Los policías no daban crédito. El caso resultaba insólito. Lo que empezó con un turista británico corriendo descalzo por las calles del centro de Málaga acabó con la detención inesperada de una anciana con un largo historial de robos. Fue la de Josefa (nombre ficticio), una mujer de 76 años, sin apenas dentadura, aspecto de desvalida y que se mostraba desorientada. “¿Dónde estoy? ¿Qué hago en comisaría?”, preguntaba a los miembros del Grupo de Robos de la Policía Nacional.
El papel que interpretaba estaba haciendo dudar a los agentes, a quienes dio un nombre falso. Quizás era una mujer perdida a causa del alzhéimer. Pero cuando le tomaron las huellas la sorpresa fue mayúscula: acumulaba 40 detenciones desde los años setenta con ocho identidades diferentes. “Casi nos la cuela”, destaca un inspector de la Policía Nacional.

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Fuente: El Pais

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