Al lado de algunos premios otorgados anoche por la Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood (compuesta por 92 votantes que lograron ser relevantes en cuanto la ceremonia empezó a retransmitirse por televisión), la broma de Ricky Gervais sobre la afición de Judy Dench -que en Cats encarna a una gata veterana- a levantar una de sus piernas tumbada en una alfombra y lamerse «el parrús» parece un chiste inocente, de criajos de Infantil durante el almuerzo. Que Taron Egerton sea mejor actor de comedia por su trabajo en la banal Rocketman, que 1917 le levante el premio principal, el Globo de Oro a mejor drama, a El irlandés, que Sam Mendes le arrebate la estatuilla a mejor dirección a Martin Scorsese… Clama al cielo. Solo los dos premios a Tarantino, que se llevó mejor guion y mejor comedia o musical con Érase una vez en… Hollywood pueden ser defendibles en la carrera a los Oscar. Igual que ocurre con la partitura de la islandesa Hildur Guðnadóttir para Joker: lo mejor del thriller.

Cuando al final de la ceremonia empezaron a recoger estatuillas estrellas ebrias (enorme Brad Pitt al rematar su discurso reclamando un rápido traslado a un lavabo), cualquier espectador debió de pensar: «Igual que quienes hayan votado estos premios». Durante años los Globos de Oro querían ser la ceremonia que marcara los Oscar. Este año, incluso su adelanto pisa las votaciones para las nominaciones a los premios de la Academia de Hollywood, que se cierran mañana martes 7 y se anuncian el lunes 13. En los últimos años, con el crecimiento de la Academia, los galardones del Sindicato de Productores (cuyas candidaturas se anuncian mañana 7) y del Sindicato de Actores (que se entregan el 19 de enero) son mucho más significativos y aportan pistas claras sobre lo que pasará semanas después en los Oscar.

Tal vez por ello los periodistas de los Globos de Oro hayan decidido volarse la cabeza. Con decisiones contradictorias: como un clan, suelen viajar por todo el mundo a festivales y rodajes pagados por las majors. Puede que de ahí salga su elección de que Netflix, que llegaba con 17 candidaturas en cine y otras 17 en televisión, solo obtuviera un premio: el de mejor actriz en serie dramática para Olivia Colman por The Crown (ella al menos sí confesó en el escenario que había subida con bastante champán de más).. Netflix no paga viajes. Aunque, a cambio, señalar a a Mr. Link: el origen perdido como mejor largometraje de animación por encima de las tres de Disney parecería una decisión valiente contra el estudio del monopolio.

Que Joaquin Phoenix va a ganar el Oscar con Joker es una triste realidad que descarta a Antonio Banderas (los tres candidatos españoles salieron de la ceremonia en el hotel The Beverly Hilton con las manos vacías) y a su finísimo trabajo de orfebrería en Dolor y gloria. No está nada claro que el Oscar a mejor actriz se concrete en un duelo entre las dos ganadoras de los Globos, Renée Zellweger por Judy y Awkwafina for The Farewell. En cambio, en secundaria, sí que Laura Dern va encaminada con Historia de un matrimonio, y Pitt -ganador anoche- y Joe Pesci pelean por mejor secundario: los de la prensa extranjera prefirieron al maás joven porque, más allá de la innegable calidad de su trabajo, es más estrella y tendrán que trabajar juntos más años (Pesci está retirado).

Con su decisión de no incluir a la coreana Parásitos en mejor drama, los Globos de Oro no han hecho caso al runrún que sacude la temporada de premios, donde la última Palma de Oro está arrasando como mejor película. Así, a secas. Hace unos días, en un encuentro en EL PAÍS, Pedro Almodóvar comentaba lo imposible que es luchar contra una ola ganadora, y Bong Joon-ho está cabalgando una. El año pasado, a estas alturas de partido parecía que Roma, tras el choteo de la HFPA (siglas en inglés de la asociación de la prensa extranjera) que prefirió Bohemian Rhapsody al drama de Cuarón, podía ganar el Oscar a mejor película. En esta ocasión, Netflix ha triplicado su apuesta con el caballa ganador El irlandés y los colocados Historia de un matrimonio y Los dos papas. Y de repente apareció Bong Joon-ho. ¿Puede una película extranjera ganar el Oscar principal? Por segunda vez consecutiva nos enfrentamos a la pregunta y por segunda vez diríamos que sí, si no fuera…

Si no fuera por Érase una vez en… Hollywood, de Tarantino, que sería el Green Book de 2020. Es una película que gusta a toda la industria, que habla de esa misma industria, y que rebosa estrellas. Sería la primera vez que Tarantino -que insiste en que solo va a rodar otro filme más antes de retirarse y que soltó en el escenario que va a ser padre- ganara el Oscar principal. Sería la solución consensuada.




Fuente: El Pais

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