La Biblioteca Nacional (BN) y la editorial Planeta han llegado este jueves a un acuerdo para la cesión, con la fórmula de donación, del archivo de Círculo de Lectores, sello propiedad del gran grupo editorial español, del que anunció su cierre el pasado 7 de noviembre. Cinco representantes de la BN, entre ellos su director técnico, José Luis Bueren, y la directora editorial de Círculo de Lectores, Lydia Díaz, se han visto las caras, por espacio de poco más de una hora, en la sede de la institución. Era una reunión prevista, tras el interés que mostró la BN, a primeros de este mes, después de una información de este diario en la que se desvelaba que Planeta había enviado una carta a los gestores de derechos de escritores como Mario Vargas Llosa, Carmen Martín Gaite, Francisco Ayala o Juan Goytisolo en la que anunciaba una “operación de destrucción parcial” de ejemplares de su colección Obras Completas. Este fue uno de los proyectos editoriales más importantes de las últimas décadas en España.

La opción que dio Planeta a los gestores de derechos fue ofrecerles esos ejemplares de sus almacenes si se hacían cargo del traslado. Las editoriales tienen la obligación de notificar un proceso de destrucción de ejemplares, ya que el autor tiene derecho a que se le entreguen aquellos que van a desaparecer, según la Ley de la Propiedad Intelectual.

Hoy, tras varios intercambios de correos electrónicos, ambas partes han mostrado la misma sintonía en una reunión con cierto aire de nostalgia porque todos los presentes contaron que habían sido socios del Círculo. «Se trata de un acuerdo para salvaguardar la historia de Círculo de Lectores», ha declarado a EL PAÍS Bueren. Para ello, «se completará toda la historia editorial de Círculo, con dos ejemplares de cada título, como exige la ley de depósito legal. Ellos enviarán un listado, la próxima semana, y lo cruzaremos con lo que tenemos y así se les solicitará dos ejemplares, o uno, o ninguno. Hay que evitar tener títulos repetidos». Círculo de Lectores posee actualmente unos 25.000 volúmenes. Esta operación no incluye solo el papel, sino también «otros formatos, como en CD, varios miles de vinilos y libro digital», añade. «En todo caso, en su momento habrá que ir a ver físicamente los ejemplares».

Aparte, la donación contiene también otros papeles importantes: el archivo administrativo de Círculo de Lectores, con documentos como contratos de derechos con los autores, intercambios, una manera de acercarse a la evolución del sector editorial español en la segunda mitad del siglo XX. «Tiene gran valor», apunta Bueren, «porque los investigadores interesados podrán reconstruir no solo la historia de Círculo, sino también ver las de otras editoriales por las cartas cruzadas».

Bueren ve una excelente noticia este acuerdo «aunque, a la vez, es una pena que el Círculo cese; en todo caso es bueno que confíen en nosotros como custodios. Nuestra misión al fin y al cabo es conservar la producción bibliográfica cultural del país».

Círculo de Lectores llegó a ser el club de lectura más grande de España, con un millón y medio de socios, y pasó a manos de Planeta en 2014, cuando lo adquirió al grupo Bertelsmann, que lo había creado en 1962. A comienzos del siglo XXI Círculo empezó a entrar en declive y a perder socios. Los sucesivos ejercicios de pérdidas llevaron a Planeta a ofrecer menos libros a los lectores a cambio de otra clase de productos, desde cosmética, hasta cosas del hogar, para intentar evitar la sangría. La explicación oficial a este cambio de rumbo fue «por el cambio de hábitos de consumo de los ciudadanos ante las nuevas tecnologías».

Sin embargo, Círculo fue más que un negocio editorial. Sobre todo en sus comienzos fue una forma de llevar los libros hasta el último rincón de España, lo que permitió a miles de personas descubrir a grandes autores, obras maestras y literatura de consumo, en una época en la que aún había analfabetismo y no tantas bibliotecas públicas ni librerías como hoy. Uno de aquellos españoles fue el escritor Antonio Muñoz Molina, que recordaba en este periódico cómo era la llegada a su casa, cada tres meses, del comercial de Círculo de Lectores con las novedades editoriales: «Traía consigo como un fantástico buhonero todas las posibilidades de la lectura».




Fuente: El país

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