El final será pavoroso. Pero ahora prepare todo con la ilusión que surge de la ignorancia. Convénzase de que lo hace por amor. Dígase que es una manera —adulta, racional— de que las cosas vuelvan a su cauce, de que escucharlo regresar a casa —el ruido conmovedor de la llave en la puerta, la forma en que él la abre como si temiera atropellar a alguien al otro lado— sea, como solía ser, la mejor parte del día.

Seguir leyendo.




Fuente: El país

A %d blogueros les gusta esto: