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Kevin Johansen: «Me encanta desdecirme»


Kevin Johansen jamás contesta con un monosílabo, como buen argentino. Aunque él realmente no es argentino. ¿Pero quién al oírle hablar puede poner en duda que lo es? Bueno, puede cuestionarlo cualquiera que le escuche cantar en inglés. Con Johansen, el juego de las identidades está siempre abierto y puede que para comprenderse mejor a sí mismo haya publicado un disco, «Mis Américas», con canciones en tres idiomas (castellano, portugués e inglés) y un atracón de géneros, de la bachata al country, que radiografían el continente. Su continente. Lo presenta en Barcelona (17 de noviembre), Valencia (30), Murcia (1 de diciembre) y Sevilla (2).

–Es una revisión enciclopédica de América.

–Es el equipaje que había en casa porque mi madre era argentina pero fue empujada al polo, literalmente. Pero no al sur, sino al norte. Conoció a mi padre en Denver (Colorado) estudiando y mi viejo no quería ir a Vietnam, así que se acogió a una cláusula de objeción de conciencia y le enviaron a Fairbanks, Alaska, a hacer papeles tres años para el gobierno.

–Usted nació allí.

–Solo tengo un recuerdo blancuzco, porque allí nací pero apenas estuve tres años y medio. Sin embargo, la maleta ya contenía de todo porque mi madre era una melómana y una intelectual. Llevaba el folk del norte porque le gustaba Joan Baez, Dylan y los Beatles obviamente. Pero también acarreaba el boom del folclore del sur, de Argentina, Uruguay y Chile, que era todo muy revolucionario. La broma en casa es que mi madre era antiimperialista y se casó con un gringo. Aunque era un gringo democrático, de buenas ideas. Pero además mi madre era de origen ibérico, de todo el norte de España: tenía antecedentes vascos, gallegos, catalanes y de Castilla y León. Así que también la canción española está en mi educación. Ahora todo se redondea en este álbum.

–¿Dominaba ya todos los géneros que aparecen en el trabajo?

–Todo estaba dentro y tímidamente en mi juventud. En Argentina en los 80 tuve un grupo con 15 segundos de fama y llegaron mis primeros tropezones en la música, que son de rigor. No estaba preparado y era un poco capullo, como dicen aquí, pero iba aprendiendo. En los 90, con 25 años, me instalé en Nueva York y aprendí en el icónico CBGB. Allí, el mítico Hilly Kristal fue mi mentor en un momento justo y me enseñó que yo tenía dos culturas y que debía hacerme cargo. Me dijo que hiciera canciones en español y que me atreviese a hacer un tango en inglés. Yo pensaba: «Si hago eso, me matan en Argentina». Pero algo quedó, me empujó a jugar con el material de casa y a no tener pudor. Creo que parte de la tarea del escritor de canciones es conjugar sonoridad y el sentido, jugar con las palabras.

–Rinde homenaje a Quino en un verso en inglés que dice: «Paren el mundo, que me quiero bajar».

–Me encanta parafrasear. A Calamaro le contesto: «¿Quién dijo que del amor no se puede vivir? ¿Quién pudo haber dicho algo así? Si yo vivo del amor desde antes que nací y gracias al amor estoy aquí». Luego, a Fito Páez también, porque una vez dijo: «Es solo cuestión de actitud», y yo le contesté que «no es solo una cuestión de latitud». Pero también me encanta desdecirme, porque una vez canté que «mixture is the future», porque estaba haciendo muchas mezclas de géneros y luego me di cuenta de que no es así: «mixture is the past». Yo vengo de la mezcla de sangres y confluencias. Es bueno desdecirse. Whitman decía: «Me contradigo. Y qué. Contengo multitudes».

–Canta que no hay ciego peor que el que no quiere oír.

–En esa bachata hablo de un episodio histórico en Argentina de un presidente en los años 20 que se llamaba Irigoyen. Era un tiempo en el que solo había malas noticias y por eso a él le entregaban un periódico inventado cada día para que no leyera la realidad. Quedó lo de «diario de Irigoyen». A veces nos ponemos las orejeras de los caballos para ir en una dirección.

–Después de este viaje, ¿le da importancia a su identidad?

–Parafraseando al gran Facundo Cabral, que decía «no soy de aquí ni de allá», yo digo «soy de aquí y soy de allá». En positivo. Este es un disco que celebra las diferencias en un vasto territorio como son las américas donde nos une el español, que se habla en EEUU y en Canadá, y esa es la clave de lo que busco, celebrar diferencias, la empatía, reírnos, comparar las palabras y encontrar cosas en común de los idiomas y las formas de pensamiento.




Fuente: La razon

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