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Hotel romántico: Un programa de amor con ancianos: La 1 encuentra al fin lo que nos gusta | Tentaciones


Yo era escéptico con TVE. Pensaba que era irrecuperable, que nunca volvería a sentirme identificado con su programación. Que no volvería a sentir con ella. Pero lo han hecho. Han dado con la tecla. Antes de nada, recapitulemos.

A ver, no son buenos tiempos para la cosa pública. Si queremos asegurarnos, basta con practicar esa variedad castiza de sondeo que consiste en escudriñar bares y mercados. Uno va por ahí preguntando a los vecinos sobre la calidad de las escuelas o los hospitales y les siente rumiar con gesto arisco y desaprobador. Las lenguas chasquean, los ojos tienden a guiñarse dubitativamente y se emiten interjecciones severas como “uf” o “brrrr”, lo que nos da una idea bastante clara sobre el estado de la cuestión. Una escuela pública que inspira “ufs” no es una escuela pública que genere Sócrates en cadena, y puestos a hacerse un bypass coronario, sería bonito probar en un hospital que no despertara “brrr’s” entre la concurrencia. Con la televisión pública pasa un poco lo mismo: no gusta, no seduce, no llama, y encima cuesta.

Uno tiene la sensación de que Televisión Española fue siempre mejor antes, hasta el punto de que es casi lo único añorado del franquismo. Escalofría un poco que la imaginación de Chicho Ibañez Serrador o la culta serenidad de Soler Serrano sigan siendo los referentes más cacareados por la ranciedad nostálgica de “aquello-sí-que-era-bueno”, pero más escalofría aún comprobar que esa ranciedad militante tiene, a veces, un poco de razón. Esto no pasa porque el baúl de los recuerdos contenga siempre tesoros más brillantes que los que tenemos hoy encima de la repisa, sino por lo mucho que le cuesta a TVE fabricar entretenimiento de culto, programas que generen sentimiento de pertenencia y den con el aquí y ahora de una generación. Por eso viven de explotar el revival de Operación Triunfo, último hit masivo capaz de moldear adolescencias.

Llevamos mucho tiempo con la sensación de que apretar el botón de la 1 en nuestro mando a distancia era como vestirse de gris para ir a misa, como comer lentejas sin que te gusten las lentejas o como abrazar a un familiar antipático al que no queremos abrazar porque huele raro y dice insensateces. Hay un algo triste en la 1 que enfría el ánimo, pero esta condena ha llegado a su fin porque han anunciado un proyecto que va a cambiarlo todo. Se llama Hotel Romántico y la cadena lo define como un reality en el que “un grupo de doce mujeres y doce hombres, todos solteros de entre 55 y 73 años, viajan hasta Davos (Suiza) con la intención de buscar el amor y encontrar pareja”.

Hotel Romántico pondrá pruebas muy exigentes a sus concursantes, tales como aprender a jugar al golf o tirarse juntos en, atención, un trineo

Este gerontodating, que se estrena el viernes 21, promete una exquisita miscelánea de referencias culturales en su vídeo promocional. Podríamos pensar que la premisa nos orienta estéticamente hacia películas como El exótico Hotel Marigold, pero la composición de los planos aéreos y la tipografía empleada nos sugieren algo más en la sintonía de Wes Anderson y su Gran Hotel Budapest. Este detalle puede parecer anecdótico, pero revela la ambición formal del programa, que renuncia a beber de la charquita de las ficciones pochas para domingos por la tarde y arrima el morro a los manantiales creativos de todo un auteur.

Los concursantes, divirtiéndose

No todo será cogerse de las manitas y dar paseos alrededor de un lago. Hotel Romántico pondrá pruebas muy exigentes a sus concursantes, tales como aprender a jugar al golf o tirarse juntos en, atención, un trineo. El presentador del formato, Roberto Leal, que se define en Twitter como “periodista, corredor y chirigotero”, hace uso del ingenio y sentido del humor típicos en los aficionados a este querido arte gaditano para decir que “el roce hace el cariño y en el trineo no pueden ir más pegados”. Guiño, guiño. ¿Veremos en directo cómo nace la pasión a bordo de uno de estos vehículos? ¿O tal vez Leal esté añadiendo una nueva referencia a la ensalada cultural de Hotel Romántico? ¿Y si el trineo es un objeto metafórico que nos remite al Rosebud de Charles Foster Kane? Si Orson Welles quiso que un juguete de infancia representara el alma rota de un coloso, quizás Leal pretenda enfrentar a estos ancianos con su niño interior o sus traumas pasados. El amor como catarsis terapéutica.

A bordo del trineo, el frenesí

Un programa de amor con ancianos: La 1 encuentra al fin lo que nos gusta

Leal estará acompañado por otros dos celestinos: Elías Torrecillas y Reichel Delgado. En el vídeo promocional, podemos ver que su química es tan inagotable como la cantidad de recursos expresivos de los que disponen para añadir toda clase de matices humorísticos a su narración. Además, Torrecillas lleva pajarita, y eso siempre es un plus. Si tuviera que pedir consejo romántico a alguien, y ese alguien llevara pajarita, lo haría con los pulmones lleno de confianza. Una persona con pajarita es una persona que ha tomado una decisión en esta vida. El mundo necesita la valentía estética y moral de las personas con pajarita, capaces de afrontar dilemas trascendentes con júbilo y con vigor.

Es inevitable pensar que este programa, del que seguro hablará todo el mundo en cuanto se estrene, nace con la ambición de deconstruir a Castelao para demostrar que los viejos sí deben enamorarse, emparejándolos con gente de su edad al contrario de lo que sucedía en el libro del autor gallego. Esperemos, eso sí, que el final sea algo menos funesto para los huéspedes del hotel que para los protagonistas de la obra. Yo, desde luego, estaré ahí para comprobarlo: soy un corazón sensible que cree fanáticamente en la compatibilidad del amor con las arrugas y que vibra cada vez que Clint Eastwood besa a Meryl Street, por lo que estoy deseando que llegue ya el 21. Televisión Española y yo volvemos a latir juntos.

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Fuente: El país

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