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FIL 2018: Los ángeles son mexicanos y amigos de Ida Vitale | Cultura


Ida Vitale representa como pocos la figura de escritor latinoamericano del siglo XX, o del latinoamericano a secas: nieta de un emigrante italiano al Uruguay, poeta inspirada por una chilena (Gabriela Mistral), alumna de un exiliado republicano español (José Bergamín), exiliada ella misma en México durante la dictadura militar de su país y emigrante luego en los Estados Unidos. Hace unos meses volvió a instalarse en Montevideo. Todavía está buscando en la ciudad en la que nació hace 95 años lugar para colocar sus libros y los premios que no para de recibir, incluido el último Cervantes. Lo recogerá en abril en Alcalá de Henares, no lejos de la Guadalajara de España. Ayer, por lo pronto, recibió en la Guadalajara de México el premio FIL en Lenguas Romances, dotado con 150.000 dólares. Es la cuarta mujer que lo recibe en 28 ediciones. Le precedieron Nélida Piñon, Olga Orozco y Margo Glantz.

Tampoco había muchas más —eran 5 mujeres y 14 hombres— en la gigantesca mesa presidencial que inauguró la feria del libro más importante de la lengua española, una librería que se extiende por una superficie equivalente a cuatro campos de fútbol, recibe cada edición alrededor de 800.000 visitantes y este año abre sus puertas hasta el 2 de diciembre. Un día antes se habrá producido en la capital federal el acontecimiento que llena las conversaciones —y parte del programa— de la FIL desde primera hora: la toma de posesión de Andrés Manuel López Obrador como nuevo presidente mexicano. Raúl Padilla, presidente de la FIL, aprovechó su discurso para avisar al nuevo Gobierno ante la tentación de multiplicar la burocracia y la centralización. Toda una novedad en una ceremonia que, por el lado político, suele alternar el guante blanco con el diccionario de tópicos sobre las virtudes de la literatura.

Alérgica a los lugares comunes, Ida Vitale cuenta siempre que cuando se exilió en México —pasaría 11 años allí— fue recibida por “una cooperativa de ángeles de la guarda” que se empeñaron en encontrarle solución a un problema al que ella no se la veía: llegar a un país nuevo y que te den no solo la posibilidad de trabajar sino que todos conspiren para “integrarte”. En 1974, a los 15 días de llegar al Distrito Federal, ya estaba haciendo traducciones para el Fondo de Cultura Económica. Más tarde, daría clases en El Colegio de México y formaría parte de empresas periodísticas y culturales como el semanario Unomasuno o la revista Vuelta, fundada por Octavio Paz, contra el que le habían prevenido sus amigos izquierdistas de Montevideo pero que se convirtió en uno de sus grandes valedores en el destierro. “Él era México”, dijo ayer la premio FIL para cerrar un discurso improvisado a partir de un “borrador” escrito a mano. Lo sacó del bolso junto al volumen de su poesía reunida. “Un aplauso para el Fondo [de Cultura Económica]”, dijo para homenajear a la editorial que antes de convertirse en la casa que la empleó, se había convertido en algo decisivo para ella: “La base de la biblioteca que necesitábamos”.

“Gratitud” fue la palabra más repetida por una mujer que ayer recordó cómo su primer contacto mexicano fue una pareja de exiliados españoles acogidos tras la Guerra Civil. “Con ellos empezó una cadena de relaciones entre los que habíamos padecido una misma situación”, añadió la escritora en una intervención en la que los temas se mezclaban como en los versos de su poema Suma: “una monja y un acantilado, un canto y una máscara, la esperanza de alguien más el sueño de otro”.

Antes de comenzar a hablar en una ceremonia en la que se oyeron sintagmas como “marco inigualable”, “merecido galardón” o “selecto público”, la poeta recordó que ya en la entrega del Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana tuvo que pedir disculpas por saltarse el protocolo. También recordó la respuesta de la “reina madre” que da nombre al galardón: “Los protocolos están hechos para romperse”. Como dijo Aurelio Major durante la semblanza de Ida Vitale, la suya es “una inteligencia que se toma en serio la escritura pero no a la escritora”. Mucha gente en la feria, acaso para disgusto de sus ancestros italianos se come la e de su apellido y se refiere a ella como Ida Vital.

Puede que cuando se cierre la FIL dentro de nueve días no se hable más que de Andrés Manuel López Obrador —AMLO en los titulares de los periódicos—, pero ayer la reina de las fiestas fue Ida Vitale, poeta sigilosa e intelectual bienhumorada, latinoamericana de pies a cabeza. O de norte a sur. En su caso, tal vez, viceversa.

Portugal no es solo Pessoa

La ministra de Cultura de Portugal, Graça Fonseca, inauguró ayer la participación de su país como invitado de honor en la FIL recordando que la lectura acostumbra a viajar con billete de ida y vuelta.

Si Juan Rulfo, dijo Fonseca, es una influencia decisiva en las letras portuguesas de hoy, Fernando Pessoa fue clave para Octavio Paz, que tradujo pronto al creador de los heterónimos. También le dedicó un ensayo clave para la difusión de su obra en el ámbito de la lengua española y lo hizo en los años sesenta, mucho antes de que se convirtiera en un clásico, un cliché, la sombra que todo lo tapa: El desconocido de sí mismo.

Para demostrar que hay vida más allá de Pessoa, la expedición portuguesa ha desembarcado en la feria de Guadalajara con nombres señeros de la literatura europea como António Lobo Antunes, Nuno Júdice, Lídia Jorge, Dulce Maria Cardoso o Gonçalo Tavares.

Si el primero obtuvo el premio FIL cuando se abrió a todas las lenguas romances, el último dedicó uno de sus libros, Viaje a la India (Seix Barral), al país invitado de la feria de Guadalajara en 2019.




Fuente: El país

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