Los cuatro camiones salieron del almacén en la frontera, llenos con las cajas de ayuda humanitaria de la Usaid estadounidense cargadas de tanto simbolismo geopolítico. Iban camino a los dos puentes más importantes de Cúcuta o seleccionados como frente principal del llamado “cerco humanitario” que pretende desestabilizar el gobierno de Nicolás Maduro e inducir a una rebelión militar.

William Arteaga, de 22 años, venezolano de Táchira, se puso a gritar: “¡Guaidó! ¡Guaidó!”. “Habría sido mejor hacerlo ayer durante el concierto porque había más gente”, dijo en referencia al evento Venezuela Live Aid de Richard Branson, que atrajo a unas 20.000 personas al mismo lugar el día anterior. “Pero hoy es el día 23, detrás del pueblo irán los camiones”, afirmó antes de lanzarse hacia el mini convoy. Otros cientos de jóvenes opositores se subieron a los camiones, muchos sujetando rosas blancas distribuidas en la entrada del recinto. Aunque la vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez, había cerrado la frontera la noche del viernes debido a las “serias amenazas de Colombia”, William estaba convencido de que podría cruzar.






Detrás de una veintena de policías, todas mujeres, estaban los antidisturbios

Decenas de camiones salieron de las bodegas. Con ellos estaba Juan Guaidó, el líder de la oposición que se autoproclamó presidente hace exactamente un mes, y otros opositores como el diputado Lester Toledo, otro veterano de la guarimba del 2014, que se asomaba por la ventanilla animando a los jóvenes a subirse

En el puente Simón Bolívar, sin embargo, la dura realidad de la frontera se impuso. Una barrera de policías antidisturbios hacía imposible el cruce de la ayuda. Otro puente, el de Francisco Paula de Santander, parecía ofrecer mas posibilidades. En Ureña, en el lado venezolano, los jóvenes de Guaidó llevaban horas luchando con la policía antidisturbios. Una humareda negra subió del otro lado del puente. “Han quemado un autobús”, gritó un seguidor de Guaidó.


El éxito de la ‘guarimba’ parecía imposible sin una masiva deserción de las fuerzas armadas

Se habían juntado unos dos mil antimaduristas en el lado colombiano del puente, que desfilaron hacia la frontera liderados por cientos de jóvenes que llevaban chalecos azules con la frase en ingles Coalition Aid and Freedom. Luego, centenares de jóvenes desmantelaron una valla, arrancaron el alambre de espino y avanzaron por un tramo del puente peatonal ocupado por una veintena de policías venezolanas, todas mujeres, una señal del talante diplomático de Maduro al menos en esta parte de la crisis, tan mediatizada. Pero las policías se retiraron y detrás esperaban los antidisturbios. Una batalla estalló entre los duros policías venezolanos y los guarimberos (luchadores callejeros) de Guaidó. Un hombre de unos cincuenta años salió de la batalla sangrando. “¡Perdigones!”, grito.





“Empezaron hablando con los policias venezolanos, pero ahora hay pelea y gas lacrimógeno,” dijo un policía colombiano en el puente. Pero los camiones estaban parados. En el tercer puente, el de Tienditas, al lado del almacén de Usaid, los planes de desmantelar la barrea de contenedores con grúas quedaron, por el momento, en agua de borrajas.


La asistencia de líderes latinoamericanos de la derecha no ayuda a una imagen moderada

El éxito de la guarimba parecía imposible sin una masiva deserción de las fuerzas armadas. Esto, a fin de cuentas, mucho más que la llegada de una cantidad anecdótica de ayuda humanitaria dado el grado de desabastecimiento en Venezuela, siempre ha sido el objetivo principal de esta espectacular operación que ha abarcado desde Imagine all the people a Despacito, pasando por la guarimba.

Pero al cierre de esta edición solo se habían producido un puñado de deserciones. La primera noticia de la mañana desató escenas de alegría en Cúcuta cuando dos guardias de las fuerzas armadas chocaron una tanqueta contra la valla fronteriza en Ureña y se entregaron en el lado colombiano. Dos personas resultaron heridas, entre ellos una fotógrafa chilena. El Gobierno venezolano anunció que los dos militares eran “infiltrados”. En otro momento, probablemente ensayado, un militar, el mayor Hugo Parra Martínez, anunció su lealtad a Guaidó. Pero solo cinco militares de alto rango han cambiado de bando en esta crisis pese a las amenazas desde Washington.






la operación de cambio de régimen impulsada por Trump se encuentra en un momento crítico

En el otro frente de la operación, la frontera con Brasil –cerrada desde el jueves–, Guaidó anunció que había entrado un camión de ayuda. Pero fue otra falsa noticia. Si la ayuda no entra y no hay más deserciones, la operación de cambio de régimen, impulsada agresivamente por la Administración Trump, quedará en un momento crítico. No hay plan B que no sea invadir. “Volveremos a Caracas y seguiremos”, dijo lacrimosa una luchadora por Guaidó.

Pero Guaidó ha perdido activos importantes en las ultima 24 horas en Cúcuta. Se habían realizado enormes esfuerzos para transmitir el mensaje de que es un moderado frente a sus colegas radicales de Voluntad Popular, entre ellos Leopoldo López. Pero los únicos jefes de gobierno que vinieron a presenciar los acontecimientos del 23-F son de la derecha latinoamericana pura y dura: Sebastián Piñera, de Chile; Mario Abdo Benítez, de Paraguay; el colombiano Iván Duque… La presencia de Duque al frente de la operación en colaboración con EE.UU. puede hacer mucho daño a Guaidó en Venezuela, donde pretendía incorporar a la disidencia del chavismo a su asalto al poder. Cuando Maduro anunció ayer que había roto relaciones diplomáticas con Colombia, hasta en Cúcuta parecía una decisión comprensible. Ni tan siquiera se sabe como Guaidó, que salió ilegalmente de Venezuela para ir a al concierto de Aid Live, va a regresar.








Fuente: LA Vanguardia

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