La vida de Guadalupe Porras (Badajoz, 1987) ha rondado siempre el fuera de juego. Cuando era la delantera del Puebla, un modesto equipo de una localidad de Badajoz de apenas 5.800 habitantes que llegó a ser campeón de la Liga femenina, su acción favorita era burlar a los defensas y librarse de esta sanción. Y cuando el veneno del arbitraje le picó en serio, renunció a continuar su carrera como colegiada principal para convertirse en linier; precisamente, para juzgar los fueras de juego. “Mi jugada estrella”, afirma.

Tan buen ojo de cirujano ha demostrado para levantar la bandera que será la primera mujer juez de línea que saltará a un campo de la Primera División española. Otro hito que simboliza la pujanza y el momento de reivindicación femenina en el fútbol nacional, al alza tras el gran papel de la selección en el Mundial de Francia.

Su móvil sonó a primera hora de este martes, sobre las 9.00, desde el Comité Técnico. “Sabía que se iban a comunicar los ascensos y siempre tienes la ilusión de dar el salto porque la campaña pasada fue buena, pero nunca he pensado más allá del corto plazo”, comenta al otro lado del teléfono, desbordada por las felicitaciones y los medios. Tras 16 años en el arbitraje (cinco en categorías regionales, uno en Tercera, ocho en Segunda B y dos en Segunda), esta estudiante de 31 años de Educación Primaria alcanza la élite. En realidad, no es la primera a la que notifican que sube a lo más alto. En 2007 lo logró Marisa Villa, aunque no superó las pruebas físicas –“nada que ver con lo que piden ahora”, puntualiza ella- y fue descendida de forma automática a Segunda B. Desde hace un lustro es miembro de la Comisión que dirige el arbitraje español y responsable del apartado femenino. “En la Federación estamos trabajando por la mujer, pero aquí no se regala nada a nadie porque eso nos perjudicaría a todas”, advierte.

Nadie podía prever la trayectoria de Guadalupe Porras en los campos cuando empezó a interesarse por el fútbol. “No tengo ningún antecedente familiar en este mundo. Lo que pasó es que un amigo de mi tío era colegiado y me animó a probar”, explica. Y eso hizo, probar. Primero fue jueza principal, durante cinco años en divisiones regionales de Extremadura. En sus inicios, lo compatibilizaba con su faceta de futbolista en el equipo de Puebla de la Calzada (Badajoz), ya desaparecido pese a lograr una Liga y dos subcampeonatos a finales de los noventa y principios de siglo con un exiguo presupuesto. “No recuerdo ni cuánto nos daban por jugar, lo hacíamos por hobby. Ahora hay más medios, comenta. Pero el arbitraje le tiró más que meter goles y a los 19 años dejó de ser delantera para dedicarse a tiempo completo al silbato. Su ascenso a Tercera marcó otro cambio: decidió ser linier. “Me gustaba más y era una forma de motivación”, explica. Y también para juzgar los fueras de juego, esa suerte milimétrica que tortura y entroniza a auxiliares como ella. En su caso, para elevarla a lo más alto.

En estos 16 años, reconoce que ha escuchado y le han dicho de todo en los campos de tierra y en los estadios de más alcurnia de Segunda, aunque se detiene lo justo en ello. “Siempre se reciben insultos. Y, en mi caso, por ser mujer, te intentan hacer daño con referencias al género, pero les doy la misma importancia que cuando ofenden a un compañero”, matiza. Quizás su peor momento fue el curso pasado, cuando recibió el impacto de una moneda en Tenerife. “Iba dirigida al árbitro y me dio a mí. Sin más, solo fue un golpe”, apunta.

Guadalupe Porras ha derribado una barrera, pero solo una. Quedan muchas. Por ejemplo, de los 1.317 colegiados y asistentes que había la temporada pasada entre Primera y Tercera, apenas 36 (un 2,7%) eran mujeres, un dato que ayuda a poner en valor su ascenso a la máxima categoría del fútbol. El trecho por recorrer todavía es enorme porque en este Mundial femenino no hay ninguna colegiada ni asistente española. La primera árbitra principal acaba de subir a Segunda B (Marta Huerta de Aza), mientras Alemania y Francia ya tienen a una en lo más alto. 

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Fuente: El Pais

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