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Jonas Kaufmann, a la tercera…


Había ganas, muchas después de que cancelase por motivos de salud en dos ocasiones el año pasado (en enero y noviembre). La primera vez que Jonas Kaufmann pisó el escenario del Teatro Real fue un lejanísimo 1999. ¿Quién era ese tenor de pelo ensortijado? Su oportunidad en Madrid le llegó al tener que sustituir a Zoltan Todorovich, al que una afección vocal impidió interpretar el papel titular de “La clemenza di Tito”, de Mozart. Casi veinte años después, en los que el tenor ha pasado a convertirse en una de las grandes voces del siglo XXI, vuelve a Madrid. Vestía de negro, con una traje de tela brillante y chaleco y corbata y zapatos de cordones de color corinto. El programa estaba compuesto por arias de ópera de compositores franceses -Camille Saint-Saëns, Charles Gounod, Georges Bizet, Jacques F. Halévy y Jules Massenet- en la primera parte, y arias wagnerianas de “La Valquiria”, “Los maestros cantores de Núremberg” y “Lohengrin”, en la segunda, que dominó desde el principio, pues prácticamente ha colgado “La valquiria” en Múnich para cumplir con el coliseo madrileño, es decir, que tiene la voz bien entrenada para ello. Y él, generoso, ha querido agradecer ovaciones y regalos (flores, una bolsa que escondía un presente, seguro) con tres propinas. Y una larga ovación que le ha dejado bastante satisfecho. Una vez acabado el concierto pudo disfrutar de la vista del Palacio Real desde la terraza del coliseo. Eso solo lo hay en Madrid. Digamos que hubo flechazo y que volver, vuelve. No nos equivocamos, no. Mañana le toca el turno a otro coloso, o ¿sería más correcto decir “el coloso”? Plácido Domingo, después de dar nombre a un Airbus el lunes se ha preparado para las funciones en concierto de “Thaïs”, de Massenet, donde dará vida al monje Athanael y compartirá cartel con otro estrellón, Ermonela Jaho, quien el año pasado cerró también temporada en el Teatro Real y se llevó el triunfo a manos llenas con una soberbia e inolvidable Cio-Cio San en “Madama Butterflly”. Pero eso será ya mañana. Y volveremos a escribir. Y seguro que será una noche de muchas emciones. Y de aplausos, como siempre que está el maestro de por medio.




Fuente: La razon

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