Fernando Rodríguez (León, 60 años) es el hombre que se entera de todo lo que pasa en el metro. Sin excepción. Por pequeña que sea la incidencia da igual la hora del día o de la noche, recibe el aviso y decide cómo solucionarlo. Tras una vida laboral dedicada por completo al suburbano, Rodríguez es director de operaciones desde hace siete años y de él dependen todas las líneas de metro.

Usted empezó en el metro desde abajo.

Si, es la forma habitual de entrar en Metro. Como taquillero, de ayudante, de maquinista, en la parte de venta de billetes…

¿Usted entró por casualidad?

Si, tenía 24 años cuando un conocido me habló de estas oposiciones para taquillero. Me presenté y resulté seleccionado. Estaba terminando la carrera de Económicas en la universidad y me pareció que esos ingresos extra me vendrían muy bien.

Y hasta ahora. ¿Se imaginaba que haría toda su carrera profesional en Metro?

La verdad es que no, fue mi primer trabajo y me entusiasmó mucho. Era la primera vez que trabajaba, me hacía mucha ilusión. Me llamaba todo la atención, los compañeros y los viajeros. Pero no me plantee nada.

Pero se enganchó

Si, Metro me ofreció la posibilidad de moverme en un gran número de trabajos. Mi espíritu inquieto hizo que optase a más puestos. En seguida salieron unas plazas de jefe de estación y conseguí una.

Su primer trabajo y seguramente el último. ¿Se jubilará aquí?

La verdad es que mi vida es el metro, me siento muy contento y orgulloso.

Ha debido ocupar todos los puestos posibles

En todos menos el de maquinista. Trabajé en un puesto de auxiliar, como jefe de estación e instructor de formación profesional dentro de Metro. Después entré como técnico agregado superior del servicio de estaciones. A partir de ahí fue una escalada de puestos hasta llegar a donde estoy ahora en 2012, como director de operaciones.

¿En qué consiste su trabajo?

Estoy pendiente en el día a día de lo que sucede en toda la red. Cualquier viajero que sufra un altercado en el metro, yo me entero.

¿Cuál es el incidente más grave que ha vivido en su carrera?

Recuerdo que en mi debut ocurrió el incendio en la estación de Cruz del Rayo en 1990. Se quemó el tren y parte de la estación. Tuvo una repercusión muy grave, como todo lo que ocurre en el metro.

¿Cuáles son los problemas más habituales a los que se enfrenta?

La aglomeración de viajeros, sobre todo. Somos un medio de transporte preparado para grandes aglomeraciones de viajeros, pero las 55 mil personas que caben en el Wanda Metropolitano no pueden entrar en el metro a la vez. De mil en mil, por favor.

¿Cómo gestiona estas grandes aglomeraciones?

Hemos organizado la presencia de personal en los andenes, al estilo de los “empujadores” de Japón. Son personas que colocan al usuario en el andén para reequilibrarlos. Porque muchas veces la cabecera y la cola del tren van llenos, y la mitad medio vacía. Hay que tener imaginación para gestionar el ingente número de viajeros de Metro.

¿Qué medidas originales ha implantado usted?

La tecnología nos supera en Metro, nos ha impulsado muchísimo. En los años ochenta imprimíamos billetes, ahora hay máquinas. Hay menos averías, se telemandan los trenes y las estaciones. Todavía hay maquinistas, pero es cuestión de tiempo que tengamos trenes automáticos, como en Barcelona ya ocurre. Tecnológicamente todo está al alcance de la mano.

Cuando está de viaje con su familia, ¿se mete en otros metros solo para curiosear?

Claro, eso siempre. Los que somos de Metro nos encanta ver los ferrocarriles de otros países. Yo no paro de compararlos con el de Madrid.

¿Sale ganando?

Metro de Madrid es uno de los mejores del mundo. En Londres, los trenes tienen muy buena frecuencia pero están muy deteriorados. El nuestro tiene unas instalaciones muy buenas.

¿No ha visto ninguno mejor que el de Madrid?

Los metros punteros para mi son los asiáticos. Son muy jóvenes y tienen toda la tecnología. Vinieron a Madrid a aprender de nosotros, y lo siguen haciendo, porque lo que en el metro de Shanghai hacen con cien trabajadores nosotros lo hacemos con dos o tres.

¿Cómo se gestionan tantísimas líneas de Metro?

Con ilusión, con ganas y sabiendo que en cualquier momento del día puede ocurrir un incidente. Yo estoy comunicado 24 horas al día, si cualquier pasajero va en metro y tiene un accidente, me entero con total seguridad. Y si es grave o tengo dudas, me traslado al lugar para saber qué ha sucedido.

Con tanto estrés y tanta responsabilidad, ¿no echa de menos volver a su trabajo como taquillero?

Teniendo en cuenta que fui yo quien quitó a los taquilleros… (ríe). En su momento era una situación muy bonita, por el trato humano. Las personas te cuentan sus problemas, o sus quejas, y yo los tenía que solucionar.

¿Siguen ocurriendo tantas incidencias entre los viajeros?

En Avenida de América todos los días tengo cuatro o cinco ambulancias del Samur. A los usuarios siempre les pasa algo: hay quien no ha desayunado bien, el que es diabético, el que se desmaya… Avenida de América es la que más tránsito tiene de toda la red. Son 200 mil personas moviéndose en los túneles de esa estación, es normal que pasen cosas.

La «cultura metro»

Según Rodríguez, no vale solo con tener experiencia, estudios o ganas. Para trabajar en Metro es importante conocer todos los detalles del suburbano, lo que él llama la “cultura metro”. Dos millones y medio de viajeros moviéndose a través de los túneles de una ciudad subterránea de kilómetros de instalaciones y gestionados por 4.400 trabajadores que dependen de la dirección de operación. “Cuando llegué a Metro me abrumó la amplitud de esto, porque es enorme”.

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Fuente: El Pais

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