El Partido Demócrata apoya en líneas generales la política de la Casa Blanca hacia Venezuela y reclama el pleno apoyo internacional al autoproclamado presidente encargado Juan Guaidó pero eso no significa que todo el mundo dé carta blanca a sus artífices o no esté alerta ante sus métodos. La joven congresista Ilhan Omar, representante de Minnesota, aprovechó ayer su intervención en la comisión de Exteriores para leer la cartilla a Elliott Abrams, el representante especial del presidente Donald Trump para Venezuela, al que reprochó su papel en el escándalo de la venta de armas a Irán para financiar a la ‘contra’ nicaragüense así como sus posiciones sobre El Salvador en los años 80.





El tono fue beligerante desde el primer momento. “En 1991 usted se declaró culpable de dos cargos de ocultar información al Congreso sobre su implicación en el caso Irán-Contra, por los que luego fue indultado por el presidente George H. W. Bush. No veo porqué los miembros de este comité o el pueblo americano deben considerar verídico su testimonio”, le espetó Omar, refiriéndose erróneamente a Abrams como ‘el señor Adams’. Cuando el diplomático amagó con protestar, la joven congresista de origen somalí le cortó en seco. “No era una pregunta”, dijo. “¡Fue un ataque! No es correcto que los miembros de este comité ataquen a testigos que no pueden responder”, replicó Abrams, sorprendido. “Lo más sorprendente del vídeo es cómo se enfada Abrams porque le hagan rendir cuentas sobre su pasado”, ha escrito Zack Beauchamp en el portal de noticias ‘Vox’.





La congresista recordó el testimonio de Abrams en 1982, en su calidad de secretario de estado adjunto sobre Derechos Humanos, sobre la masacre de El Mozote durante la guerra civil en El Salvador. “Despreció como ‘propaganda comunista’ un informe que hablaba de 800 civiles, incluidos dos niños de dos años brutalmente asesinados por tropas entrenadas por Estados Unidos”. “Años después, dijo la política de EE.UU. en El Salvador había sido ‘un fabuloso logro’, ¿todavía lo piensa? Responda sí o no”, le dijo Omar. Abrams defendió que la Administración Reagan ayudó al país a avanzar hacia la democracia pero se negó pronunciarse sobre la matanza, el mayor asesinato en masa cometido en América Latina (murieron más de mil personas a manos de soldados equipados y entrenados por EE.UU.). “Es una pregunta ridícula”, insistió el diplomático.






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La discusión avanzó hacia los planes de la Casa Blanca con Venezuela, a la vista de su historial en América Latina. “¿Apoyaría a una facción armada en Venezuela que cometa crímenes de guerra, de lesa humanidad o genocidio si cree que benefician a los intereses de EE.UU., como hizo con Guatemala, El Salvador o Nicaragua?”, inquirió la congresista. “No voy a responder a esa pregunta”, respondió Abrams. “No me parece que este interrogatorio pretenda conseguir auténticas respuestas así que no responderé”. Omar insistió: “¿Los intereses de EE.UU. incluyen proteger los derechos humanos y a las personas contra el genocidio?”. “Esa es siempre la posición de EE.UU.”, coincidió por una vez el interpelado. Abrams, que después de su papel en los intentos de cambio de régimen de Washington en América Latina participó también en la planificación de la guerra de Irak, es la última incorporación al grupo de ‘neocon’ que gestiona la política exterior de Trump.





Hubo más intervenciones y preguntas críticas al veterano diplomático pero la de Omar fue la más tensa. La congresista, de 36 años, conoce de primera mano los horrores de la guerra. Llegó a Washington hace dos décadas años con sus padres y hermanos huyendo de la guerra civil en Somalia, después de vivir varios años en un campo de refugiados en Kenya. Tenía 12 años. En noviembre, Omar y Rashida Tlaib, ambas demócratas, se convirtieron en las primeras mujeres musulmanas en conseguir un escaño en la Cámara de Representantes del Congreso. Su elección fue una suerte de dulce venganza política de la amplia comunidad de origen somalí de Minnesota, demonizad a por Trump durante la campaña electoral. Omar obtuvo el 78% de los votos de su distrito. Antes de lanzarse a la política, trabajó como analista política y activista local.

La congresista se ha visto en el ojo del huracán esta semana por sus comentarios sobre el poder de los lobos judíos sobre los políticos estadounidenses, tildados de antisemitas por sus propios compañeros de filas. Omar se disculpó pero sus palabras han dado munición a los políticos republicanos, encabezados por el presidente Trump, que reclama su expulsión de la comisión de Exteriores de la ‘House’. Omar forma parte de una nueva generación de líderes demócratas con posiciones más liberales en debates de política exterior tan sensibles como las relaciones con Israel y Palestina y ajenos a los usos de Washington de no levantar con demasiada frecuencia las alfombras.








Fuente: LA Vanguardia

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