Marián López Fernández Cao (Vigo, 55 años) estudió Bellas Artes, pero nunca llegó a explicarle a sus alumnos la obra de Goya. Desde su tesis de fin de carrera, tuvo claro que quería investigar cómo el arte ayuda a la inclusión social. Es arte terapista (profesión no reconocida en España pero respaldada por la OMS) y en la Universidad Complutense es profesora titular del máster de Arte terapia y Educación Artística para la Inclusión Social, disciplina que utiliza la expresión visual como vía terapéutica en trastornos psicológicos.

¿De qué manera ayuda el arte a gestionar las emociones?

Dibujar una situación traumática en la que has sido víctima y que ya no te permite vivir normal por el trauma, como puede ser una guerra, significa ponerlo fuera, darle sentido, ser consciente y tener control en una situación en la que no la has tenido. Un bombardeo, por ejemplo, o un naufragio. El arte es un sistema de organización. Te pones a dibujar y tienes que saber qué pones más grande o más pequeño, y de qué color. Dibujar, organizar y luego contarlo. Porque quizás la persona traumada no es capaz de contarlo pero sí de dibujarlo.

¿Con qué grupos ha trabajado?

Con refugiados, con mujeres maltratadas, con niños… Hace poco trabajamos con un grupo de hombres y mujeres que habían saltado la valla de Melilla. Tenían que hacer una película entre todos. Las mujeres se fueron porque no aguantaron el trabajo fotográfico. Ellas, además del trauma migratorio, traían en el cuerpo el trauma de abuso sexual y violación, y la imagen te enfrenta demasiado a esa realidad.

¿Y qué hicieron?

No pudimos hacer nada, pero para la película reconstruimos un muro que todos teníamos que saltar. Eso hace el arte terapia: retomas el control sobre un momento en el que no lo tuviste.

¿Hay disciplinas más adecuadas en función del trauma?

No, cada persona es diferente. Hay gente que se pone muy nerviosa con la arcilla, pero si un material te da asco, vamos a hablar del porqué. Todo en un plano metafórico, claro.

¿Había participado en talleres de arte terapia antes?

He estado tres años en psicoanálisis y he estado en muchos talleres de arte terapia y he aprendido mucho. Aconsejamos que las personas que quieran dedicarse a esto tienen que haberse mirado el bolso, como lo llamo yo, para saber cuales son tus limitaciones, tus fantasmas… En el arte terapia trabajas la humildad, porque no eres tú solo, no eres el ‘selfie’ continuo. Te ayuda a aprender a pactar con el vecino. Y el grupo crea un producto estético. Cuando lo enseñas, el orgullo de grupo es inenarrable.

¿Cuáles son los suyos?

Me acuerdo de que en taller hicimos un ejercicio en el que el terapeuta divide el suelo en nueve partes: asco, miedo, tristeza, enfado, amor, sorpresa, humor y equilibrio. Nos preguntó qué sentíamos cuando iniciamos una nueva etapa y yo me di cuenta de que a mí me surge del enfado.

¿Cómo se relacionan los materiales con lo que la persona siente?

Si trabajamos con carboncillo, se va, como muchos recuerdos. Pero si trabajamos con tinta china no se va ni aún con lejía, como muchas cosas en la vida que por mucho te empeñes no se van y las tienes que integrar. En ese sentido, los materiales que usamos tienen que ver con la vida.

Vivimos en una sociedad en la que unas emociones están mejor vistas que otras.

A todo el mundo que le preguntes cómo está te contesta “estoy bien”, porque no hemos sido educados para trabajar con personas que tienen emociones negativas. Hay gente que no tiene amigos o que se siente continuamente culpable. Y tenemos que saber cuidar a las personas que han sido expulsadas de la sociedad: las personas que somos medianamente felices tenemos la obligación de redistribuir con los que no lo son.

¿Redistribuir la felicidad?

Pues sí. Nosotros como profesionales del arte terapia tratamos de hacer una devolución que les dignifique. De lo más bonito que me han dicho es: “Marián, cuando tú me escuchas me siento persona”. Pues eso.

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Fuente: El Pais

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