Cualquier aficionado al tenis ha vivido a lo largo de su vida un Momento Federer. Quizá no conozca la denominación ingeniosa de David Foster Wallace, pero basta con ver jugar un instante al suizo para descubrirlo. El fallecido novelista estadounidense lo definía como “una serie de ocasiones en que se te queda la boca abierta, se te abren los ojos como platos y empiezas a hacer ruidos que provocan que venga corriendo tu cónyuge de la otra habitación para ver si estás bien”.

Un estético golpe de revés definitorio. Una volea exquisita sólo al alcance de los elegidos. Cada gesto sutil suyo sobre la pista recluta de manera irremediable admiradores en cada rincón del planeta, rendidos a la belleza de su juego hipnótico.






El suizo llegó en Dubai al centenar de títulos individuales de su carrera

Cuando Foster Wallace escribió en el 2006 esta oda recogida en el libro El tenis como experiencia religiosa, Federer ya era una leyenda del deporte de la raqueta, pero todavía le quedaba mucho camino por recorrer. Contaba en su palmarés con 39 títulos. La semana pasada alcanzó los 100 en Dubái, cifra redonda sólo superada por otro mito como Jimmy Connors (109). Números esperables al tratarse del mejor de la historia, aunque no por ello el asombro es menor. Hay que tener en cuenta que el próximo 8 de agosto cumplirá 38 años.

Puede parecer injusto mezclar Federer con números y estadísticas. Es frío sacar la calculadora cuando hablamos de emociones, de un jugador que desprende talento y deleita al espectador con cada golpe. Lo mismo sucede con otros ilustres de la historia del deporte como Muhammad Ali, Michael Jordan o Leo Messi.


Al igual que pasa con Muhammad Ali, Michael Jordan o Leo Messi parece injusto mezclar sus nombres con números y estadísticas

Son casos especiales en los que cantidad y calidad convergen. Resultados cualitativos convertidos en récords habidos y por haber. 310 semanas en lo más alto del ranking ATP (237 de ellas seguidas), 20 títulos de Grand Slam y 6 Copas de Maestros son algunos ejemplos de su enorme dimensión. Del centenar de victorias cosechadas, 69 han sido en superficie dura, 18 en hierba, 11 en arcilla y dos sobre moqueta. Ello se ha traducido en 27 Masters 1.000, 22 de categoría 500 y 25 de 250.





Los lugares predilectos de Federer para triunfar han sido Basilea, su hogar, y Halle, considerado su jardín adyacente. Nueve entorchados en sendos torneos, más que en ningún otro. De los 19 países que le han visto alzar los brazos y sonreír tras llevarse el punto decisivo, Estados Unidos es donde más veces lo ha logrado, con 22. Otro dato significativo es que 25 de los 50 rivales que ha tenido al otro lado de la red en sus finales ganadas ya han colgado la raqueta. Federer se empeña en ser eterno con un estilo de juego fino, de otros tiempos, alejado del tenis físico que impera en el circuito.

Federer se toma un respiro durante un entrenamiento en Indian Wells
(Kevork Djansezian / AFP)

Mucha carrera por delante le queda a su última víctima, el prometedor Stefanos Tsitsipas. El griego tuvo un asiento privilegiado en la ciudad emiratí para presenciar la enésima clase magistral de Federer. Ni tan siquiera había nacido cuando debutó en el circuito en el año 1998.





Cinco de los cien títulos de Federer fueron ante un número uno; dos contra Novak Djokovic y tres frente a Rafael Nadal. Han sido los únicos capaces de hacerle sombra durante sus dos décadas en las pistas. Junto al español han regalado la rivalidad más emocionante y a la vez más amable que se recuerda. Pese a ser su bestia negra, es Nadal el oponente al que más veces ha superado en finales (10).


Cinco de los cien títulos de Federer fueron conseguidos contra Novak Djokovic (2) y Rafa Nadal (3)

La más especial para el helvético fue la del Open de Australia del 2017, su antepenúltimo triunfo en un Grand Slam. Sin apenas lesiones de gravedad a lo largo de su carrera, regresaba después de muchos meses fuera. Le sucedía lo mismo a Nadal. Pocos esperaban que la actuación de los dos colosos en Melbourne Park se traduciría en una final trepidante ganada por Federer en el quinto set.

La seguridad que transmite cuando agarra una raqueta no era la misma en aquel entonces. La operación de menisco a su edad ponía en riesgo su etapa final. Cuidarse durante tantos años ha sido esencial para prolongar durante tanto tiempo su nivel. “Lo más importante para cualquier atleta es comprender su propio cuerpo. Saber qué es dolor y qué es dolor de lesión, aquello que podría derivar en una lesión, y ser capaz de competir sobre ello muchas veces… Uno debe saber cuándo detenerse y darse un respiro”, dijo antes del inicio de Indian Wells.





El tenista suizo Roger Federer habla durante una rueda de prensa del torneo de Indian Wells
El tenista suizo Roger Federer habla durante una rueda de prensa del torneo de Indian Wells
(Larry W. Smith / EFE)

La gran virtud de Federer es hacer que todo parezca sencillo. Jugando relajado, sin presión, todo fluye. Para acceder al Olimpo del tenis tuvo que aprender a canalizar sus emociones. Es indispensable para triunfar, sobre todo en el mundo del tenis, uno de los deportes más solitarios y mentales. Aunque suene a chiste, de niño y adolescente tenía un carácter impulsivo, a veces incontrolable.

En el centro nacional suizo de Ecublens enderezó el rumbo y exprimió su potencial a pesar de las dificultades con las que tuvo que lidiar durante los primeros años allí. Gran parte de culpa de su transformación la tuvo Peter Carter, el entrenador que corrigió su carácter en la pista y cimentó las bases del tenista que es.


La virtud de Roger Federer es parecer que todo sea sencillo

En el año 2002 Carter perdió la vida en un accidente de coche, una tragedia que afectó mucho al tenista helvético. Justo había saboreado las mieles del éxito por primera vez un año antes en Milán, cuando derrotó a Julien Bouttier y levantó su primer título. En el 2003, con 21 años, ganó el primero de los ocho Wimbledon que lucen en sus vitrinas. Qué mejor regalo para Peter.





Desde aquel triunfo en Milán, Federer encadena 19 años cosechando trofeos. En 16 de sus 18 temporadas ha ganado mínimo cuatro. Será difícil superar a Connors, algo que no le quita el sueño. Tiene otras prioridades. “La perfección no existe. Cualquiera tiene sus defectos y yo los tengo. Pero si puedo hacer más popular el tenis o conseguir que los aficionados disfruten más del deporte a través de mí, ya es positivo”, expone con humildad.

Una antigua creencia afirma que los cisnes cantan una hermosa canción en el momento justo antes de morir. Este ave, bendecida en la antigüedad al dios Apolo, es símbolo de armonía y belleza, algo que en el mundo de la raqueta nadie evoca mejor que Federer. Por fortuna para el tenis, el último canto todavía deberá esperar.

Roger Federer, rodeado de periodistas en Indian Wells
Roger Federer, rodeado de periodistas en Indian Wells
(Larry W. Smith / EFE)









Fuente: LA Vanguardia

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