a la estación de Preston desde que empezó a estudiar en la universidad de allí. La fotografió por primera vez en 2010, el fin de semana que estuvo retratando con una cámara Mamiya RB67 -“¡tan simple como una caja!”- a los adolescentes que entraban y salían del edificio brutalista.

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Esta silla de la estación de autobuses de Preston sintetiza el diseño industrial con el que se proyectó su edificio en 1969. | Jamie Hawkesworth / Cortesía de Taka Ishii Gallery Photography / Film

Con su antiguo profesor de fotografía, Adam Murray, editó en octubre de ese mismo año 500 copias de un pequeño periódico que resumía el experimento. Murray contaba en la revista Paper Journal hasta qué punto aquella especie de fanzine posicionó la carrera del fotógrafo, y le ayudó a que lo ficharan en la agencia M.A.P de Julie Brown: “Parte del atractivo que suscitó el trabajo de Jamie tuvo que ver con que llegara a Londres con un portfolio documental de un sitio del que nadie antes había oído hablar”.

Y al que Hawkesworth volvió en 2013 para decirle adiós. Había escuchado que iban a sustituir la estación de autobuses por un nuevo centro comercial gigantesco. Por eso repitió el ejercicio de fotografiar al personal (esta vez, de cualquier edad). Lo hizo de lunes a domingo, y de 8 de la mañana a 8 de la tarde, durante un mes entero. “Lo bueno del edificio es que está construido como un círculo que me permitía dar vueltas todos los días esperando a que alguien me llamase la atención”, explicaba en el portal It’s Nice That después de que los retratos acabaran allí mismo, colgados en gran formato. “Me encantaba la idea de que todas las fotos se aplastaran cuando el edificio se demoliera”.

Pero la cosa al final quedó en teoría. El gobierno central anuló la orden de derribo y el monumento siguió en su sitio. Eso sí, ha hecho falta que una galería japonesa rebusque en los archivos de Jamie Hawkesworth para que el 50 aniversario de un símbolo del brutalismo, de los pocos que quedan ya en Europa, sea digno de noticia internacional.

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Las baldosas de cerámica blanca que acompañan a la protagonista de la foto son uno de los elementos más representativos de este edificio brutalista. | Jamie Hawkesworth / Cortesía de Taka Ishii Gallery Photography / Film

 




Fuente: El Pais

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