Ha pasado un mes, y parece que ha sido un siglo. El 22 de enero, China se fue a la cama con la idea de que Wuhan, la capital de Hubei, tenía un problema con un puñado de casos de infección por el nuevo coronavirus. El 23 se despertó con esa ciudad bloqueada por cuarentena; se le sumarían una quincena más, con cerca de sesenta millones de habitantes. Hoy, aquel brote es ya una epidemia en toda la regla que limita los movimientos de centenares de millones de personas dentro de China, presenta numerosos brotes en varios países y amenaza con convertirse en una pandemia mundial que los médicos no saben si acabará desapareciendo, como en el caso del SARS, o se convertirá en endémica entre poblaciones de riesgo, como el sida. Los casos se han extendido a otras dos docenas de países, tres de los cuales -Corea del Sur, Irán e Italia- han vivido un súbito aumento de contagios dentro de sus fronteras en los tres últimos días.

La dispersión de los focos de contagio del coronavirus dibuja un nuevo escenario que está punto de hacer saltar por los aires, si no lo ha hecho ya, el pilar de la lucha contra la enfermedad sobre el que ha trabajado la Organización Mundial de la Salud (OMS) desde el descubrimiento del SARS-CoV-2: la contención dentro de las fronteras chinas mediante cuarentenas draconianas del grueso de la epidemia en Hubei y la rápida identificación y control de los casos que fueran produciéndose en otros países.

Corea del Sur, que ya lleva 433 contagiados, protagonizó el primer gran auge de contagios internos. Pronto le siguió Italia, que desde el viernes ha registrado dos muertes y alrededor de siete decenas de casos. Y a la OMS y a los expertos les preocupa especialmente Irán, país que el pasado martes aseguraba no tener infectados en su territorio y ayer informó de 28 infectados y cinco muertes. ¿El motivo? Cuatro personas –dos en Emiratos Árabes Unidos, una en Líbano y otra en Canadá— han sido diagnosticadas del coronavirus recién aterrizados de un vuelo procedente de Irán. Cuando un país empieza a exportar casos, explican los especialistas, es que el virus ya lleva días circulando entre su población, algo que las autoridades iraníes no han sido capaces de detectar a tiempo o de lo que no han informado antes.

La estrategia de China y la OMS, que declaró la alerta internacional el 30 de enero, de centrar la lucha en evitar que el brote pudiera asentarse en otros países ha permitido ganar tiempo, según apuntan los expertos. Pero en declaraciones este sábado, el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, ha reiterado lo que ya dijo el viernes: «Se agota el tiempo para actuar» y controlar la enfermedad antes de que se convierta en un problema global. Y ha expresado su preocupación por aquellos casos en los que el origen del contagio no está claro: los de personas que no han viajado a China o no han mantenido contacto con otra persona enferma. Singapur cuenta con al menos siete de estos casos, y Japón tiene un problema similar.

A lo largo de este mes, el virus -cuyo periodo de incubación se estableció en 14 días aunque algunos estudios lo elevan a 24- ha demostrado ser muy contagioso. Además de los focos citados, en cinco cárceles chinas ha infectado a más de 500 personas en aparentemente solo una semana. El crucero Diamond Princess, que la burocracia japonesa decidió poner en cuarentena en el puerto de Yokohama el 3 de febrero con 3.700 personas a bordo, ha acabado generando más de 600 infecciones. Y si Corea del Sur ya supera los 400 casos es a raíz de una «supercontagiadora» de 61 años, vinculada a una secta cristiana y a la que se relaciona con la mitad de los positivos en ese país. También tiene otro foco en un hospital de un condado cercano, Cheongdo. En Italia, que ya suma dos muertos, los nuevos contagios aumentan a medida que pasan las horas.

«Lo que no se sabe es si se trata de un virus que se convertirá en endémico y atacará a las poblaciones en riesgo en todo el mundo, o no», explica el profesor de Epidemiología de Enfermedades Infeccionas en la London School of Hygiene y antiguo director ejecutivo del grupo de Enfermedades Contagiosas de la OMS, David Heymann. Para el experto, se trata de una «enfermedad seria» porque, dada su novedad, el ser humano nunca había estado expuesto a ella y, por tanto, no cuenta con defensas.

La OMS ha corroborado los estudios chinos elaborados entre miles de pacientes -en China ya se han infectado más de 76.000 personas, de las que más de 2.300 han fallecido-, que encuentran que el 80% de los contagios tienen carácter leve; un 20% grave o muy grave, y un 2% acaban en muerte. La mayoría de las víctimas mortales son personas mayores que padecían otra enfermedad -diabetes, dolencias coronarias, problemas respiratorios-, mientras que el virus parece atacar menos a los niños.

Según explica Heymann, el problema más grave llega cuando el virus debilita las células protectoras de las vías respiratorias y se producen otras infecciones bacterianas oportunistas. «Es una enfermedad muy seria en los seres humanos, pero no es más espectacular que otras enfermedades pulmonares. Si hay una oportunidad para que ocurra otra enfermedad bacteriana, es cuando la gente muere», apunta.

Una delegación de la OMS que se encuentra en China esta semana y ha visitado ya Pekín, Cantón y la provincia de Sichuán tenía previsto llegar este sábado a Wuhan, la ciudad donde se originaron los primeros casos y se concentra la mayoría de los más de 76.000 contagios en China. Pero aunque los últimos datos en este país parecen apuntar al principio de una remisión -hoy, su cifra de nuevos contagios no llegaba a los 400, mientras que el día anterior rozaba los 900-, la OMS pide cautela. «Es demasiado pronto para hacer predicciones sobre este brote», ha advertido su director general en sus declaraciones este sábado, en una reunión con responsables africanos.

«Nuestra mayor preocupación sigue siendo el potencial para que la Covid-19 se propague en países con sistemas sanitarios más débiles», ha señalado Tedros, que ha aludido específicamente a los países del continente africano: «Estamos trabajando duramente para preparar a estas naciones ante la posible llegada del virus».

En total, fuera de China, se han detectado 1.200 casos en 26 países, según ha indicado el responsable de la OMS. De ellos, ocho infecciones han resultado en muerte, incluido un caso en Egipto, el primero en el continente africano. En Oriente Medio, Emiratos Árabes Unidos también ha declarado un contagio.

¿Segunda ola en China?

M.V.L

En China, donde se originó la enfermedad, centenares de millones de personas viven desde hace semanas en situación de semicuarentena, con su libertad de movimientos restringida. En varias ciudades de Hubei, incluida Wuhan, esa restricción es extrema: después de que el Gobierno central haya declarado una “guerra popular” contra el virus, nadie puede salir de sus complejos residenciales a menos que sea para ver a un médico o cubrir servicios esenciales.

La actividad económica está casi paralizada, y muchas empresas pequeñas y medianas temen por su supervivencia. Rutas de autobús, de tren y aéreas han quedado suspendidas. Cerca de 200 millones de personas a las que las medidas de contención de la enfermedad encontraron fuera de casa no han podido regresar.

Una de las preocupaciones de las autoridades chinas es, precisamente, lo que pueda ocurrir cuando regresen esos desplazados a sus hogares, si puede darse una segunda ola de contagios tras los últimos descensos progresivos. Heymann no lo descarta: «Es necesario estar preparado en caso de que la haya», sostiene.




Fuente: El Pais

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