Londres, la ciudad que el cineasta Stanley Kubrick (Nueva York, EE UU, 1928 – St Albans, Reino Unido, 1999) amaba y que incorporó a varias de sus películas, es además la depositaria de nuevas sorpresas sobre la mítica obra de este genio. Tres nuevos guiones, en los que trabajó entre 1954 y 1956, han salido sorprendentemente a la luz de entre todo el material que contienen los Archivos de Kubrick, custodiados en la Universidad de las Artes de la capital británica.

Se trata de fragmentos inconclusos que giran en torno a los mismos temas centrales: el matrimonio, los celos y el adulterio. Y coinciden en el tiempo con la relación que mantuvo el director durante los años cincuenta con la actriz y bailarina de origen austriaco Ruth Sobotka, que llegó a convertirse en su segunda esposa, aunque el matrimonio duró apenas dos años, de 1955 a 1957. El más extenso de los tres lleva por título The Married Man (El hombre casado): son 35 páginas mecanografiadas de un guion junto con multitud de anotaciones y páginas extra escritas a mano. The Perfect Marriage (El matrimonio perfecto) y un tercero llamado Jealousy (Celos) son apenas unas pocas páginas de esbozos, proyectos que apenas se acababan de empezar a poner en pie.

“El matrimonio es como una larga comida cuyo postre se sirve al principio”, escribe Kubrick en el arranque de The Married Man. “¿Puedes imaginar el horror de vivir con una mujer que se aferra a ti como una ventosa y cuya vida entera gira en torno a ti, mañana, tarde y noche? Es como ahogarse en un mar de plumas. Y hundirse más y más en las suaves y sofocantes profundidades de la costumbre y la familiaridad. Si tan solo ella se decidiera a combatirlo. Enfadarse, o ponerse celosa, aunque solo fuera por una vez”, añade el texto hallado en el archivo de la universidad londinense.

“Son tratamientos de guion, ideas en desarrollo”, aclara por teléfono Nathan Abrams, profesor de cine en la Universidad de Bangor (Reino Unido), autor de varios libros sobre el director y protagonista del anterior hallazgo de material inédito de Kubrick. Hace justo un año, el hijo de un antiguo colaborador del director le entregó al experto un guion perdido de más de 100 páginas, en el que Kubrick adaptaba la novela del escritor austriaco Stefan Zweig Ardiente secreto. Sobre el nuevo descubrimiento, agrega: “Estos tres proyectos están unidos por las reflexiones sobre la naturaleza del matrimonio, los celos, el adulterio y la infidelidad”. Temas, al fin y al cabo, que empapan toda la filmografía de Kubrick. Y que también aparecían, precisamente, en el guion rescatado de Ardiente secreto.

“Estos descubrimientos nos dicen que Kubrick estaba trabajando en más ideas de lo que sabíamos. Si se suman a ello Atraco perfecto [1956] o Ardiente secreto, nos damos cuenta de que le interesaba hacer películas sobre estos asuntos todavía más de lo que creíamos”, continúa el investigador. El escritor Vicente Molina Foix, autor del libro Kubrick en casa (Anagrama), comparte estas reflexiones: “Son temáticas importantes para todos, pero para él especialmente. Habla de ello también en El resplandor (1977), aunque sobre todo lo expuso y amplió en Eyes Wide Shut (1999), que se puede considerar como un resumen de su obra”.

Ambos estudiosos sostienen que Kubrick no se tenía por un gran guionista y prefería unir su esfuerzo creativo con el de otros, a menudo, novelistas. “Era un director muy culto, leído y respetuoso que, de forma juiciosa, pensaba que rodar una película y escribirla suponen dos cosas muy distintas”, incide Molina Foix. El propio cineasta rechazaba definirse como “escritor” y es autor en solitario únicamente del guion de dos de sus filmes: La naranja mecánica (1971) y Barry Lyndon (1975), ambas basadas, además, en novelas.

Abrams añade que Kubrick solía trabajar en muchos proyectos al mismo tiempo, pero que solo terminaba los que de verdad le atrapaban. “Era muy minucioso”, agrega Molina Foix. De ahí que, frente a las apenas 13 películas que rodó, haya quedado por el camino una miríada de ideas, tratamientos y guiones que nunca llegaron a convertirse en filmes, como los célebres Napoleón o Aryan Papers. “También se planteó hacer una película sobre la guerra civil española, aunque finalmente lo descartó”, explica Molina Foix. Algo parecido, según Abrams, debió de pasar con los materiales hallados ahora: “Probablemente, Kubrick no encontró el punto de vista apropiado para desarrollarlos. Tenía siempre varios frentes abiertos a la vez y acabarían primando otros, como Senderos de gloria”.

En todo caso, aunque solo llegara a poner en pie hasta el final 13 de los muchos proyectos que emprendió, fueron suficientes para convertir a Kubrick en uno de los directores más importantes de la historia del cine. Entre sus obras se cuentan clásicos como Senderos de gloria (1957), Espartaco (1960), 2001: Una odisea del espacio (1968) El resplandor (1977) o su último trabajo, la controvertida y enigmática, ya mencionada, Eyes Wide Shut, que bebe de todas esas obsesiones en torno a las relaciones amorosas que han resucitado ahora en los nuevos guiones descubiertos.

Los proyectos que nunca llegó a rodar

GREGORIO BELINCHÓN

Stanley Kubrick solo filmó 13 largometrajes y tres cortometrajes documentales. Primero, porque nunca rodó una historia que no le apasionara. Y segundo, porque necesitaba varios años para preparar minuciosamente sus producciones y un tiempo de rodaje que superaba con mucho los estándares habituales. De ahí que dejara hasta 15 proyectos sin rodar, como un guion que adaptaba la novela Ardiente secreto, de Stefan Zweig; la versión al cine del serial radiofónico de ciencia ficción Shadow on the Sun, de la BBC; el desarrollo de un guion, Lunatic at Large, sobre un tratamiento escrito por Jim Thompson; o su versión de El señor de los anillos, oferta que le realizaron The Beatles.

El ‘biopic’ de Napoleón. Cuando acabó 2001: Una odisea del espacio, en 1968, Kubrick afrontó un guion que amasaba desde 1961: Napoléon, biopic sobre el emperador francés desde que fue nombrado general a los 25 años hasta su muerte. Kubrick realizó localizaciones en Rumanía y dejó montañas de material: desde un guion definitivo hasta cartas con los actores (Audrey Hepburn rechazó ser Josefina, David Hemmings aceptó encarnar al protagonista), 17.000 imágenes, fotos y dibujos… El presupuesto se disparó y Metro Goldwyn Mayer canceló el proyecto.

En ‘Aryan Papers’ Kubrick se planteó reflexionar en los noventa sobre su judaísmo, inspirado en la novela Mentiras en tiempos de guerra, de Louise Begley, sobre una fugitiva polaca en la II Guerra Mundial, a la que encarnaría Johanna ter Steege. Pero Spielberg estrenó La lista de Schindler y Kubrick abandonó.

‘Inteligencia Artificial (A. I.)’. El relato Los superjuguetes duran todo el verano, de Brian Aldiss, sobre un robot abandonado por su madre, estuvo un tiempo en manos de Kubrick, hasta que sintió que le superaba y se lo pasó a Spielberg, que finalmente sí la dirigió.




Fuente: El Pais

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