En verano, Jakob Ingebrigtsen tenía 17 años, una presencia internacional relativa y un par de hermanos mayores, Henrik y Filip, que corrían mucho. Hasta el momento, más que él.

O eso se creía.

Luego, en agosto, todos nos fuimos al Europeo de Berlín. Y allí vimos cómo Jakob Ingebrigtsen arrollaba a todos sus rivales. A todos, incluidos sus hermanos. Y así lograba el doblete continental 1.500-5.000, aquello que nadie había hecho antes. Y nadie es nadie. Ni Zatopek, ni Viren, ni Coe, ni Cacho, ni Farah.

Y entonces, los escépticos salieron a escena. Se llevaron las manos a la cabeza. Se preguntaron a dónde iba este muchacho precoz. Dijeron que su padre, Gjert, el visionario noruego que había puesto a esquiar y a correr a sus siete hijos –y ahí siguen cuatro de ellos–, estaba quemando a los muchachos. Insinuaron prácticas ilegales, basándose en no sé qué. Consideraron que Jakob no iba a llegar a ningún sitio. Que estaba superando etapas muy deprisa.





Y entonces apareció Arturo Casado, el último oro europeo de los 1.500 m que ha dado nuestro atletismo (2010), y dijo:

–¿Cómo que Jakob no llegará a ningún sitio? ¡Si ya ha llegado! ¿Recuerdan a alguien que haya hecho ese doblete antes? Eso ya justifica más que una carrera deportiva…

Y así se zanjó el debate.

O no.

Por si había dudas, el adolescente quiso rematarlo todo ayer. Esta vez, en Glasgow. Fue una intentona. Y un fiasco relativo. Al menos, para él: se quedó a medio camino. Marcin Lewandowski (31) se le coló en los últimos 200 m y le cortó la fiesta.

Marcin Lewandowski se lleva la medalla de oro en los 1.500m
(Ian Macnicol / Getty)

Jakob Ingebrigtsen, que había ganado los 3.000 m en la víspera, tuvo que conformarse ahora con la plata. Fue una carrera táctica, bastante sucia, resuelta en 3m42s85 (el tiempo de Lewandowski), con el 3m43s23 de Ingebrigtsen y el 3m44s39 de Jesús Gómez, bronce, otro que hizo historia.

El 1.500 m de nuestro país llevaba tiempo necesitando un puñetazo en la mesa. Antes habían estado González, Abascal, Cacho, Cañellas, Redolat, Estévez, Higuero… (iban 18 podios). Pero ninguno más desde el 2011, aquel oro de Olmedo.





Gómez lo corrigió ayer:

–Conozco nuestra historia. Pero nunca noté la presión. Siempre he estado muy tranquilo –contaba.

Tan tranquilo estaba, que se atrevió a plantarle cara a Ingebrigtsen, el personaje que buscaba aquello que nadie había hecho antes. Nadie, en 48 años de historia de atletismo en sala. En 35 ediciones: el doblete 1.500-3.000. Los amantes del atletismo llevaban días aplaudiendo la llegada del mesías. Sin Bolt, y con Farah desaparecido de las pistas, todavía la IAAF esperaba un heredero con cara y ojos.

Aquí lo tiene.

Más o menos.

Esta vez, Jakob Ingebrigtsen iba sin escuderos. Sin su hermano Henrik (28) limpiándole la carrera como lo había hecho en la final de los 3.000 (el trabajo oscuro de Henrik fue premiado entonces con un bronce). Y sin Filip (25), descalificado en la semifinal de los 1.500 tras pisar el interior de la cuerda.

El podio de los 1.500m. con Jakob Ingbrigtsen, Marcin Lewandowski y Jesús Gómez
El podio de los 1.500m. con Jakob Ingbrigtsen, Marcin Lewandowski y Jesús Gómez
(Ian Macnicol / Getty)

Ese infortunio, el de Filip, es la consecuencia de la pista cubierta, una experiencia tan agobiante como la de ponerse a correr en el dormitorio. Resuenan el suelo y los ecos del público. Los atletas forcejean por un centímetro. No hay espacio por donde meterse. La recta acaba enseguida y la curva está peraltada. No hay tiempo para adelantar. Las vueltas pasan deprisa.





Qué agobio.

En ese agobio, Jakob Ingebrigtsen quiso ganar como quien trota por la campiña escocesa.

La aventura se le hizo larga.

El ritmo fue cansino, sobre 2m35s el kilómetro, y entonces Jesús Gómez tomó la cabeza y Lewandowski, la estela de Ingebrigtsen. Sabe mucho, Lewandowski, Lleva diez años recogiendo medallas en Mundiales y Europeos. Pertenece a la escuela polaca. Son tácticos, especuladores.

–Yo solo quería estar bien colocado –dijo Gómez.

A dos vueltas, Ingebrigtsen aceleró. Y Lewandowski, detrás. En la campana, el polaco sacó una marcha más. Por primera vez en meses, el niño Ingebrigtsen se quedó sin recursos.

Y Glasgow, sin su gran historia.

O no.

Porque poco después, era Laura Muir quien firmaba el doblete 1.500-3.000 m, al ganar la distancia más corta. El segundo de su carrera, tras el de Belgrado 2016. Es británica: el público enloqueció.








Fuente: LA Vanguardia

A %d blogueros les gusta esto: