Ana Julia Quezada, esta mañana a su llegada a la Audiencia Provincial de Almería. Fermín Rodríguez

El pequeño Gabriel Cruz pudo estar agonizando entre 45 y 90 minutos desde que su presunta asesina, Ana Julia Quezada, le propinase los primeros golpes y transcurrido ese tiempo, le asfixiara. Contundente, Francisco Torres, el abogado de la familia del niño, ha captado la atención en la primera sesión del juicio este lunes en la Audiencia Provincial de Almería. La presencia de hemorragia y edema en el cerebro del pequeño de ocho años muestra, según los informes de los forenses contratados por la familia, que estuvo vivo el tiempo suficiente como para que sus órganos reaccionaran así a los golpes. El letrado proclamó la “falta de escrúpulos total” de la acusada y destacó la alevosía con la que Quezada, entonces pareja del padre del niño, lo mató.

Y cómo, ella, tras golpearlo en repetidas ocasiones, “se fumó unos cigarros, pintó una puerta y, transcurrida una hora, vio que aún respiraba y entonces lo asfixió”. Al lado de sus abogados, Quezada negaba con la cabeza. Hasta entonces se había mantenido inmóvil, las piernas enlazadas, enjugándose las lágrimas con un pañuelo de papel.

“Gabriel pudo salvarse en esa hora con apenas una llamada a los servicios de emergencias”, aseveró Torres, un hombre de melena blanca que, sin un papel sobre la mesa, comenzó su discurso diciendo que no ha habido un día en este año y medio que no haya hablado con Ángel Cruz y Patricia Ramírez, los padres del niño. Insistió en que “no hay nadie tan rematadamente malo como la acusada”. Además, afirmó que existen dos motivos para lo sucedido. El primero, económico: “La finca [de Rodalquilar, donde murió y fue enterrado el pequeño] valía cerca de 500.000 euros”. El segundo, “que Gabriel le estorbaba porque el padre estaba mucho tiempo con él”.

Ana Julia Quezada, acusada de matar al pequeño Gabriel en Rodalquilar (Almería), no declarará hasta este martes. El juicio tenía previsto arrancar a las diez de la mañana de este lunes, pero se ha iniciado más tarde tras retrasarse la elección del jurado popular, que finalmente ha quedado conformado por siete mujeres y dos hombres. No fue hasta pasada las 12.30 horas cuando empezaba finalmente el proceso con la lectura de los escritos de la acusación y defensa para, más tarde, escuchar los informes previos de las partes y que éstas se dirigieran por primera vez a los miembros del jurado.

Vestida de blanco, aunque cubierta con una chaqueta oscura, el pelo alisado en media melena, esposada y con gesto serio. Así, con un aspecto formal, ha entrado Quezada a la Audiencia unos minutos antes de las nueve de la mañana. Dentro de la sala, se ha mostrado en todo momento seria. Ha escuchado con atención el relato de los hechos que se juzgan, realizando comentarios constantes a su abogado, Esteban Hernández y a María Gámez, letrada que también trabaja en su defensa. Ella misma confesó a la Guardia Civil ser la autora de la muerte de Gabriel, en una finca que la acusada estaba arreglando junto a su expareja y padre del menor, Ángel Cruz. La acusación particular -realizada por el abogado de los padres- y la Fiscalía solicitan prisión permanente revisable.

Ana Julia Quezada, durante la primera sesión del juicio. Fermín Rodríguez

En el auto de señalamiento del juicio oral, la presidenta del tribunal, Alejandra Dodero, exponía los hechos. El 27 de febrero de 2018, Quezada sorprendió al pequeño cuando iba a jugar con sus primos cerca de la casa de su abuela en Níjar (Almería); lo convenció para que subiese al coche y la acompañase a pintar la finca de Rodalquilar. Ahí, encontrándose el niño —»inocente, confiado»— totalmente desprevenido, la acusada lo cogió, “lo golpeó reiteradamente con violencia y con sus manos le tapó la nariz y la boca hasta provocar su fallecimiento por asfixia”. Después, cavó una fosa con una pala que había llevado días atrás y metió el cuerpo del pequeño. No cabía el brazo izquierdo y trató de cortarlo con un hacha, que solo consiguió romperle los huesos. La acusada declaró a la Guardia Civil que el niño se enfadó y la atacó con una especie de hacha. Entonces ella lo golpeó con la parte roma de esa herramienta dejándolo inconsciente. Y que, asustada, lo estranguló y lo enterró.

La fiscal Elena Fernández, en sus primeras palabras hacia el jurado, ha insistido especialmente en solicitar a quienes lo conforman que “se abstraigan” de toda la información recibida por parte de los medios de comunicación. “Pido que valoren únicamente las pruebas que van a presenciar en esta sala. El juicio oral se va a celebrar realmente aquí”, subrayaba la representante del Ministerio Fiscal, que acusa a Quezada de un delito de asesinato y dos delitos de lesiones psíquicas a los padres del menor.

Finalmente, Esteban Hernández, abogado de Quezada, solicitó al jurado “poner cordura” ante el “trágico asunto”. Y se centró en destacar la que es la principal línea de defensa: que Ana Julia nunca programó acabar con la vida del menor. “Es la cuestión fundamental. Si la intención que ella tenía era matarlo o lo que quería era acallarlo”, afirmó Hernández, que relató que, desde su punto de vista, los informes forenses dejan claro “que no hay golpes anteriores” y que todas las pruebas concuerdan con el relato de la confesión que Quezada hizo ante la Guardia Civil. “Entendemos que su intención no era ocasionar las lesiones”, insistió el letrado, basándose en que la muerte de Gabriel no fue buscada, sino casual. Y que el comportamiento posterior de su defendida fue “desafortunado” pero “muy común: “Cuando se hace algo mal, no se proclama”. “¿Cómo se le dice a tu pareja que has matado a su hijo?”, se preguntó el abogado. Por ello, cree que Ana Julia Quezada debe cumplir una pena máxima de 15 años por haber cometido un homicidio imprudente.




Fuente: El Pais

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