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La crisis de Podemos en Madrid, un laboratorio para la ‘macronización’


Madrid es hoy el campo de pruebas de un ensayo para girar el eje político español. El salto de eje, ese pecado de los cineastas inexpertos, es el subtexto del cataclismo de la izquierda madrileña, con varios frentes abiertos: Este lunes, el Partido Comunista de Madrid, que controla la sección madrileña de IU, poco menos que daba un portazo al intento de Pablo Iglesias y Alberto Garzón por reconstruir una candidatura electoral conjunta a la comunidad de Madrid. A la espera de lo que digan sus bases, los comunistas, que hoy se reúnen con el Equipo de Más Madrid, se sienten atraídos por la oferta de Íñigo Errejón. Dice el secretario general del PCM, Álvaro Aguilera, muy crítico con los pactos “por arriba”, que el problema es la imagen, la marca Unidos Podemos. Que se ha quedado vieja. La actualidad es fecunda en paradojas: el Partido Comunista dice que Unidos Podemos es una marca vieja. Apuntado queda. Está por ver lo que dicen sus bases y en todo caso, la condición que Aguilera había puesto hace ya nueve meses para apoyar a Errejón como candidato era que se impusiese en unas primarias para una candidatura de unidad popular construida desde abajo. A Garzón e Iglesias les queda mucho por hacer. Equo nunca se ha sentido bien tratado por Unidos Podemos y puede tomar el ejemplo de los comunistas: dejarse querer. Los Anticapitalistas de Podemos en cambio, tienen ahora una ventana de oportunidad para regresar a las listas de Podemos, alérgicos como son al errejonismo y a los pactos de despachos. No hay nada decidido, pero la competición de las listas de Más Madrid y Unidos Podemos por ensancharse apunta a una guerra sin cuartel.





Pero el objetivo declarado de esas candidaturas autonómicas, en último término, es pactar una lista conjunta con la que disputar al PP la Comunidad de Madrid. Nada que ver con lo que ocurre en el Ayuntamiento de la capital, donde la unidad está casi descartada. El espacio a la izquierda del PSOE se ha desmadejado precisamente cuando los socialistas atraviesan su peor momento. Pese a la renuncia de Podemos a presentarse contra la lista de Manuela Carmena (o precisamente por esa renuncia), la disgregación electoral se complica cada hora que pasa. Ahora Madrid ha estallado y ha provocado una panspermia de posibles candidaturas. Aunque no ejerciera un poder principal, la presencia de Podemos articulaba la suma de movimientos y organizaciones que se arremolinaron alrededor de Manuela Carmena para llevarla a la alcaldía. Durante el mandato, la alcaldesa hizo suyo el proyecto y fue acomodando el equipo municipal a sus querencias, purgando cargos, moderando el programa de gobierno y apartando a buena parte de los movimientos y plataformas ciudadanas que conformaban Ahora Madrid. No solo Podemos, sino todos los demás. De hecho, Podemos han sido los últimos en salir.

La gran grieta no fue tanto la captación, en diciembre, de los concejales de la lista de Podemos, encabezados por Rita Maestre –suspendidos de militancia por hurtarse de las primarias de Podemos–, reclutados para Más Madrid por parte de Manuela Carmena. No, la paciencia con la peculiar forma de Carmena de dirigir con mano blanda de hierro el ayuntamiento se agotó hace un año, con el cese del superconcejal de Hacienda, Carlos Sánchez Mato, de IU, el hombre que redujo de forma espectacular la deuda heredada de Ana Botella y plantó cara al entonces ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, ante el estrangulamiento del techo de gasto. Carmena pactó con Montoro a espaldas de Podemos, IU y de su equipo de Gobierno, y acabó cesando a Sánchez Mato cuando este no quiso suscribir los presupuestos que alcaldesa y ministro habían acordado en un nuevo plan económico y financiero.






El cese del concejal Sánchez Mato animó la idea de una candidatura alternativa Manuel Carmena

Desde entonces, existe la pulsión de rearmar el Ahora Madrid original al margen de Manuela Carmena, quien desde la alcaldía ha diseñado un proyecto político personal secundada por Rita Maestre, Marta Higueras y Luis Cueto. Sin embargo, la confianza depositada por Podemos en Manuela Carmena, dispuestos incluso a renunciar a los puestos de salida de una lista conjunta, venía actuando como muro de contención a las tensiones centrífugas. De ahí que la salida de Podemos de la lista de Carmena y la renuncia a Pablo Iglesias a competir con ella, es decir, la salida de la formación morada de la competición por la alcaldía de la capital haya desatado las hostilidades entre lo que antes fue Ahora Madrid. Este mismo martes, Ganemos, parte fundacional de Ahora Madrid, reprochaba públicamente en redes sociales a Más Madrid (la nueva marca de Carmena y Errejón) que se apropiara de los éxitos de la gestión municipal: “Por favor, os pedimos respeto para Ahora Madrid y si en mayo ganáis, ya tendréis tiempo de contar vuestros logros desde vuestras cuentas. Dejad de usar el trabajo de todas para vuestro beneficio, gracias”.





Políticamente, la Operación Chamartín, bendecida por el equipo de Carmena (y de la que se han revelado millonarios acuerdos secretos con banca y constructoras), muy contestada por un sector de Podemos y por IU –que ha pedido la comparecencia del ministro de Fomento, José Luis Ábalos, en el Congreso para dar explicaciones–, ha roto definitivamente la confianza de buena parte de los fundadores de Ahora Madrid en el proyecto de la alcaldesa. Bancada Municipalista, IU Madrid y Madrid 129 (donde se integran concejales que fueron desplazados de sus responsabilidades por Carmena, como Celia Mayer y Guillermo Zapata) son algunos de los movimientos fundadores de Ahora Madrid que podrían apostar por candidatura propia que compitiera con Manuela Carmena. Juntos o por separado.

Unidos podemos encabezado por Pablo Iglesias y Alberto Garzón presentan su proyecto al alternativo de presupuestos generales del Estado para el 2017
(Emilia Gutiérrez)

Mientras en Madrid la izquierda parece avanzar en un proceso de disgregación de difícil reversibilidad, Podemos enfrenta este miércoles una reunión capital del consejo ciudadano estatal. En ella la dirección va a defender su propuesta de reelaborar su oferta para las elecciones autonómicas de Madrid para luego invitar a la nueva plataforma electoral de Íñigo Errejón a sumarse. Pero el principal problema no es ese: los líderes autonómicos de Podemos están muy nerviosos. Las expectativas electorales de muchos de ellos, azotados por problemas internos, disensiones, purgas y listas impugnadas en sus territorios, ya eran más que fúnebres mucho antes de la crisis madrileña, y la salida de Errejón los ha hecho entrar en pánico. A ese repentino pavor respondía la reunión de nueve de ellos en Toledo el pasado viernes, auspiciados por José García Molina, el secretario general de Castilla-La Mancha y vicepresidente del gobierno regional merced a su acuerdo con el PSOE. Llaman a la unidad a la dirección estatal pese a que muchos han vivido en primera persona cismas y disputas de toda índole. Mayo puede ser una catástrofe para Podemos en varios territorios, y la crisis madrileña es una coartada para señalar a la dirección estatal.





Esta súbita debilidad de Podemos preocupa y mucho al PSOE, cuya fragilidad parlamentaria tiene un correlato en la precariedad de sus candidaturas al ayuntamiento y la comunidad de Madrid. Las posibilidades de sumar e impedir que se reproduzca el tripartito andaluz (PP, Ciudadanos y Vox) en la capital se debilitan. Los sondeos ya no eran prometedores antes de que Manuela Carmena e Íñigo Errejón rompieran la unidad de acción, pero ahora pintan un panorama desalentador. Carmena tiene posibilidades reales de ser primera en las elecciones, pero muy pocas de gobernar. Salvo mediante un pacto con la candidata de Ciudadanos, Begoña VIllacís, que va segunda en los sondeos mientras el PP cede terreno ante la entrada de Vox. El escritor y analista político Esteban Hernández, autor de El tiempo pervertido
: Derecha e izquierda en el siglo XXI (Akal) postulaba la pasada semana en su blog de El Confidencial que lo que está en juego es el desplazamiento del eje político, un desplazamiento que es continental: frente a la pugna izquierda-derecha, que reproduce el frente amplio que llevó a Pedro Sánchez a La Moncloa (las izquierdas junto a los partidos catalanes y vascos) como alternativa al bloque de las tres derechas auspiciadas por José María Aznar, se dibuja otro frente, el de “prosistema frente a extrema derecha”.





Es el eje macronizador: Enmanuel Macron se postuló con una oferta que aglutinaba a socialistas, liberales y conservadores moderados para detener el avance de la ultraderecha xenófoba de Marine Le Pen. La tensión de los “poderes reales” –por usar la expresión del analista electoral Jaime Miquel– que empuja al PSOE hacia Ciudadanos no ha cesado desde que en 2016 se intentara ese pacto como repuesto al PP de Mariano Rajoy, cuya reputación ya estaba arruinada por los casos de corrupción. La posibilidad de que un nuevo partido de Manuela Carmena e Íñigo Errejón, que capte el voto más centrista de Podemos y una parte del voto socialista, puede coadyuvar a ese pacto prosistema entre los socialistas y la formación de Albert Rivera: “Quizá ahí resida el amor general que muchos profesan a Íñigo, ya que permite reproducir el frente Macron contra la derecha dura por el que se apostó en Francia”, escribe Esteban Hernández.

Esa tensión no es madrileña sino estatal, pero Madrid se puede convertir en un laboratorio para el ensayo de ese frente centrista que fracasó en 2016 pero que puede cuajar en 2019 merced a la amenaza de la ultraderecha. Un bloque conservador contra un bloque de fascismo posmoderno. Para Ciudadanos, que aspira seriamente a ser primero en la región de Madrid con Ignacio Aguado y que tiene casi garantizado el segundo puesto en las municipales, el incentivo es obvio: lavar la culpa del pacto andaluz con los ultraderechistas que tan incómodos hace sentirse a buena parte de sus votantes y que provocó la airada reacción del candidato avalado por Ciudadanos a la alcaldía de Barcelona, Manuel Valls.






Los líderes territoriales de Podemos y del PSOE se revuelven ante sus pobres expectativas para mayo

De momento, el gobierno de Pedro Sánchez prefiere que España mantenga el pacto a la izquierda y en el horizonte continental permanece alineada con Portugal como alternativa al giro autoritario que recorre Europa entera. Pero, como en Podemos, también las baronías territoriales socialistas están inquietas: la iniciativa de los socialistas extremeños dirigidos por Guillermo Fernández Vara solicitando la aplicación del 155 en Catalunya es un disparo a la línea de flotación del gobierno Sánchez y también un síntoma del pavor que recorre la estructura del PSOE tras la crisis catalana, en términos muy similares a lo que está ocurriendo con los líderes autonómicos de Podemos.

Hernández vaticina que la macronización europea es pan para hoy y hambre para mañana –ahí están los chalecos amarillos como indicio de las debilidades del proyecto económico del presidente francés–, porque reproduce las políticas social-liberales, ortodoxas con los dogmas económicos de los Chicago Boys, patrocinadas en el continente por Tony Blair, unas políticas que deshilacharon la socialdemocracia europea en los últimos veinte años y que condujeron a la ruina a las clases medias y de los sistemas de protección social con la crisis financiera de 2008. Que condujeron, al cabo, al éxito del giro autoritario en Francia o Italia.


Ciudadanos puede elegir ser parte de la derecha tripartita o impulsar un eje centrista con PSOE y Más Madrid

Sin embargo, el cuadro es hoy un win-win para Ciudadanos que, si juega bien sus cartas y prospera la iniciativa de la izquierda amable de Manuela Carmena e Íñigo Errejón, podrá elegir entre formar parte de un frente reaccionario que recorra todos los espacios de la derecha –de la nostalgia del autoritarismo nacional-católico al neoliberalismo–, o bien un pacto centrista-conservador con los socialistas y Más Madrid, una oferta política con buena cara y mejores modales que no es percibida como una amenaza por esos “poderes reales” del país. Esa es la paradoja y la trascendencia de la Operación Chamartín, piedra de toque para la desafección de buena parte del movimiento ciudadano que aupó a Manuela Carmena, pero también la garantía de que los grandes intereses empresariales y financieros no tienen nada que temer de esa opción política.

He ahí otra paradoja: merced al cisma de los morados, la Nueva Gran Coalición puede ensayarse sin el PP de Pablo Casado, cada día más próximo al discurso de Vox, gracias, llegado el caso, al concurso del ala escindida de Podemos. Los de Iglesias quedarían así apartados del puente de mando de la política española.

En plena descomposición de su marco político, España recuerda que hace ochenta años ya fue trágico campo de pruebas del futuro político de Europa.




Fuente: LA Vanguardia

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