La Navidad del 1970 se jugó el primer partido de la historia entre mujeres en el Camp Nou. Era un amistoso que formaba parte de una jornada benéfica culminada con el partido navideño internacional entre el Barça y el CSKA Sofía. El UD Centelles se enfrentó a una selección de jugadoras de Barcelona creada un mes antes. Immaculada Cabecerán solicitó al presidente Agustí
Montal la organización de ese encuentro.

Sin saberlo, aquel grupo de apasionadas confeccionado de improviso a través de un anuncio en la prensa pondría los cimientos de lo que hoy es el Barça
femenino. Un equipo que ya ha hecho historia al alcanzar la final de la Champions que se disputará mañana.






Vicky Losada

Cuando llegué jugaba en campos de tierra; el club ha pasado de no tener nada a tenerlo prácticamente todo”


Lo que parecía una anécdota en aquellos tiempos en los que el franquismo agonizaba fue tomando forma a pesar de los muros sociales que ralentizaron sobremanera su escalada. Tanto es así que en la actualidad las diferencias entre el fútbol masculino y femenino siguen siendo considerables, si bien en los últimos años las mujeres han podido al fin dar un paso adelante. También lo ha hecho la sección del club blaugrana. La apuesta en los últimos años ha provocado una transformación radical de la que puede dar fe Vicky Losada. Suena extraño tachar de veterana a una mujer de 28 años, pero Losada lo es. Es una pionera que a los 15 ya había debutado con el primer equipo de la mano de Xavi Llorens. Lleva media vida sobre los terrenos de juego; de tragar arena en los días de viento al césped recién cortado de la ciudad deportiva.

Al finalizar un acto promocional de Nike, una marca que en los últimos años ha demostrado su compromiso para expandir el fútbol entre las mujeres, la capitana del Barça atiende a La Vanguardia para hablar de ello. Su mirada desprende seguridad, la misma que transmite cuando toma la batuta en el centro del campo. Sus palabras destilan franqueza. Reconoce la superioridad del Olympique de Lyon, rival en la final de Budapest (“es un equipazo”) y aplaza por el momento la sensación de nervios rememorando épocas pasadas. “Llegué con 14 años al Barça. En aquel entonces jugábamos a fútbol 7 en los anexos del Miniestadi, en un campo de tierra donde ahora hay un aparcamiento del Camp Nou. Al comienzo no teníamos equipos definidos, entrenábamos a las diez de la noche en un complejo deportivo de L’Hospitalet, nos comprábamos nosotras las botas, no había patrocinadores… he vivido de cerca la evolución del club: ha pasado de no tener nada a tenerlo prácticamente todo. Es un cambio que seguramente Claudia no se puede ni imaginar”.






Claudia Pina

Sólo puedo darles las gracias por todo lo que han luchado, ellas nos han allanado el camino a las nuevas generaciones”


Claudia Pina la escucha con atención antes de participar de la charla. La delantera blaugrana de 17 años, de aspecto tímido pero que se transforma cuando ve una portería como demostró en el pasado Mundial sub-17 en el que España se proclamó campeona, forma parte de la generación que ya recoge los primeros frutos del cambio. “La verdad es que me sorprende lo que dice”, contesta. “Yo entré en el Barça en alevín-infantil, en los campos que hay ahora y que están en perfecto estado. Nunca he pisado un campo de tierra”, confiesa. Pero no sólo las condiciones han mejorado. El fútbol femenino cuenta en la actualidad con un mayor foco mediático. Pina agradece el trabajo de sus precursoras, ese que les ha “allanado el camino”. “Sólo puedo darles las gracias por todo lo que han luchado”, le dice a una de sus referentes. Y es que, por primera vez, las generaciones de mujeres que suben ya tienen ídolos femeninos. “Escuchaba hablar de Vicky; las veía por la tele, ganaban ligas y estaban en lo más alto. Quería llegar a jugar con ellas. Cuando entré en el vestuario el primer día fue impactante: ver a Vicky, a Alexia, chicas de la casa… es un privilegio entrenar con ellas a diario”, prosigue Pina.





El Barça ha vivido un proceso evolutivo imparable. Ya no hay marcha atrás. Cada vez hay más nivel en las categorías inferiores. Además, es la única sección rentable del club. Haber alcanzado una final de Champions no es el punto culminante, sino un premio a la labor realizada. Queda camino por recorrer, tanto en la sección como en el deporte rey, todavía muy desigual incluso dentro de la propia Liga Iberdrola. La función de altavoz para las que gozan ya de un cierto estatus como Losada –y pronto Pina- seguirá siendo fundamental para no caer en la autocomplacencia.








Fuente: LA Vanguardia

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