Por fin se acaba la XII legislatura. Han sido tres años perdidos miserablemente. La inestabilidad política interna creada por el conflicto catalán, los casos de corrupción, la fragmentación del mapa parlamentario y la mal llamada nueva política han frenado en seco el impulso reformista del primer gobierno de Mariano Rajoy. Este se debió no tanto a la voluntad de los gobernantes populares como a la necesidad de superar la crisis económica que había heredado de José Luis Rodríguez Zapatero.

Cambios estructurales de gran calado como la legislación laboral, la financiera, el control del gasto en pensiones o el control del déficit público, permitieron remontar la gran recesión y crecer a ritmos superiores al 3%. Esto ha permitido crear más de medio millón de empleos anuales y aproximarnos a las tasas de desempleo que teníamos antes del 2008.

Nadia Calviño, ministra de Economía en el Gobierno Sánchez
(Emilia Gutiérrez)

Pero esto se acabó con el hundimiento del bipartidismo. A partir de octubre del 2016 las cosas empezaron a ir de mal en peor. Primero un gobierno provisional del PP que impidió hacer nada; posteriormente, nuevas elecciones y la configuración de un gobierno en minoría con un apoyo insuficiente de Ciudadanos, que dejó la situación empantanada. Ese estancamiento se visualizó con el relevo en la cartera económica de Luis de Guindos por Román Escolano, el breve. Y para colmo de males, el triunfo de una moción de censura de Pedro Sánchez con el apoyo de Podemos, Bildu y el mosaico de partidos independentistas catalanes dejaron la dirección económica del país sin rumbo ni control.

De hecho, en los ocho meses de Gobierno socialista no ha habido titular de Economía. Nadia Calviño ha sido la ministra invisible. A pesar de presidir la comisión delegada de Asuntos Económicos, no ha aprobado ni una sola medida para apuntalar la recuperación de la economía. Esto se ha visualizado cuando hace unos días el Parlamento ha devuelto los presupuestos al Ejecutivo, dejándole al pairo. Ni reformas, ni presupuestos, ni estrategia económica. La economía va como vaca sin cencerro, sin orden ni concierto.

Es cierto que España ha crecido por encima de la media europea y que, según la señora Calviño se trata de un “crecimiento robusto”, sólo amenazado por las incertidumbres geopolíticas del exterior (la guerra comercial entre China y Estados Unidos, el Brexit, etcétera). No es verdad. La economía española ha crecido por inercia, es como un portaaviones que frena poco a poco. Tradicionalmente, las recesiones llegan a España más tarde y cuando aterrizan son más intensas.

Esto es lo que está pasando. Tanto si se analiza el PIB, como la creación de empleo, la producción industrial o las exportaciones. Viene un tsunami y los políticos de uno y otro lado siguen sin verlo y sin hacer nada. Este sería el momento adecuado para adoptar medidas preventivas y para no repetir los problemas creados durante el gobierno socialista de Zapatero, cuando negó hasta el vómito los problemas diciendo que eran cuestiones derivadas del exterior. Por todo ello, es una buena noticia que unos malos presupuestos se hayan devuelto al Ejecutivo y vayamos a unas elecciones. Se acorta la agonía. Volverán a repartirse cartas y tendremos una nueva oportunidad para contar con un gobierno sólido y coherente.




Fuente: LA Vanguardia

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