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La cultura hacer revivir los barrios más humildes de Polonia

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Son las cuatro de la tarde de un frío domingo de febrero y en el bar Macondo se respira una tranquilidad inaudita.

Acostumbrado al bullicio de la calle, al traqueteo del tranvía sobre las vías oxidadas y al vapor que emanan chimeneas cercanas – fruto de la incesante necesidad de calefacción en los hogares – este bar, mitad tienda de artesanía, mitad cafetería, llamada así por el amor de su jefa Yulia a la obra ´Cien años de soledad´, combina el realismo mágico, impregnado en los ornamentos de porcelana que cuelgan de las paredes, con eventos culturales semanales.

Entrada del Café Macondo.
(Andrea Ariet Gallego / AAG)






Un punto de encuentro de jóvenes y mayores que está empezando a cambiar el día a día de un barrio hasta hace muy pocos años degradado, olvidado e incluso temido: Nadodrze.

Situado al norte del río Odra, en la ciudad polaca de Wroclaw (conocida en España como Breslavia), al suroeste del país, se encuentra un oasis urbano rodeado por un pasado turbulento. “Oasis” porque Nadodrze ha conseguido guardar casi intacto su pasado y, por extensión, la historia de la ciudad, enfrente de la evolución que sí han sufrido otras zonas; “turbulento” porque ha sido testigo de los momentos más crueles de la historia de Polonia.


Nadodrze

Las imponentes kamienicas

Nadodrze, ubicado en la zona de Przedmieście Odrzańskie, quedó intacto durante la Segunda Guerra Mundial, por lo que una arquitectura única ha sobrevivido hasta hoy. Imponentes casas de apartamentos que datan de los años 1860 y 1880 – también llamadas Kamienicas – junto a edificios postindustriales y Höfe o patios, un legado de la época de Wroclaw como el Breslau alemán, distribuidos de manera caótica y, en la mayoría de los casos, en condiciones deplorables.

Según un estudio reciente a cargo de Marta Swoboda, traducido como ´Historia de Przedmieście Odrzańskie´, incluso habiendo evitado grandes daños en la Segunda Guerra Mundial, que sí devastó la mayor parte de Wroclaw, Nadodrze fue “dejado en descomposición con una renovación limitada”.





Bajo el gobierno comunista, Wroclaw se convirtió en la fortaleza del sindicato Solidaridad, el centro de la resistencia cuando éste fue ilegalizado bajo la Ley Marcial de principios de los años ochenta del siglo XX. Ese espíritu también quedó impregnado en Nadodrze, especialmente con bloques de pisos de los años 1950 y 1960 que llenaron el vacío que dejaban la destrucción de algunas casas antiguas.

Vista de las Kamienicas de las calles de Nadodrze al paso del tranvía.
Vista de las Kamienicas de las calles de Nadodrze al paso del tranvía.
(Andrea Ariet Gallego / AAG)

A esto se le suma el hecho que el distrito ha sido desde sus inicios un foco de población importante, siendo hoy en día uno de los barrios más densamente poblados de la ciudad de Breslavia y cuyos índices de delincuencia y pobreza siempre fueron de los más elevados.


Punto de Inflexión

El momento del cambio

Según informó la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), con la llegada del nuevo milenio se expuso de pleno el deterioro físico de Nadodrze, caracterizado sobre todo en la degradación del espacio público y la devastación de la infraestructura urbana. Así mismo, se puso de manifiesto los enormes problemas de pobreza, exclusión social, desempleo, los altos índices de criminalidad y patologías sociales que hicieron del vecindario un lugar marginal.






Con estos ingredientes, el ayuntamiento de Wroclaw decidió actuar con cambios que se empezaron a plantear en 2005 resultando no solo en una renovación, sino en una revitalización.

La OCDE describe que el objetivo principal de la regeneración integral de Wroclaw fue prevenir la marginación de las zonas urbanas y transformarlas en atractivos centros turísticos y económicos.

De hecho, la solicitud de Wrocław para el título de Capital Europea de la Cultura 2016 estableció una gran ambición para transformar la cultura de un “simple suplemento” a un componente clave de “la vida de todo ser humano”. En otras palabras, para mejorar la cohesión social, Wroclaw y la Baja Silesia identificaron la cultura como un medio para superar la desigualdad social.

Sobre la mesa, el gobierno local se bastó del proyecto URBACT, un programa europeo de intercambio y aprendizaje que promueve el desarrollo urbano sostenible. Este proyecto se engloba en la llamada red URBAMECO, un proyecto que engloba diferentes ciudades europeas como el área de Nea Ionia Magnesias (Grecia), Lodz (Polonia), Constanta (Rumania), Tatabanya (Hungría), Gotemburgo (Suecia), Arnhem (Países Bajos) y Birmingham (Reino Unido), cuyo objetivo es fomentar la regeneración integrada sostenible de zonas urbanas críticas y luchar contra la exclusión social.





Edificio con mural en la entrada de Nadodrze.
Edificio con mural en la entrada de Nadodrze.
(Andrea Ariet Gallego / AAG)


Los efectos

Una inversión millonaria

Entre los años 2009-2013, más de 140,5 millones de PLN – unos 32,4 millones de Euros – se invirtieron en el área de Nadodrze según la Fundación Casa de la Paz “Łokietka 5 InfoPunkt Nadodrze”. Específicamente, se renovaron 8 patios, 61 viviendas, dos plazas, dos escuelas, una estación de policía, un parque y cuatro espacios verdes.

Otras acciones se centraron en el campo económico al atraer servicios de producción nuevos, centrados sobre todo en el arte – estudios, galerías, espacios para el diseño y artistas – la gastronomía, la cultura y el entretenimiento.

En particular, más de setenta lugares se han abierto en los últimos cinco años. Alrededor de veinte galerías, más de diez talleres, cafés, varios restaurantes y tiendas de artesanos, cuatro centros culturales, como Nadodrzanska Potancowka IV, para habitantes de todas las edades, o Senior na Nadodrzu, cuyo objetivo es ser el consejo directivo del barrio, empoderar residentes de edad avanzada y mostrarles una manera de iniciar sus propias iniciativas cívicas.





Junto a estos cambios, el proyecto URBACT enumeró los comentarios propuestos por los residentes como acciones valiosas que deben tomarse en consideración. Por ejemplo, concursos, fiestas, actividades organizadas por las escuelas de la zona. Un gran ejemplo de participación ciudadana que empezó y que todavía se sigue son los murales que representan el día a día de los residentes de estas zonas de Nadodrze.


Actividad

Implicación de los vecinos

En muchos casos, los mismos vecinos se encargaron de diseñar y pintar las paredes de sus casas con escenas cotidianas, motivos alegres, caras conocidas, escenas surrealistas, etc. La calle Franklina Delano Roosvelta acoge gran parte de este arte callejero. El resultado no sólo ha sido beneficioso para los propios vecinos, que ven con otra cara su propia casa, sino la que fomentar que gente de otras zonas de Wroclaw se acerquen a verlos e incluso turistas que visitan la ciudad por primera vez.

De manera extraordinaria, una pequeña acción local ha conseguido levantar una ola de tolerancia de los antiguos residentes con los nuevos que se asientan. Es habitual incluso que ellos mismos guíen al visitante y les muestre el mejor mural para tomar una fotografía.

Estampas y murales con algunas caras de mujeres que han hecho historia.
Estampas y murales con algunas caras de mujeres que han hecho historia.
(Andrea Ariet Gallego / AAG)






De hecho, algunos de ellos aparecen representados y, a veces, es fácil saber quién vive dónde mirando la pintura en la pared. Esta transformación aún no está completa. “No hay una varita mágica para décadas de abandono”, dice Alex Webber para The Warsaw Insider. De hecho, los años de privaciones aún son visibles y se enfrentan a la nueva ola de modernismo en las calles. Y siguiendo la afirmación de Webber, todo indica que donde hay artistas, la gentrificación irá a continuación.


Gentrificación

Escenario posible o amenaza real

Pero, pese a esta gran apuesta en la mejora de las infraestructuras que aconteció desde la apuesta de Wroclaw por convertirse en Capital Europea de la Cultura en 2016, era lógico pensar que el cambio también viniera aparejado por cambios sociales importantes, en especial – y el más significativo – de gentrificación.

Este proceso, según el cual un lugar cambia de ser un área pobre a una más rica, donde viven personas de una clase social más alta, podría estar ocurriendo en Nadodrze de la misma forma que ha ocurrido en otras capitales europeas.

De hecho, ha habido una gran cantidad de documentos que han estudiado el proceso de gentrificación en el vecindario de Nadodrze. Wojciech Kębłowski, Bence Kováts y Maëtte Lannuzel son autores de uno de ellos.

Zonas del distrito que todavía permanecen sin ningún tipo de renovación.
Zonas del distrito que todavía permanecen sin ningún tipo de renovación.
(Andrea Ariet Gallego / AAG)

En su análisis, concluyen que la revitalización urbana de Nadodrze podría traer aparejada, no sólo la idea de “traer nueva vida y vitalidad” a base de la mejora del entorno, sino también que los “viejos” habitantes, normalmente con menor estatus socioeconómico, se verían como un elemento no deseado de acuerdo a que el nuevo vecindario requeriría de personas más capaces social y económicamente para hacer frente a la inversión pública y privada en la zona.

Concretamente, la apertura de locales y centros de ocio de valor podría haber generado la atracción de un público con un nivel “superior” y forzar al viejo residente a desplazarse. Este es, de hecho, uno de los puntos que destaca Maja Zabokrzycka, la coordinadora de Łokietka 5, al hablar que la revitalización de Nadodrze se centró más en crear una “marca”, en lugar de priorizar la calidad y condiciones de vida de sus habitantes.


La vivienda

Desarrollo inmobiliario

En cualquier caso, el verdadero efecto de la gentrificación en Nadodrze vendrá determinado por las políticas de vivienda que se apliquen en la zona, ya que el programa de revitalización se somete a la privatización del mercado inmobiliario, la participación futura de inversores y su enfoque, no en los habitantes actuales, sino en los residentes potenciales.

Será crucial ver el paradigma de desarrollo urbano de Wroclaw ahora que hace tres años de la celebración de la Capital Europea de la Cultura, el creciente ánimo por instalar allí empresas internacionales, como la oficina de Google, HP o Credit Suisse y la popularidad ya consolidada entre los estudiantes europeos que van allí a disfrutar de su Erasmus.

Volvemos a Macondo. Son las siete y empiezan a llegar los primeros visitantes a la exposición que hoy se organiza sobre el escritor alemán Tomasz Mann y su obra “La montaña mágica”.

Una mujer caminando por un patio interior de Nadodrze.
Una mujer caminando por un patio interior de Nadodrze.
(Andrea Ariet Gallego / AAG)

Los interesados llegan, cruzan el pequeño vestíbulo, esquivan las figuras hechas de cristal, delicadas, y pasan al gran salón de Macondo, donde Yulia les espera para servirles té o café. Un buen plan para un domingo por la tarde.

Desde una perspectiva personal, se han hecho grandes esfuerzos para abrir esta área a la sociedad y parece que incluso los antiguos residentes de Nadodrze han aprendido cómo tratar con nuevos vecinos, aceptarlos, mostrar tolerancia y voluntad de fomentar su propia zona, hasta hace poco temida e infravalorada.

Se inicia una nueva era para Nadodrze, aunque será importante cuidar su historia única y conservarla antes de que sea demasiado tarde para recuperarla.




Fuente: LA Vanguardia

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