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La atracción entre el poder y la gloria

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Si Nicolás Sarkozy pudo, por qué Albert Rivera no podría. La relación, aún no admitida oficialmente entre el presidente de Ciudadanos y la cantante Malú, supone el enésimo ejemplo de cómo el poder gusta de emparejarse con la gloria y cómo hombres (aún no hay suficientes mujeres con poder político como para elaborar estadísticas) que, en una vida anónima sólo las visitarían en sueños, logran ser vistos como galanes por las señoras más deseadas.

El expresidente francés consiguió enamorar a la modelo y cantante Carla Bruni, cuya lista de ex no le acomplejó lo más mínimo. Pequeño, pero matón, Sarkozy conoció personalmente a la modelo en una cena con amigos comunes. Que él cayera rendido era previsible pero, en realidad, fue ella quien quedó fascinada, como confesó años después: “El flechazo fue inmediato. No me esperaba alguien tan divertido, tan vivo. Su físico, su encanto, su inteligencia me sedujeron. Tiene cinco o seis cerebros increíblemente irrigados”.






Nicolás y Carla

El expresidente francés y la modelo y cantante llevan casados once años y tienen una hija

La duda, en este caso y similares, es si Bruni hubiera quedado igualmente fascinada si Sarkozy en vez de ser presidente de la República Francesa hubiera sido profesor de instituto. Pero ahí siguen enamorados once años después de la celebración de su boda y con una hija en común, Giulia Sarkozy, nacida en el 2011. No ha durado tanto el matrimonio del expresidente de México Enrique Peña Nieto . El político se casó en vísperas de la campaña electoral con la actriz de telenovelas Angélica Rivera . Algunos dicen que fue un montaje pero quienes les conocen afirman que Peña Nieto , de tamaño y estilo, a la mexicana, claro, parecidos a Sarkozy, quiso emular al presidenta galo casándose con una celebridad. Al final, el matrimonio ha durado lo que duró el sexenio presidencial, pero la unión ha sido beneficiosa para ambos. Él buscaba gloria y ella, poder.


Enrique y Angélica

El matrimonio entre el expresidente de México y la actriz de telenovelas ha acabado

La erótica del poder existe, de lo contrario no se entendería el éxito que tuvo en su día Alfonso Guerra, que ligaba mucho más que Felipe González, que pasaba por ser el guapo, aunque no tanto como Pedro Sánchez. El actual presidente del Gobierno no ha tenido ningún empacho en reconocer en su libro Manual de resistencia que su guapura fue un hándicap que se antepuso a su verdadero yo. Para darse a conocer hizo de todo, incluso entrar por teléfono en el programa Sálvame, donde ahora, se siente, prefieren hablar del idilio de Albert Rivera y Malú. Los de Sálvame no se casan con nadie.






Maú y Albert

El romance entre el presidente de Cs y la cantante ha conmocionado más a la vida social que la política









Fuente: LA Vanguardia

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