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Conviene a la salud pública no olvidar los grandes nombres que han honrado la vida artística y cultural de una ciudad o un país. Violinista, compositor, director-fundador de la orquesta que hoy es la OCB, Eduard Toldrà es uno de esos maestros merecedores de un reconocimiento perdurable. Por la alta ejemplaridad de su dedicación a la música. Este arte del tiempo que, como todos los oficios de ejecución manual, pide muchísimas horas de trabajo práctico hasta el pleno dominio de los pongamos que doscientos gestos esenciales.

Toldrà (1895-1962) vivió hasta los diez años en su Vilanova i la Geltrú natal, donde su padre, un músico muy de la bohemia modernista, dirigía el coro de la claveriana Unió Vilanovina y escribía haciendo broma en publicaciones satíricas de vida efímera, al tiempo que componía músicas para consumo de sociedades carnavalescas locales como la mítica Grècia groga.

De pequeño, a Eduard Toldrà ya le gustaba empuñar una ramita de hinojo para dirigir el sonido del viento. Empezó a tocar el violín en público aún con pantalones cortos. Empujado por las estrecheces económicas familiares, a los doce años ya hizo varias suplencias en un teatro del Paral·lel (y más tarde tocó en el famoso cabaret La Buena Sombra). En noviembre del año 11, cuando tenía dieciséis, anotaba en su diario ­íntimo: “Otro frío se presenta en casa, más patético, mucho más lastimoso. El frío del infortunio, una contrariedad en el vivir, duradera en exceso”.

segunda

Toldrà era muy exigente consigo mismo, un perfeccionista. Fue un buen violinista y escribió, muy lentamente, mucha música: obra orquestal, música de cámara, música para ­cobla… Trabajó mucho, y muy duramente. También redac­taba muy correctamente, con aquella fina ironía a la inglesa que tan bien caracteriza a la gente culta de su época.

La guerra, como a tantos, lo partió por el medio. Federico Sopeña, que en 1941 era un influyente crítico musical del diario Arriba, recordaba que tentó a Toldrà para que se quedara en Madrid, pensando en la Orquesta Nacional, pero que el músico rehuyó los cantos de sirena. “Vivir fuera de Barcelona hubiera sido destierro, aunque en aquel verano lo que Madrid le ofreció era la doble ventura,y sin riesgo, del éxito y de la seguridad económica”.

Toldrà se mantuvo vinculado a la vida musical catalana y le dio continuidad en las más difíciles circunstancias. En 1943 fue el fundador-director de la Orquesta Municipal de Barcelona, en la que dio cobijo a músicos de la eximia Orquestra Pau Casals e inició un camino de experiencia musical compartida con un público cada vez más amplio.

Este viernes 1 de febrero la OCB le dedicará en el Auditori un concierto de homenaje con composiciones de Toldrà y de Lamote de Grignon, Garreta, Ferrer, Serra y de su discípulo Ros Marbà, dirigidas por algunos de los conductores más prestigiosos del país, como el mismo Ros Marbà, Salvador Mas, Salvador Brotons, Josep Pons y Edmon Colomer.




Fuente: LA Vanguardia

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