¿Cómo llegar? ¿Autobús, coche, a pie? La chincheta, 150 metros de piedra y hormigón armado, se ve desde muchos lugares muy lejanos. Curiosamente, nadie parecía darse cuenta de que estaba allí ni del absurdo de tanto boato y olor a sobaco falangista. Ahora han decidido sacar los restos del dictador y eso ha servido para geolocalizar muchas otras cosas: los simpatizantes, los nostálgicos, los franquistas que perviven y que se ponían de perfil, ni chicha ni limoná (como el PP, que sobre Franco ni sabe ni contesta), a los que se les ha puesto también una chincheta sobre la cabeza que dice: aquí hay uno.

Está bien saber dónde está cada cual, que luego nos llevamos sorpresas. Otra cosa muy española que ha sucedido hace poco es el 12 de octubre. El desfile militar es un gran espectáculo que seguí muy atento desde un bar que regenta un señor chino y que coincidía en mi entusiasmo. Aviones ultrasónicos, legionarios sexys, la fantástica cabra, los movimientos robóticos de los soldados, ese giro del rostro para mirar al Rey pero sin mirarlo, todo tipo de chismes y atavíos. Pero, sin duda, el héroe (o antihéroe) fue el paracaidista que se quedó colgado de una farola portando la orgullosa bandera patria: una metáfora de nuestro cuelgue cotidiano.

A pesar de la virulencia habitual de las redes, yo creo que este señor cayó bien, ¿quién no empatiza con uno que, en el momento más importante, va y tiene un percance como ese? El hombre, además, se quedó muy compungido y se nos encogía el corazón, al señor chino y a mí, cuando saludaba a los reyes y otros importantes. Lo que me sigue resultando raro es que en el día de la Fiesta Nacional (y ahora parte de la izquierda dice que hay que querer a la España simbólica) tenga tal protagonismo el ejército, como aquel amigo mío que cuando llegabas a su casa te enseñaba la colección de armas (eran réplicas) y te morías de miedo.

El ejército en la calle te saca del ensueño de que vivimos en un entorno pacificado y te recuerda que en realidad vivimos en guerra, pero por otros medios. Entre una cosa y otra no logramos liberarnos del siglo XX. Deberían, además de a los soldados, sacar a otros valores del país: los maestros, los médicos, los manteros o los columnistas madrileñistas.

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Fuente: El Pais

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