El primer secretario del PSC, Miquel Iceta, ha justificado este sábado el nuevo planteamiento del partido respecto a la inmersión lingüística en las escuelas y ha asegurado que los socialistas no proponen que se abandone, sino que se haga una «aplicación más flexible». En su opinión, la polémica suscitada por esta cuestión se debe a «un problema de comprensión lectora» de sus adversarios políticos. «Hay partidos que ya han renunciado a mejorar la escuela porque consideran que vivimos ya en el paraíso», ha ironizado el líder de los socialistas catalanes, pero el PSC sostiene que «hay que seguir mejorando» y por ello propone que sean los maestros «quienes decidan cómo hacerlo» y «marquen la pauta». En su opinión, «hay zonas que pueden necesitar un refuerzo del catalán, otras del castellano y todas del inglés», ha afirmado.

La ponencia que se debatirá en el próximo congreso del PSC, que se celebrará del 13 al 15 de diciembre, considera que el pacto de convivencia en materia lingüística que existía en Cataluña desde la restauración de la democracia “se ha roto por la instrumentalización que han hecho los nacionalismos de la lengua, por el proceso independentista, que ha asociado el catalán a su causa, y por una utilización partidista alrededor de su uso, especialmente en la escuela”.

Los socialistas creen que existe un «riesgo» de que la lengua materna sea «un factor de división social» y se comprometen a hacer posible «una convivencia efectiva y afectiva del catalán y el castellano, haciendo desaparecer la confrontación entre lenguas que está poniendo en riesgo la convivencia y el patrimonio lingüístico común». Por eso se comprometen a hacer de la diversidad lingüística un activo, «defendiendo el catalán y el castellano a través de un modelo plurilingüe en la escuela con la flexibilidad que la realidad sociolingüística presente en nuestro país exige».

Miquel Iceta ha recordado que los socialistas fueron «impulsores» de la actual ley educativa catalana y ha dicho que el PSC aún «comparte» el modelo de inmersión lingüística. Sin embargo, esa expresión no aparece en la ponencia que se debatirá en el próximo congreso, ni tampoco la definición del catalán como «lengua vehicular», a diferencia de lo aprobado en el último cónclave socialista de 2016.

Hace tres años, los socialistas se comprometían a «consolidar el sistema de inmersión lingüística que garantice un solo modelo de sociedad con igual acceso al conocimiento… potenciando en cada caso la lengua o las lenguas que más haya que reforzar». En el congreso de entonces, el PSC abogaba por «una educación pública inclusiva en la que el catalán sea lengua vehicular, que dé respuesta a la diversidad presente en las aulas y con la revisión de horarios que corresponda de acuerdo con las necesidades de los alumnos».

El modelo de inmersión lingüística desde hace más de tres décadas en Cataluña considera el catalán como lengua vehicular en las aulas y reserva al castellano unas horas semanales (en la asignatura de Lengua castellana, que dispone de dos horas a la semana en primaria, tres en secundaria y dos en bachillerato). Este sistema lingüístico no ha estado exento de críticas desde su implantación y varias familias han recurrido a los tribunales para garantizar que el castellano también pueda ser vehicular en la escuela.

En 2014, una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña fijó, por primera vez, que la Generalitat debía garantizar el 25% de las horas lectivas en castellano, pero el Govern no llegó a aplicar esta medida. El Tribunal Constitucional también se pronunció a principios de año avalando varios artículos de la Ley de Educación de Cataluña que había impugnado el PP al considerar que se excluía al castellano. Entre esos puntos de la norma recurridos no estaban, sin embargo, el artículo 11 —que se refiere explícitamente al catalán como lengua vehicular— porque el PP no lo recurrió.

Ismael Palacín, director de la Fundación Bofill, que forma parte de Som Escola, la plataforma que aglutina entidades en favor de la inmersión, sigue defendiendo este modelo lingüístico y asegura que lo avalan todos los estudios que se realizan y que permite que «la gran mayoría de niños sean competentes bilingües y entiendan el catalán y castellano». De no aplicarse la inmersión, considera que «los grandes perdedores serian los hijos de las familias castellano-hablantes» y especialmente los de familias de rentas más bajas. Palacín recuerda también que el modelo de inmersión no va en detrimento del castellano y que todos los estudios realizados por el ministerio así lo avalan, de manera que el conocimiento del castellano en los alumnos catalanes se sitúa en la media española.

Álvaro Choi, profesor de Economía de la Universidad de Barcelona, discrepa de este planteamiento y asegura que «falta una evaluación de efectos reales de la política inmersión, pero hay estudios que demuestran que conocer las dos lenguas facilita inserción laboral». Sin embargo, considera que «los alumnos castellano hablantes son los perjudicados en la enseñanza en catalán de matemáticas y de ciencias», de la misma manera lo serían si se impusiera el catalán para el aprendizaje de esas materias en castellano a los alumnos catalanoparlantes. Choi entiende que «cualquier política pública tiene perdedores y ganadores» y que la lengua «se ha usado por ambos nacionalismos como armas arrojadizas».

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Fuente: El Pais

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