El líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, el pasado viernes. En video, Irene Montero: «Sánchez debe reabrir las negociaciones». EMILIO NARANJO (EFE) / VÍDEO: QUALITY

Pablo Iglesias no quiere dar por rotas las negociaciones con el PSOE ni por fallida la investidura de Pedro Sánchez que se vota la semana próxima. Ahora bien, el líder de Unidas Podemos no está dispuesto a ceder en su pretensión de un Gobierno de coalición ni en que él deba formar parte de ese gabinete. Iglesias se ratificó este martes en que el PSOE no puede “vetar” a miembros de su dirección ni a él mismo, porque hacerlo sería “una falta de respeto” a su partido. A cinco días de la celebración de la sesión de investidura, el Gobierno se centra ya en el discurso del presidente y no prevé más negociaciones con su socio preferente.

Pablo Iglesias se niega a aceptar la última oferta del presidente en funciones: incorporar al Gobierno socialista a ministros de Unidas Podemos de perfiles profesionales, lo que le excluye a él mismo. El líder de Unidas Podemos se ratificó en que quiere entrar en el gabinete de Pedro Sánchez y en que no contempla ceder en ese punto. Y, aunque intentó no ofrecer una imagen derrotista y de ruptura, al final tuvo que admitir la posibilidad de que la investidura fracase porque él descarta a moverse de su posición y tampoco parece que Sánchez vaya a hacerlo.

Un día después de que el presidente en funciones diera por rotas las negociaciones con su socio preferente, Iglesias apareció en televisión sin moverse ni un ápice de su postura. En una entrevista en La Sexta, insistió de múltiples formas en que tanto él mismo como miembros de la dirección de su partido tienen derecho a poder entrar en el Gobierno de Pedro Sánchez. Y que esa es su última posición negociadora con el PSOE. “No vamos a aceptar, creo que lo van a dejar claro los inscritos, ningún veto. A partir de ahí, será Podemos quien decida quién esté [en el Gobierno]. ¿A mí me parece que yo podría jugar un papel? Por supuesto que sí. A las órdenes del presidente”, afirmó. Cree Iglesias que el PSOE no puede “vetar” a ningún miembro de su partido, pero cuando el periodista le señaló que entonces estaba diciendo que él decidía los ministros de Pedro Sánchez, rectificó y contestó que no, que eso “se negociaría” con los socialistas.

Sin embargo, Iglesias evitó una y otra vez —a reiteradas preguntas— afirmar que está dispuesto a dar un paso atrás y no formar parte del gabinete de Sánchez para facilitar el acuerdo con el PSOE. Por primera vez, dejó al descubierto de forma más clara que esa pretensión es la clave para llegar un acuerdo. ¿Es una condición sine qua non que usted se siente en el Consejo de Ministros?, se le preguntó. En su respuesta dio a entender perfectamente que sí. “¿Te imaginas decirle a cuatro millones de ciudadanos [por los votantes de Podemos, 3,7 millones]: al que habéis votado vosotros, no? Se está faltando al respeto a esa gente. Imagina que dijéramos nosotros que con Pedro, no”. “Sería una falta de respeto”, abundó, “por lo tanto, nos guste más o menos, tenemos que respetar quien ha elegido el PSOE”.

Iglesias sostiene, en todo caso, que su presencia en el Gobierno de Sánchez no es el escollo que impide el acuerdo, porque el presidente en funciones nunca le ha dicho en privado que tenga un problema con su participación. “A mí Pedro Sánchez no me ha planteado ningún veto en ninguna mesa”, defendió.

Pero esa conclusión se infiere de la propia oferta del líder del PSOE: cuando el jefe del Ejecutivo le propone que puedan ocupar carteras sectoriales afiliados de Podemos con una especialización clara, está excluyendo a Iglesias o a miembros de su dirección de perfil político. “Eso es defender una visión tecnócrata contraria al espíritu de la democracia”, se quejó el líder de Podemos. El Gobierno argumenta, por el contrario, que el problema son sus discrepancias con Iglesias en los grandes asuntos de Estado, como el conflicto catalán, hasta el punto de que Adriana Lastra, portavoz parlamentaria del PSOE, expresó que la coalición con Podemos daría lugar a “un Gobierno en paralelo” o “dos Gobiernos en uno”, dijo a última hora en el Congreso.

El tono entre los potenciales socios ha subido varios enteros en las últimas horas, lo que sugiere que ambos dan por perdida la investidura de la semana que viene, aunque Iglesias se resista a reconocerlo. “Yo no quiero tirar la toalla. No quiero entender que es una investidura fallida. Yo creo que [Sánchez] se equivocó cuando dijo doy por rotas las negociaciones. Alguien que recibe el encargo del Rey no puede dar por rotas las negociaciones con su socio de izquierdas para ir a buscar a la derecha”, se quejó. Pero, al mismo tiempo, no pudo descartar que Podemos termine votando que no el martes que viene, porque eso lo van a decidir sus bases en la consulta que ya está en marcha.

Esa consulta a los inscritos de Podemos sobre la posición en la investidura, lanzada el jueves pasado, es la que ha “dinamitado” la negociación, según el PSOE. Podemos ha planteado a sus bases, a través de su página web, una pregunta con dos opciones. La primera dice: “Para hacer presidente a Pedro Sánchez, es necesario llegar a un acuerdo integral de Gobierno de coalición (programático y equipos), sin vetos, donde las fuerzas de la coalición tengan una representación razonablemente proporcional a sus votos”. Y la segunda: «Para hacer presidente a Pedro Sánchez (ya sea mediante el voto a favor o la abstención), basta con la propuesta del PSOE: un Gobierno diseñado únicamente por el PSOE, colaboración en niveles administrativos subordinados al Gobierno y acuerdo programático”.

Al presidente esos planteamientos le parecieron “una gran mascarada” y una pregunta trampa dirigida a favorecer los intereses de Iglesias de entrar en un Ejecutivo de coalición. Podemos la defendió ayer: Irene Montero, portavoz parlamentaria, sostuvo que la pregunta le parece “clara, transparente y honesta” e Iglesias afirmó que no la retirará. La votación termina este jueves.

El Gobierno da muestras ya de asumir que la investidura fracasará. La vicepresidenta, Carmen Calvo, reconoció que el presidente está centrado en su discurso y no se prevén nuevas negociaciones. Solo está prevista una ronda telefónica con los líderes de los tres grandes partidos —Unidas Podemos, Partido Popular y Ciudadanos— para pedirles que se abstengan. “Todo apunta a que el señor Abascal y el señor Iglesias vayan a estar en la misma posición”, aventuró Calvo después de afear a Iglesias que solo haya hablado de cargos y respondiera a la última oferta “con una consulta trucada”.

Aunque aún resten cinco días para la primera votación —y salvo sorpresa de última hora— el PSOE y Podemos se han lanzado a la batalla por culpar al otro de la responsabilidad del fracaso. Iglesias acusó a Sánchez de doblegarse ante las “presiones” del Ibex y otros poderes para que su partido no gobierne en España. Lastra le respondió que se deje de “teorías de la conspiración”. Un anticipo de lo que todo indica será el debate parlamentario los próximos 22 y 23 de julio.

Una pregunta «clara, transparente y honesta»

Podemos ha planteado a sus inscritos, a través de su página web, una pregunta con dos opciones. La primera sería: «Para hacer presidente a Pedro Sánchez, es necesario llegar a un acuerdo integral de Gobierno de coalición (programático y equipos), sin vetos, donde las fuerzas de la coalición tengan una representación razonablemente proporcional a sus votos». Y la segunda: «Para hacer presidente a Pedro Sánchez (ya sea mediante el voto a favor o la abstención), basta con la propuesta del PSOE: un Gobierno diseñado únicamente por el PSOE, colaboración en niveles administrativos subordinados al Gobierno y acuerdo programático».

Al presidente Sánchez esos planteamientos le parecieron «una gran mascarada» y una pregunta trampa dirigida a favorecer los intereses de Pablo Iglesias de entrar en un Ejecutivo de coalición. Montero reseñó hoy que la pregunta le parece «clara, transparente y honesta». Y entiende que no hace falta retirar la consulta mientras se negocia, porque ambos campos le parecen compatibles. Lo mismo que entiende que se puede hablar de equipos, personas y nombres y también de iniciativas a llevar adelante: «Los dos debates van de la mano, el para qué y el quién».




Fuente: El Pais

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