odrían tocar sin parar solo esgrimiendo sus grandes éxitos. Sin embargo, Hombres G reniegan de la nostalgia y se niegan a la jubilación, así que publican «Resurrección», su primer disco con canciones nuevas en casi una década, durante la que no han podido descansar ni dejar de hacer giras.

–Si no estaban muertos, ¿por qué lo llaman resurrección?

–Rafa Gutiérrez: Nos gustó la palabra para llamar la atención y le buscamos un poco de sentido porque cada día hay que levantarse y volver a empezar, no hay nada hecho.

–David Summers: También es una resurrección personal. Mi vida ha tenido grandes cambios últimamente y me siento de esta manera. Es el primer disco en diez años, aunque hemos hecho en directo, acústicos, giras sin parar… no lo hemos sacado antes porque no teníamos tiempo. ¿Para qué, si ya tenemos gira cerrada y no vamos a poder promocionarlo? Y así hemos estado años.

–¿Nunca es tarde para volver a empezar?

–R. G.: Nunca. Nosotros no tendríamos por qué sacar disco nuevo, con lo hecho ya podríamos tocar sin parar, pero es lo que somos y lo que queremos. La música nos sale.

–Resulta más fácil dejarse llevar y repetirse.

–D. S.: No queremos ser un grupo de nostálgicos: «Ay qué bien me lo pasaba yo cuando escuchaba vuestras canciones y me habéis hecho revivir todo eso…». Eso está muy bien, ocasionalmente, pero queremos mirar para adelante, convivir con nuevas canciones y con nuestro tiempo. Hemos estado en todos los fregados, de los 80 a 2010. Aquí estamos de nuevo. Queremos que la gente sepa quiénes somos ahora.

–R. G.: Es que la música no la decides hacer. Las canciones te salen, no las puedes evitar, es como la andropausia. O como un pedo, lo tienes que sacar. No puedes aguantártelo.

–¿Qué dirían que dice el disco de ustedes?

–D. S.: Dice que los Hombres G solo piensan en intentar hacer las cosas un poco mejor.

–El primer verso dice: « Yo soy más chulo que nadie».

–R.G.: Es una actitud que mantenemos desde que éramos chulos y que va en contra de decir: «Como somos mayores, ya no tenemos edad para hacer ciertas cosas». Con el tiempo tienes menos vergüenza y dices: «p’a chulo, yo». Eso te lo da la experiencia. No entendemos que cuando cumplas 50 años, te pase como a Sting, sentadito con la acústica. Pero seguro que es que toma una medicación distinta a la mía.

–D.S: «Con los brazos en cruz» cuenta la historia de alguien que llega desde los 80 en una máquina del tiempo y se encuentra este tiempo tan imbécil que estamos viviendo, de corrección política, represión y autocensura constante. Todo el mundo se piensa las cosas dos veces antes de hacerlas. No sabemos cómo pero nos aprieta una garra terrible de autocensura aunque se supone que estamos en libertad y democracia y la gente está acojonada porque o sabe qué puede decir o a quién le va a molestar.

–R.G.: Censurar las letras… creo que el problema de ahora es culpa de las drogas.

–¿Eh?

–R. G.: Sí, que son peores que las de antes.

–Si alguien busca en sus letras, ¿encuentra algo para ofenderse?

–R. G.: Es imposible. Porque somos cuatro tíos que hemos hecho muy felices a las mujeres. Y entonces no podemos ser machistas.

–D.S.: Pues seguro que sí. Vistas ahora por algún observador con la cabeza podrida… pero si alguien tiene dudas con eso, que piense que todo lo que hemos intentado en nuestra vida es transmitir buen rollo a la gente. Y que las palabras que puedan molestar a alguien ahora, porque cuando salieron no se molestó nadie, ¿eh?, pues si alguien se molesta, que piense que solo es una canción divertida que trata de hacer disfrutar. Si eso se aplica a todas las canciones y a las obras de arte, creo que nos ahorraríamos muchas discusiones y peleas de Twitter. Pero es que la gente está deseando cabrearse y odiar a alguien. ¿Se puede ser más absurdo que un hater? Es idiota. Se puede ser muchas cosas, pero ¿odiador? Me parece increíble. Tú lo que eres es un gilipollas.

–¿Qué le piden a la música?

–R. G.: Nada. Nos ha dado todo, esta hermandad que tenemos, experiencias… bueno, y somos maestros en armas de fuego y rescate de rehenes… La música te da más de lo que imaginas. Y si no, que le pregunten a Hacienda.




Fuente: La razon

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