Para que funcionen correctamente, los algoritmos deben ser precisos, sin ambigüedades, indicar el orden de realización y tener un número finito de pasos. No pueden ejecutarse para siempre ni requerir un tiempo muy largo de proceso porque entonces no serían útiles.

Un ejemplo muy sencillo para empezar a imaginar cómo diseñar un algoritmo es con el acceso a un sitio web o aplicación. Acción que realizamos a diario. Podríamos empezar a definirlo de esta manera:

Inicio

Leer usuario, contraseña

Si usuario= Pedro y contraseña = Peter2019*

Imprima ‘acceso concedido’

Si_no

Imprima ‘acceso denegado’

Fin_si

Fin

Lo principal es que antes de iniciar el algoritmo tengas claro el problema a definir, los datos que vas a necesitar y por supuesto, el resultado que esperas obtener, ya sea de forma numérica o texto.




Fuente: El país

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