“Aquel día íbamos a realizar una de las últimas pruebas al A400M que se iba a entregar a Turquía semanas después. Era un sábado y el despegue fue normal. Cuando apenas llevábamos unos minutos en el aire tres de los cuatro los motores fallaron. Los pilotos buscaron volver al aeropuerto, pero ante el peligro de que nos estrelláramos en un centro comercial repleto de gente intentaron tomar tierra en un campo de cultivo”, recuerda hoy José Luis de Augusto, ingeniero de vuelo en aquel gigantesco avión militar, que Airbus ensambla en Sevilla.

La desgracia hizo que la aeronave chocara con un tendido eléctrico y se precipitara al suelo. Casi de inmediato, las llamas devoraban el avión. Dos ciclistas que pasaban por la zona y un agricultor se lanzaron al aparato, con grave peligro para sus vidas. Milagrosamente, dos de los seis integrantes de la tripulación estaban vivos, pero con tremendas heridas: el ingeniero De Augusto y el mecánico Joaquín Muñoz. Los otros cuatro tripulantes habían muerto.






“El accidente cambió mi vida, pero estar en una silla de ruedas no ha cambiado la persona que era”

De Augusto sobrevivió, pero se fracturó cinco vértebras, una de las cuales afectó al canal espinal y le paralizó las piernas, sin posibilidad de recuperación. Condenado a una silla de ruedas durante el resto de su vida. Pasó siete meses en el hospital y otros tantos en una unidad de rehabilitación y recuperación.

Cuando se van a cumplir cuatro años del accidente, ocurrido en mayo del 2015, José Luis de Augusto ha vencido todas las dificultades, propias y ajenas, y se ha convertido desde hace un mes en el primer piloto parapléjico español. Nadie lo había conseguido antes, ni nadie se lo había propuesto con el tesón de este joven ingeniero, que va a cumplir 36 años en julio y que ha sido padre de una niña hace un año.

“Yo me desmayé enseguida y desperté ya en el hospital”, señala De Augusto a este periódico. “Después supe que alguien me había arrastrado fuera del avión”, asegura este apasionado de la aviación que, además de piloto, quiso estudiar ingeniería aeronáutica, “porque lo de ser piloto se me quedaba corto, tal es mi pasión por los aviones”. “Si hubieran fallado dos de los cuatro motores hubiéramos podido volver y aterrizar sin problemas. ¿Quién iba a pensar que iban a congelarse tres de los cuatro motores? Incluso estadísticamente era casi impensable que pudiera suceder”, rememora.


Lograr el permiso de Aviación Civil fue lo más duro






“El accidente cambió mi vida, pero el hecho de estar en una silla de ruedas no ha cambiado la persona que era, los sueños que tenía. Ahora lo hago desde otra perspectiva, como es lógico, pero ¿por qué no voy a poder seguir disfrutando con mi pasión por volar y enseñar lo que sé a otras personas en mi situación. En el aire soy libre, no me siento un discapacitado”, asegura.

De Augusto había perdido toda esperanza en poder volar de nuevo, pero el milagro se produjo. Sus compañeros en Airbus le tenían reservada una gran sorpresa el día que le ofrecieron una fiesta de despedida, tras la declaración de gran invalidez. Un piloto parapléjico italiano había volado con su avioneta desde Verona para hablar con él y enseñarle cómo lo había conseguido. “En España hay una asociación, Sillas Voladoras, donde los discapacitados pueden volar, pero sin motor. Para aviones de motor sólo en Suiza hay una asociación de pilotos discapacitados. En Italia está Paolo, mi ángel, y en Francia una chica que además hace piruetas”, recuerda con admiración.

Poco a poco las piezas fueron encajando. El Real Aeroclub de Sevilla le ofreció una avioneta Piper PA-28-161 Warrior II de un motor que, además, podía adaptarse a sus necesidades. Le hicieron gratis un kit adaptado que básicamente es un cilindro plegable con el que puede manejar los pedales con la misma mano con la que controla el motor.





Lograr el permiso de Aviación Civil fue lo más duro. “Lógicamente antes de dar la licencia se tienen que pasar unas pruebas de aptitud muy duras. Aptitud técnica y aptitudes físicas. Hasta ahora nadie había planteado a las autoridades aeronáuticas una petición como la mía. ¿Pero si en Europa es posible, por qué no iba a serlo en España?”. José Luis de Augusto ha ido superando pruebas y exámenes en los que demostró en la práctica que era capaz de pilotar el avión.

Ahora quiere que en esta nueva oportunidad que le ha ofrecido la vida pueda ayudar a otros que pasan por su situación. Va a crear la primera escuela de pilotos discapacitados en España, una iniciativa para la que ya cuenta con el interés de muchas personas. “Siento que se ha invertido mucho tiempo y dinero en mi preparación y sería egoísta que eso me lo quedara exclusivamente para mí. Así que vamos a crear esta escuela, que será sin ánimo de lucro”, asegura.

Pilotar una de las etapas de la vuelta al mundo en avión adaptado y volar en un aparato de la II Guerra Mundial en las conmemoraciones del Desembarco de Normandía son sus próximos proyectos. “Sin miedo, porque las estadísticas dicen que la posibilidad de sufrir dos accidentes de avión en la vida es muy escasa”, señala con una sonrisa, mientras repite lo que se ha convertido en el lema de su vida: “Cuantas menos barreras nos pongamos, y nos pongan, mejor para todos”.








Fuente: LA Vanguardia

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