La tensión se ha disparado este domingo en la frontera entre Israel y Líbano tras un ataque con varios misiles antitanque reivindicado por Hezbolá contra una base israelí. La milicia chií libanesa ha asegurado en un comunicado que había destruido un vehículo militar y que sus ocupantes habían resultado “muertos o heridos”.

El Ejército israelí ha confirmado que habían sido alcanzados “algunos objetivos” en sus posiciones próximas a Yarom y Avivin, en el norte del país, sin precisar si se habían registrado bajas. La artillería de Israel ha respondido al ataque con disparos contra el lugar desde donde fueron lanzados los misiles anticarro, cerca de la localidad libanesa de Marun al Ras, próxima a la frontera. Poco después, la aviación israelí ha comenzado a golpear posiciones de Hezbolá en el sur de Líbano.

Los habitantes de las poblaciones israelíes fronterizas han recibido la orden de trasladarse a los refugios antibombardeo. El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, se ha reunido de inmediato con los responsables de la seguridad nacional y ha advertido de que “Líbano va a pagar un precio por el ataque”.

Ante las amenazas lanzadas contra Israel en los últimos días por el líder de Hezbolá, Hasán Nasralá, el Gobierno hebreo había avisado de que haría responsable al Ejecutivo libanés y al Ejército del país vecino de todas las agresiones. Mientras Netanyahu preparaba la respuesta militar con el Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, el presidente de Isarel, Reuvin Rivlin, intentaba tranquilizar a la población del norte del país. “Quienes intentan dañarnos deben saber que estamos preparados para defender sin vacilación a los ciudadamos de Israel”.

Hezbolá había asegurado en un comunicado que a las 16.15 (una hora menos en la España peninsular) sus fuerzas “alcanzaron una vehículo blindado cerca de Avivim”. Hace una semana, Israel mató a dos de sus milicianos en un bombardeo al sur de Damasco para desbaratar un posible ataque con drones iraníes en los Altos del Golán, territorio ocupado por Israel desde 1967. Poco después, dos drones con explosivos causaron daños en un barrio del sur de Beirut, frente a unas oficinas del partido-milicia proiraní. El primer ministro libanés, Saad Hariri, pidió a Estados Unidos y Francia que intervengan para detener la escalada bélica con Israel.

La Fuerza Interina de Naciones Unidas para Líbano (FINUL), que ejerce como fuerza de interposición en la frontera líbano-isarelí, elevó el nivel de vigilancia desde hace una semana. Más de 10.000 cascos azules, entre ellos 600 españoles, participan en el despliegue de Naciones Unidas tras la guerra de 2006, que se cobró la vida de 1.300 libaneses y de 165 israelíes en 33 días de combates.




Fuente: El Pais

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