La brecha fiscal que separa a los contribuyentes que residen en Catalunya y los que lo hacen en Madrid no sólo se mantiene sino que en algunos casos se amplía. Catalunya es un año más la comunidad autónoma de España (del régimen fiscal general) donde los contribuyentes con menos ingresos pagan más impuestos. En paralelo, Madrid lidera una vez más el ranking de presión fiscal más baja en todos los tramos.

Un madrileño con rentas brutas del trabajo de 16.000 euros, soltero, menor de 65 años y sin hijos pagará 140 euros menos que un catalán, según un informe del Registro de Economistas Asesores Fiscales (REAF) del Consejo General de Economistas. Si ingresa 20.000 euros, el extra del contribuyente con residencia fiscal en Catalunya será de 241 euros, y de 308 si percibe 30.000 euros. En estos dos últimos casos, la brecha entre madrileños y catalanes se ha ampliado como consecuencia de la rebaja fiscal puesta en marcha por el Gobierno de la Comunidad de Madrid en diciembre pasado.





En cambio, en las rentas altas la presión fiscal en Catalunya no es de las más altas del Estado. Al contrario, los contribuyentes con más recursos son los quintos de toda España con impuestos más bajos.


En Catalunya una renta bruta de 16.000 euros paga 140 euros más que en Madrid

La Generalitat descarta equiparar la presión fiscal en la banda baja por el elevado impacto que tendría en la recaudación, que afectaría al pago de los servicios sociales básicos. Fuentes próximas al Departament d’Economia, que dirige Pere Aragonès, concretan que la rebaja de impuestos en 2,5 puntos a las rentas bajas para equipararlo a otras comunidades significaría un descenso de la recaudación de unos 516 millones, ya que por las características del impuesto esa reducción acaba afectando a todos los contribuyentes. Los cálculos del Departament d’Economia son que una hipotética rebaja fiscal significaría un ahorro de unos 17 euros por persona en las rentas bajas y de 259 euros en las altas.

No obstante, algunos fiscalistas consideran una anomalía que, una vez superada la crisis, los catalanes con menos ingresos sean los que más paguen por IRPF de toda España y en cambio en otras figuras tributarias que afectan más a las rentas altas, como patrimonio o sucesiones, la presión fiscal esté más cerca de la media. Según el informe del Consejo General de Economistas, en patrimonio los contribuyentes se sitúan en la tercera posición de las 15 comunidades autónomas analizadas con tributos más altos. Las forales del País Vasco y Navarra quedan fuera del estudio. En sucesiones y donaciones, la presión fiscal en Catalunya se sitúa en la banda media.





El presidente del Consejo de Economistas, Valentí Pich, cree que “es importante que los partidos políticos se pongan de acuerdo en lo que hay que hacer con la financiación autonómica”. Para Pich, ese es el punto de partida necesario para reestructurar el modelo fiscal autonómico.


La Generalitat descarta bajar impuestos en la banda baja por el impacto en la recaudación

En el sindicato de técnicos de Hacienda Gestha creen que la gestión de la política fiscal autonómica debe ser global. “No vemos bien que en una comunidad como Madrid, donde hay quejas de falta de financiación, el Gobierno baje los impuestos”, asegura su secretario general, José María Mollinedo. En diciembre pasado, la Comunidad de Madrid rebajó con carácter retroactivo el tipo mínimo del IRPF en las rentas de hasta 12.450 euros, que pasaron de pagar el 9,5% al 9%. Fruto de ese cambio, en Madrid se tributa tres puntos menos de IRPF que en Catalunya en la banda baja.

Algunos gobiernos autonómicos como el catalán han considerado dumping fiscal la política de la Comunidad de Madrid, al aplicar rebajas extremas que no pueden igualar otros territorios. Madrid puede hacerlo en parte gracias a los efectos derivados de la capitalidad del Estado, que le permite recaudar más impuestos con tipos más bajos. En Catalunya, el Departament d’Economia descartó de manera explícita hace dos semanas la posibilidad de rebajar el tipo del IRPF que pagan los más pobres. Sólo planteó una subida a las rentas altas.





En relación con determinadas rebajas en impuestos como sucesiones, Mollinedo cree que es falso el argumento de que el ahorro de tributación de un contribuyente deriva en un incremento del consumo. “Se ahorra en forma de patrimonio, no se gasta”, añade.








Fuente: LA Vanguardia

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