Alejandro Blázquez Valero (Madrid, 44 años) es el propietario de la centenaria zapatería Lobo, un comercio conocido por la venta de calzado artesano Made in Spain. En su tienda se pueden encontrar manoletinas, babuchas, botos camperos de Valverde del Camino, zapatos de baile flamenco y los clásicos “pisamierdas”, aunque su especialidad son las alpargatas: tienen más de treinta colores diferentes y un rango de tallas amplísimo.

Es usted la cuarta generación al frente de esta zapatería.
Así es. Esto lo fundó mi bisabuelo, Timoteo Lobo. Luego pasó a su hija y después a mi madre, aunque quienes se ocuparon fueron sus maridos, mi abuelo y mi padre.

¿Desde cuándo está abierta?
Desde 1897. Al principio vendíamos sobre todo zapatos clásicos, muy de señor.

¿Y cuándo llegaron las alpargatas?
Pues ya con mi bisabuelo, que empezó a meter algunas, pero todavía era algo muy residual. Cuando murió, mi abuelo siguió con el negocio y las mantuvo.

¿Ha cambiado mucho el local a lo largo de los años?
Cuando abrió era una tienda muy chiquitita. Ahora tiene dos puertas, una a la calle Toledo y otra a la calle Segovia, porque eran dos locales separados. Pero por dentro está casi igual.

¿Qué es lo más nuevo que hay en la tienda?
Pues igual la caja. Hasta que yo llegué, había un cajón donde se guardaba el dinero y una libreta donde se apuntaban las ventas.

¿Qué pasó con la zapatería durante la Guerra Civil?
Estuvo cerrada durante tres o cuatro años, porque todo el zapato que había se confiscó. La gente tampoco compraba, porque no había dinero, y las fábricas no fabricaban.

¿Cuándo se puso al frente del negocio?
Empecé ocupándome de la distribución al por mayor y de poner en marcha la tienda online, pero al frente de la tienda como tal llevo unos cinco años.

Están al lado de la Plaza Mayor y por aquí pasarán muchos turistas. ¿Los guiris saben lo que son las alpargatas?
Hay de todo. Las alpargatas se han extendido bastante gracias a las grandes marcas y ya son conocidas en todo el mundo. De todas formas, no todos se llevan alpargatas. Lo que más les llama la atención son los zapatos de sevillana rojos con lunares blancos en la talla 16, que parecen un llavero. Eso es un furor, sobre todo entre los asiáticos. Se los llevan como souvenirs.

Y aparte de los turistas, tendrán clientes históricos.
Claro, hay muchísima gente mayor que viene y nos dice “aquí me traía mi abuela”. Y esas personas, a su vez, vienen a comprarles zapatos a sus nietos.

¿La alpargata es un icono español?
Sí, aunque Yves Saint Laurent fue quien revolucionó el mundo de la alpargata en los años 70. Las llevó a París, las sacó en una pasarela, las empezó a hacer de piel, con cuña… Ahí la alpargata pasó a otro nivel: de ser un producto muy barato, muy del campo y muy de clase obrera, pasó a la ciudad y se convirtió en un artículo de moda.

Las llevan los obreros y las celebrities, ¿son las alpargatas son el calzado más democrático?
Totalmente, tienes alpargatas desde siete euros a quinientos. Es una cosa comodísima, un calzado que transpira, muy fresco y la tienes plana, con cuña, con plataforma y sin ella, con cintas… Una suela de alpargata te admite lo que quieras, por lo que puedes abordar a muchos tipos de clientes.

Tienen un rango de tallas increíble.
Fue idea de mi padre. Siempre le han gustado los nichos de mercado y desde el principio tuvo claro que quería que hubiera colores, muchos, y muchas tallas. Y cuanto más grandes, mejor. Alpargatas tenemos desde una talla 16 hasta un 49 ó 50, y en otros zapatos tenemos hasta el 52.

¿Han vendido algún 52?
¡Sí, sí, alguno! En diez años igual uno o dos, seguramente a la misma persona.

¿Cuál es el secreto para que un comercio centenario sobreviva hoy en día en Madrid?
Ser original. No hacer lo que hacen los demás y, desde luego, no competir con la gran superficie o con Amazon.

¿Qué es lo que hace que un zapato sea bueno?
Si es artesanal, la mano del artesano. Y después, la calidad del material.

¿Su zapato favorito?
La alpargata, por supuesto.

La tienda del color rojo

Para mucha gente, la zapatería Lobo es sencillamente “la tienda de color rojo”. Su característica fachada de madera colorada lleva ahí casi desde los inicios. Fue el abuelo de Alejandro quien decidió pintarla de “rojo carruaje”, un color similar al burdeos. Ya era llamativa entonces, pero cuando su padre se puso al frente del negocio, la pintó de un rojo aún más intenso.

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Fuente: El Pais

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