Sociedad

Hacia los cigarrillos transgénicos


A los 14 años, un adolescente de 3º de la ESO sale de clase y se reúne con su grupo de amigos en una calle aledaña. Uno de ellos saca un paquete de tabaco. Se lo ha cogido a su hermano mayor. Ofrece y todos aceptan. Esa primera calada les marea e, incluso, les produce náuseas, pero ellos son demasiado «guays» y siguen probando. No se dan cuenta de que cada inhalación les hace más adictos. Y es que, la nicotina sólo tarda ocho segundos en llegar al cerebro y producir ese efecto placentero por el que quieres seguir aspirando tabaco.

La Agencia del Medicamento de Estados Unidos (FDA, en sus siglas en inglés) ha dado un paso adelante para intentar evitar esta adicción: restringir al máximo la cantidad de nicotina que tienen los cigarrillos para conseguir reducir el número de fumadores adultos y, sobre todo, evitar que los jóvenes caigan en esta adicción. «Estamos dando un paso fundamental que podría acercarnos a nuestra visión de un mundo en el que los cigarrillos combustibles ya no crearían ni mantendrían la adicción, lo que haría más difícil que las generaciones futuras se hicieran adictas. También permitiremos a los fumadores adictos que dejen de fumar o cambien a productos potencialmente menos dañinos», aseveró Scott Gottlieb, principal responsable de la FDA.

Esta entidad busca implementar este nuevo modelo de cara al futuro. Así, las nuevas estimaciones que ha publicado «The New England Journal of Medicine» evalúan el escenario que se crearía si la reducción de nicotina fuera efectiva. Sugiere que, aproximadamente, cinco millones de fumadores adultos adicionales podrían dejar de fumar un año después de su implementación. Y con este escenario, el impacto podría ser aún mayor con el tiempo: para 2100, el estudio estima que más de 33 millones de personas, en su mayoría jóvenes y adultos jóvenes, habrían evitado convertirse en fumadores habituales. Y las tasas de tabaquismo podrían bajar desde el 15 por ciento actual hasta el 1,4.

¿Es tan relevante apuntar a la nicotina como principal enemigo? «Creo que es un paso importante intentar bajar el nivel de nicotina, que es la responsable de la adicción, pero no sé si va a ser del todo efectiva», afirma José Luis Díaz-Maroto, médico rural y coordinador Nacional del Grupo de Tabaquismo de Semergen (Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria). Y recuerda el caso español: «Ya se hizo cuando anunciaban los cigarrillos light y aquí se terminó prohibiendo el término porque creaba engaño». El principal escollo, como apuntan los expertos, es que «cada uno sabe cuánta nicotina necesita y fuma en consecuencia. Cada uno regula su enfermedad», añade Díaz-Maroto. Una de las vías para conseguir esta reducción y que está valorando la agencia norteamericana es la manipulación genética del tabaco. Así, al mezclarlo con el tabaco sin modificar, el resultado será menos adictivo. Este tipo de producto ya se ha probado en Estados Unidos. La compañía Vector Tabacco los produjo en 2002 y afirmó que tenían niveles de nicotina mucho más reducidos.

Y es que los productos light no tuvieron ningún efecto beneficioso porque, al final, lo que conseguían era que los consumidores fumaran más y dieran caladas más largas. El médico insiste en que «lo que engancha es el pico de nicotina que se consume. Es fulminante. Con una sola calada se estimula el sistema nervioso central en pocos segundos. Es una droga muy potente, ya que ningún otro tipo de consumo, ni la intravenosa, supera a la adicción de fumar». Para Andrés Zamorano, portavoz de la Comisión Nacional para la Prevención del Tabaquismo (CNPT), insiste en que «no hay fórmula para hacer que el tabaco sea menos adictivo. En Europa –salvo Reino Unido– mantenemos que la única forma es dejar de fumar, sin productos de menos riesgo». También insiste en que «los fumadores que consumen este tipo de productos, no sólo optan por dar bocanadas más grandes, sino que bloquean con sus dedos los agujeros de ventilación (cerca del filtro) para que las dosis que absorben sean similares a las de un cigarrillo normal».

Un estudio de 2015 de la misma publicación científica demostró que los consumidores que fumaron cigarrillos con bajo contenido de nicotina (entre 0,4 y 2,4 miligramos de nicotina por gramo de tabaco) fumaban menos cigarrillos al día y eran menos dependientes de esta sustancia, que aquellos que inhalaron cigarrillos regulares (con 15,8 miligramos de nicotina por gramo de tabaco). Pero, como indican los médicos, aún quedan muchos estudios para determinar que esta disminución es efectiva.

La realidad es que es difícil determinar el nivel de adicción de cada persona, ya que no se puede contabilizar en función del número de cigarrillos que consume. «Como cualquier droga, los efectos son distintos. Uno puede fumar dos paquetes y otro 20 porque se deben tener en cuenta diferentes variables: profundidad de calada, intensidad…», dice el portavoz de Semergen.

Así, los expertos lo que hacen es «medir la concentración de monóxido de carbono en aire expirado del fumador y se mide en partes por millón». En este humo no sólo aparece la nicotina, sino también las 4.000 sustancias tóxicas que componen un cigarrillo». Otro de los principales problemas relacionados con la adicción a la nicotina es que «es una droga muy potente, que tiene una desventaja, los receptores nicotinoicos». Al metabolizar la droga, se convierte en cotina y tarda menos de tres horas en eliminarse. Por eso el adicto tiene que fumar constantemente para mantener sus niveles de nicotina en sangre. ¿Conseguirá la FDA su propósito y reducir las 890.000 muertes que se producen al año por el tabaco?




Fuente:La razón

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