La primera de Hogueras quedó prácticamente descalabrada por las bajas de Román y Pablo Aguado, anunciados en origen, que fueron sustituidos por David de Miranda y Ginés Marín, respectivamente. López Simón, superviviente de la terna original, se encontró con un primer toro de escasas fuerzas y de sedosa embestida. Cómodo siempre, con aires de superioridad, aunque al final de faena, que acabó muy pasada y con el tendido muy dividido, sufriera un par de sustos por exceso de confianza.

De gran alzada el castaño que hizo cuarto, fue un excelente toro para la muleta. Incondicional por los dos pitones. Sin reservas en la embestida. Siempre dispuesto para la causa. López Simón, muy centrado, montó una larga faena, bien ligada y ajustada. Por momentos pareció que la gente no entraba, pero las cansinas bernadinas finales, al cambio, hizo reaccionar a un tendido que no pareció enterarse de lo mejor.

A la alegría y viveza del segundo de la tarde respondió Ginés Marín de igual forma. De hinojos y en el mismo platillo inició la faena, dando siempre distancia a un toro de acometida sin reservas. Aceleradillo Marín, pero con enorme llegada a la gente, todo resultó como muy amontonado y no siempre acoplado. La galería final, con las bernadinas de rigor, también moviditas, dieron color y calor a una faena bien rematada con la espada.

EL PARRALEJO / SIMÓN, MARÍN, DE MIRANDA

Toros de El Parralejo, correctos de presentación, discretos en varas, pero muy nobles y de buen juego en la muleta.

López Simón: estocada trasera y tendida _aviso_ y descabello (silencio); estocada pasada y contraria _ aviso_ (oreja).

Ginés Marín: buena estocada (oreja); estocada trasera _aviso_ (oreja). Salió a hombros.

David de Miranda: pinchazo y estocada baja (palmas); bajonazo atravesado, tres pinchazos _aviso_, seis descabellos _2º aviso_, siete descabellos_ 3º aviso_ (silencio).

Plaza de Alicante. 21 de junio. Primera de la feria de Hogueras. Algo más de media entrada.

Dos quites variados y extensos de Marín gastaron mucho el juego del quinto en la muleta. Tres por alto, una trincherilla, desprecio, el de la firma y uno de pecho, iniciaron una faena que prometió más de lo que fue. De ahí en adelante, con el toro al paso y de muy forzada embestida, Marín buscó el aplauso fácil dentro de un concepto serio. Pero la cosa acabó con el toro y el torero a menos. La seguridad de Marín con la espada le abrió la puerta grande.

Lo mejor de David de Miranda al tercero fueron dos series de naturales, completas y bien rematadas. Lo de mayor seguridad. Lo más compacto. El resto de faena combinó cierta fragilidad, aunque siempre convencido del terreno a pisar. Junto a muletazos de buen orden, otros algo descompuestos. Pero siempre sincero y entregado. Una ajustada arrucina al salir de una serie con la derecha calentó la plaza. Pero un pinchazo y un bajonazo final dejaron la cosa muy en frío.

El sexto, otro caballote por altura, fue el que mejor cumplió en el caballo. Distraído y a menos en la muleta, no dejó estar a De Miranda, que nunca se acopló ni se entendió. Luego, a la hora de matar, un desatino. Cayeron los tres avisos, uno a uno, y el toro regresó vivo a los corrales.




Fuente: El país

A %d blogueros les gusta esto: